Ciudad de México, julio 12, 2020 21:24
Junio 2020

Vecinos en cuarentena/ Mi diálogo interno

Extraño el contacto físico con mis seres queridos, el salir a pasear, pero agradezco lo que me ha dado este periodo y valoro lo aprendido, lo reflexionado, las profundas conversaciones.

POR XIMENA GÓMEZ GONZÁLEZ DE COSÍO

Ya  nos dijeron que debemos preparar nuestras cosas para llevarnos a casa para hacer home-office. Yo preferiría seguir viniendo, me da miedo pensar cómo me voy a sentir al estar sola y enfrentarme a ese par de temas pendientes. Pero sé que así debe ser y evidentemente, no me quiero enfermar.

Es la primer semana, necesito hacer un horario estricto. Me levanto temprano y me pongo mis pants para ir al parque. Somos pocos los que estamos caminando o corriendo por el circuito, algunos con perros, eso me encanta. Yo sí voy con mi cubrebocas, no todos. Me llegan pensamientos: espero que mi hijo esté cuidándose, que mi mamá no tenga tentación de salir; es dificil no estar viviendo juntos. Rápido regreso a casa para bañarme, desayunar. Decido montar la oficina en el comedor, prendo la compu y ahora sí a trabajar.

Me conecto con mi equipo de trabajo, vemos pendientes, hago una lista para tener claridad de las actividades, de los proyectos y ver de impulsar nuevas ideas. Más tarde hay otras juntas con los colegas. Ya es hora comer, preparo rápido algo sano. Como, descanso un rato, bueno, eso es un decir porque aprovecho a recoger, limpiar, regar mis plantas. Por la tarde me apuro para avanzar mas temas del trabajo. Dan las 8 ya es hora de ver una serie.  

Ya pasaron dos semanas, ¡qué impresión!, me siento muy cansada. Ya no voy al parque, estoy haciendo yoga en casa. Creí que me iba a sentir bien estando muy ocupada. Los fines de semana han sido para hacer super, llevarle a mi mamá su mercado, intentar leer un poco, y avanzar algo en una de mis pasiones que es el hacer cosas creativas, en este momento un proyecto de telares. También he hablado mucho con mi hijo y he tenido zooms con amigos.  

¡Qué bien! logré cerrar ese ciclo que me estaba haciendo daño, me han servido estos días para darme cuenta que me estaba traicionando a mí misma. Vaya liberación, me siento tranquila. El otro tema… ha llegado el momento de enfrentarme a ocupar ese espacio que había permanecido por 9 meses intacto, tomo fuerzas, debo respirar, una pausa para entrarle desde la emoción. Ha sido triste, fuerte y muy emotivo pero definitivamente reconciliador, amoroso y sanador. Pude tener un diálogo con ella desde el corazón y ya este espacio lo compartimos; ella sigue presente a su manera.

Ya son ocho semanas, ahora respiro. Aún tengo mis horarios pero ya me permito tomar pausas, avanzo más con mis proyectos creativos.  Escucho el canto de los pájaros, el ladrido de los perros y a la niña del edificio de a lado jugar y cantar con su mamá. Extraño el contacto físico con mis seres queridos, el salir a pasear, pero agradezco lo que me ha dado este periodo y valoro lo aprendido, lo reflexionado, las profundas conversaciones.


Vecina de la colonia Del Valle Centro. Arquitecta, apasionada por la cultura en todas sus manifestaciones y vinculada a temas de comunicación e imagen.

 

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