Ciudad de México, noviembre 28, 2022 18:33
Francisco Ortiz Pardo Opinión

EN AMORES CON LA MORENA / Que regrese el silencio

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Un desatino desde el principio del gobierno de Claudia Sheinbaum fue eliminar las llamadas fotomultas a los automovilistas, que habían logrado notoriamente no solo la disminución de accidentes sino un extraño fenómeno de reducción del ruido provocado por los motores.

POR FRANCISCO ORTIZ PARDO

No es que haya pensado alguna vez que Claudia Sheinbaum Pardo tenga cualidades como gobernante. Desde el año 2003 en Libre en el Sur destacamos su falta de sensibilidad con los vecinos que se oponían al Distribuidor Vial de San Antonio y de hecho con ello comenzamos nuestra labor informativa comunitaria. Más tarde consignamos, ella como secretaria del Medio Ambiente del entonces jefe de Gobierno Andrés Manuel López Obrador, el derribo de más de 800 árboles para la construcción de la Línea 1 del Metrobús, en Insurgentes Sur. Aquella ocasión la propia Procuraduría Ambiental reconoció excesos por parte del gobierno, desde la forma inadecuada de hacer las talas hasta la innecesaria muerte de una parte de los ejemplares, que pudieron ser trasplantados. En un tris terminaron con un histórico túnel de fresnos (por lo demás supuestamente una especie protegida) de la avenida que cruza toda la ciudad de sur a norte.

Como delegada política en Tlalpan le cayó más tarde el estigma por no dar suficientes explicaciones y buscar la sanción de funcionarios de su gobierno en la negligencia criminal que provocó la muerte de 26 personas, entre ellas 19 niños, en el Colegio Enrique Rébsamen, allá por los rumbos de Coapa, durante el terremoto del 19 de septiembre del 2017. Ese hecho, que ha quedado impune en cuanto a la responsabilidad de servidores públicos que debieron supervisar que la escuela contara con los requerimientos de Protección Civil, y la condena en cambio de Juan Mario Velarde, director responsable de Obra, a 208 años de prisión, y de la directora y propietaria del colegio, Mónica García Villegas, a 31 años, me sigue estrujando el alma como una de aquellas cosas que eran completamente evitables. ¡Se trató de niños, carajo!

Por la inadmisibilidad de los contendientes, junto con Alejandra Barrales, del PRD, y Mikel Arriola, este último por ser el abanderado del PRI más que porque no haya hecho básicamente una buena labor al frente del IMSS, me llevó a anular la boleta de la elección a la Jefatura de Gobierno en el año 2018.

Lo que sí debo reconocer es que algunas acciones de Claudia, ya como Jefa de Gobierno, como ir a contrapelo de las autoridades sanitarias federales en el manejo de la pandemia, muy particularmente en cuanto a la promoción del  uso del cubrebocas, y la logística instrumentada al inicio de la vacunación, me sorprendieron durante la primera parte de su mandato, no así cuando tras la elección en la que Morena perdió nueve alcaldías capitalinas y ella se ha alineado completamente a los caprichos populistas del presidente Andrés Manuel López Obrador, al punto de pintar de guinda los nuevos autobuses del transporte público de pasajeros y hasta repetir sus mismas expresiones, mimetización que tiene como único fin alcanzar la bendición presidencial final para convertirse en la candidata a la Presidencia –la “corcholata” favorita– del partido oficial.

Un desatino desde siempre –aunque popular para hacerse de los votos hace cuatro años– fue el de eliminar las llamadas fotomultas a los automovilistas, que habían logrado notoriamente no solo la disminución de accidentes sino un extraño fenómeno de reducción del ruido provocado por los motores.. Tal vez nos acostumbramos demasiado rápido a la “vuelta a la nueva normalidad”, esa donde no se vive bien, y olvidamos aquel silencio hermoso que fue lo único bueno que trajo el confinamiento por la pandemia, que además nos permitió observarnos de otra manera y asomarnos a la posibilidad de un mundo diferente.

El evidente exceso de velocidad con el que los conductores de motocicletas y automóviles transitan por los ejes viales y vías primarias, han elevado los decibles a lo inhumano. Yo de plano ya procuro evitar caminar por Félix Cuevas cuando pretendo llegar a Insurgentes Sur o hacia los rumbos de Río Mixcoac, y prefiero dar la vuelta por las calles interiores, cruzar parques y encontrarme con las ardillas en los cables, aunque se trate de otra anormalidad.

Ahora aparecen consignados en Reforma los datos duros –y oficiales– que han resultado de la ocurrencia de eliminar las fotomultas y sustituidas por una vacilada llamada fotocívicas, que supuestamente se pagan con labor social que prácticamente nadie cumple. Con las fotomultas –que eran registradas por cámaras semiocultas en diferentes puntos viales de la ciudad, y el cumplimiento más estricto de un reglamento de tránsito— sucedió incluso que la gente se reeducó al punto de evitar tocar el claxon y aprendió a que la paciencia era una regla de urbanismo, pues no había lugar para el exceso de velocidad. Lástima, de veras, porque en muy pocas cosas esta ciudad avanza en cuanto a su calidad de vida.    

Según el segundo reporte trimestral publicado por la Secretaría de Movilidad, en el primer semestre del año hubo 9,267 personas lesionadas por hechos de tránsito. Eso significó un aumento de 72 por ciento en comparación con el mismo periodo del 2019 y de 20 por ciento en relación con 2021.  En 2022, 115 personas perdieron la vida por estos motivos, un aumento del 29 por ciento en comparación con el 2019 y de 26 por ciento respecto del 2021.

En la publicación firmada por el reportero Alejandro Léon, este mismo martes, Francisco de Anda, experto en movilidad, criticó que el gobierno de Sheinbaum no aprovechó el contexto de la pandemia para reducir el tráfico y buscar alternativas –sobre todo por las noches— para reducir las velocidades de los conductores.

Roberto Remes, el conocido Rey Peatón, quien durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera fue titular de la Autoridad del Espacio Público, planteó por su parte la necesidad de aplicar diversas medidas, entre ellas el regreso de las fotomultas. “Aunque tengan un programa integral de seguridad vial, pues sí hay un problema de que no hay una política pública”, asentó. “No hay capacidad de respuesta en todos los sentidos o cuando menos en estos tres factores que normalmente se busca regular: la infraestructura, las conductas y los vehículos”. Sí: que regresen las fotomultas. Y el silencio.

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