Ciudad de México, octubre 20, 2020 20:44

LETICIA CALDERÓN CHELIUS

Cuando algo nos altera o atemoriza, nuestra reacción natural es acelerar el paso y correr si es posible.  Andar en burro no sería la mejor opción si de lo que se trata es de huir de nuestros peores temores. De ahí viene esta expresión que nos cae como anillo al dedo para comentar lo moviditos que andan la mayoría de los gobiernos en turno por todo el país, ya sea repartiendo dádivas, entregando pendientes prometidos e inaugurando obras al por mayor.

Por todas partes oímos que ya uno repartió las tarjetas rosas que prometió en campaña, que otros mencionan los logros del gobierno federal no como propaganda electoral, -¿como se atreve usted a pensarlo?-, sino como reportes de transparencia a los que mandata la ley, dicen,  y así, síganle a la lista. Por nuestros rumbos las cosas no podían ser diferente porque parece que el manual del político moderno no tiene sesgo partidista  y se puede usar  no importa el espectro ideológico de las siglas de cada mandatario

Así las cosas por la BeniJuárez estamos de plácemes y lejos de sufrir estos últimos meses del gobierno en turno, son días de enorme alegría pues parece que a nuestros gobernantes les invade una prisa loca, una velocidad inusitada para avanzar en obras que estaban ahí, a la espera de una decisión pospuesta o un milagro celestial, o, -no sea mal pensado-, a lo mejor es eso que llamamos “el miedo no anda en burro”, y que eso explica que no falta el día en que estén limpiando una plaza, se vean ejércitos de jardineros en parques y jardines o se convoque a reuniones vecinales para resolver asuntos que en varios años no han podido darse por concluidos, como por ejemplo, acabar de una vez por todas con esas esquinas rebosantes de bolsas de basura que cada noche vecinos mala onda dejan y que nadie, desde las administraciones del primero, segundo y hasta el quinto panista que ha pasado por estas colonias no han podido resolver ni aunque se le pongan virgencitas a las esquinas.

Les aseguro que en estos meses entre el fin de gobierno y la elecciones del nuevo, veremos milagros que nos van a hacer recuperar la fe en la humanidad. A lo mejor nos toca ver que se arreglan las fuentes descompuestas –recién remodeladas- y se incrementa la repartición de luminarias y alarmas vecinales que, de repente, se volvieron a anunciar por todo el rumbo como un derecho de los vecinos para nuestra propia seguridad.

También nos enteraremos que se inauguran  sistemas alternativos de movilidad urbana y se dan pasos gigantes en ofertas que se hicieron hace años, pero “las condiciones no permitieron llevar a cabo dichas obras” nos dirán, aunque hasta el momento no se sabe que “condiciones” impidieron hacer lo básico en una Delegación que como la BeniJuárez, la de la menor pobreza de toda la Ciudad de México, podría haber resuelto sin mayor problema dado el presupuesto millonario del que goza.

La Ciencia Política estudia mucho el periodo pre-electoral en todas partes porque es el preámbulo a la alternancia del poder que es la base de la democracia. La alternancia es esa posibilidad siempre presente en un régimen democrático de que unos pierdan el poder y que otros lo alcancen. Esa sola posibilidad, por lo menos teóricamente, permite que los actores políticos pongan lo mejor de si, ofrezcan prebendas y coopten el voto, para tratar de mantener u obtener el triunfo electoral. Obviamente a estas alturas los ciudadanos la teoría nos la pasamos por el arco del triunfo y por eso está difícil que nos doremos a la primera.

Por eso, aunque vemos tan moviditos a todos los políticos por el país, obsesionados de colorear con los colores que se asocien al partido gobernante,  como le hacen los del Partido Verde en Chiapas, o los colores patrios asociados al PRI, o en nuestro rumbo, la versión BeJotas que nos inundan con un estilo bicolor como sello de identidad partidista que pretende, según los sesudos expertos asesoran, transmitirnos un mensaje subliminal medio obvio pero al fin y al cabo, tampoco tan exitoso dado que el proyecto ha recibido innumerables criticas de la ciudadanía local.

Mi propuesta es que no nos quejemos y mejor celebremos todo lo que se pueda inaugurar, aplaudamos si es necesario para que nos mantengan limpios los espacios públicos y sobre todo, entendamos que es la autoridad a la que le toca hacer las cosas y a la ciudadanía vigilarlo, venga quien venga y se vaya quien se retire a su casa a descansar.

Eso sí, si alguien en la inocencia extrema no se da cuenta que estos actos de fin de periodo gubernamental son parte de la estrategia política más básica, solo díganles que mantener sucio, inseguro y decadente el rumbo y solo venir a barrer y preocuparse por la delegación cuando el periodo de gobierno esta concluyendo es “insolting y onaceptable”, y eso ya no vamos a aceptarlo por aquí.

@letichelius

 

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