Ciudad de México, octubre 20, 2020 12:08
Alcaldía Benito Juárez Ciudad de México Libre en el Sur

¡Asómbrate! Fue en Mixcoac el inicio de la Candela con tamalada; todavía reúne a 11 pueblos originarios

Obliga la tradición que cada 2 de febrero a quienes tocó muñequito en la Rosca de Reyes anterior conviden tamales y atole a familiares y amigos. En Benito Juárez la Fiesta de la Candelaria, que ahí se inició, tiene una significación muy especial y reúne a sus 11 pueblos originarios.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

Antiguamente, la tradición decía que la imagen del niño encontrado en la Rosca de Reyes  también se llevaba a casa del afortunado padrino, se vestía y se llevaba al templo el Día de la Candelaria en una cunita.

Esa costumbre hoy se ha perdido. Sin embargo, persiste la obligación de los afortunados poseedores del muñeco, que originalmente eran considerados los “padrinos” del Niño Jesús de invitar tamales y atoles el 2 de febrero siguiente, Día de la Candelaria.

Una foto de la festividad que reúne a los pueblos originarios de BJ. Foto: Especial

Sobre el origen del nombre de esta celebración, el padre Joel Sánchez, encargado de la parroquia de la Purificación de Nuestra Señora de la Candelaria, explicó a sus fieles que cuando José y María llevaron a su hijo al templo, encontraron al anciano Simeón, quien les dijo que Jesús había sido destinado a ser la Luz del mundo.

Por ello,  la gente tomó la costumbre de llevar a la iglesia sus imágenes acompañadas con candelas (velas) como símbolo de la Luz, dando origen así al Día de la Candelaria. “La llegada de Cristo al mundo fue un parteaguas en la historia de la humanidad, tanto que el tiempo se divide en antes y después de Él”, explicó el padre Joel según la crónica del semanario Desde la Fe.

En la Nueva España, el inicio de esta celebración de esta festividad se atribuye a los misioneros franciscanos que se instaron en el pueblo de Mixcoac y que a finales del siglo 16 la establecieron, como una forma de catequesis sobre el nacimiento de Jesús entre los habitantes indígenas de la región.

Es por ello que cada año se lleva a cabo en la parroquia de la Purificación de Nuestra Señora de la Candelaria una procesión de pueblos originarios, una misa y una convivencia fraterna en la que no faltaron los tradicionales tamales, había de dulce, de chile y de manteca, así como la bendición del Niño Dios.

Jubilosos, los feligreses de esta parroquia conmemoraron así la presentación del Niño Dios en el templo de Jerusalén cuarenta días después de su nacimiento, que en México se representa con una de las tradiciones más extendidas: vestir una imagen del Niño y llevarla a bendecir.

Según relata don Vladimir Alcántara Flores, la celebración tiene un tinte especial, ya que representantes de 11 pueblos originarios de la Alcaldía de Benito Juárez se unen año con año para acudir en procesión a esta fiesta patronal y recorren las principales calles del viejo barrio.

Se trata de personas originarias de los pueblos de Mixcoac, Santa María Nonoalco, Actipan, San Juan Malinaltongo, Tlacoquemecatl, San Lorenzo, Santa Cruz Atoyac, Xoco, Santa María Tepetlalzingo, Zacahuitzco y San Simón Ticumac, que portan los estandartes de su lugar de origen. El recorrido dura unas tres horas.

La elaboración de los tamales, por otro lado, tiene su propia historia. Este alimento es de origen y nombre prehispánicos (tamalli en náhuatl, que significa “envuelto”), como lo denotan la masa de maíz,  la salsa de chile y el uso de la hoja de elote usada para envolverlo, pero con el mestizaje ocurrido a raíz de la llegada de los españoles, se enriqueció con el uso de la manteca, el cerdo y otros ingredientes. Antes de eso se utilizaban verduras, ajolotes, charales y la  carne de guajolote y de aves acuáticas como el chichicuilote.

 

DE CHILE Y MANTECA

 Hoy día hay una variedad infinita de tamales, en las diferentes regiones de México. Una receta sencilla pero muy auténtica para 30 piezas es la siguiente. Primero los ingredientes: Un litro de agua, dos dientes de ajo, 1/2 cebolla, sal la necesaria, 750 gramos de carne maciza de cerdo o pollo, 100 gramos de chile ancho, 1/4 kilo de jitomate, tres cucharadas de aceite, 1/2 kilo de manteca de cerdo, un kilo de masa de maíz, 1/4 de taza de caldo y dos rollos de hojas de maíz o totomoxtles.

Y la preparación: Se pone a hervir el agua con el ajo, la cebolla y la sal. Se agrega la carne en trozos y se cuece a fuego lento durante hora y media. Se deja enfriar y se deshebra la carne. El pollo lleva menos tiempo de cocción.

El chile ancho se desvena y se pone a hervir junto con el jitomate por 20 minutos, cuando están cocidos se muelen y guisan en dos cucharadas de aceite. Se bate la manteca con una pala de madera hasta que esponje al doble de su tamaño. La masa se afloja un poco con 1/4 de taza del caldo donde se coció la carne.

Se le agrega la manteca y la sal, y se sigue batiendo hasta que flote una bolita de masa en un vaso con agua. Se ponen dos cucharadas de masa en el centro de una hoja de maíz. Con el dorso de la cuchara se extiende hasta las orillas de la hoja. Se pone 1 cucharada de salsa con carne.

Se cierra la hoja doblando las orillas al centro y la punta hacia abajo. Finalmente se acomodan los tamales en la vaporera paraditos con una cama de hojas al fondo y otra encima. Se tapa la vaporera y se cuecen durante una hora o hasta que se puedan desprender fácilmente la hoja de la masa. Y ¡provecho!

 

 

 

 

 

 

 

 

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