Ciudad de México, octubre 22, 2020 01:40
Argel González Opinión

ASTROLABIO/Rosario Castellanos y Nahui, en la CdMx

POR ARGEL GONZÁLEZ

 Los adioses

Hoy quiero comenzar Astrolabio hablando de una película mexicana que permanece en cartelera. Se trata de un filme que se ha hecho merecedor de varios premios en el país y en el extranjero y que si usted, querido lector, no ha tenido la oportunidad de ver, está a tiempo de hacerlo porque aún se encuentra en cartelera. Quiero señalar que se trata de una inteligente apuesta que no se inscribe en la línea de ese cine “dominguero” que  actualmente se hace desde Estados Unidos por figuras nacionales emergidas del mundo de la televisión comercial y el entretenimiento y que hoy día se jactan de “rescatar” a la industria cinematográfica nacional.  No. Se trata de la apuesta de Natalia Beristáin, una joven directora egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC), a quien el día de ayer tuve el gusto de escuchar al finalizar la proyección de Los adioses, en La casa del Cine.

La cineasta respondió las preguntas de los asistentes a la función y señaló que el intercambio epistolar que sostuvo la escritora Rosario Castellanos con el filósofo Ricardo Guerra, fue el vehículo que encontró para abordar un tema que traía en mente: las relaciones de pareja, los claroscuros que hay en las formas de relacionarnos el uno con el otro.

 

La película es protagonizada por la estupenda actriz Karina Gidi y el grandísimo Daniel Giménez Cacho, referentes importantes del nuevo cine mexicano. Actúan también dos rostros noveles y talentosos Tessa Ía y Pedro Tavira (ambos como la pareja cuando es joven). Si bien, mi acercamiento con la gran Rosario había sido a través de la literatura, la posibilidad de conocer un aspecto de su vida personal vino a engrandecer mi admiración por ella, porque en la pantalla vemos a una mujer que lucha todo el tiempo contra el estatus quo. La autora de esa joya literaria que es Ciudad Real, quiere ser libre, amar y ser amada, pero no puede olvidar que vive en una sociedad de mediados del siglo XX profundamente conservadora, hipócrita, de doble moral, donde las mujeres eran subyugadas y se les remitía al espacio doméstico para jugar el papel de madres y esposas, de cuidadoras. De ellas el imaginario popular solía decir —y me temo que aun en la actualidad muchas personas siguen repitiendo frase tan discriminadora—: “Detrás de un hombre, hay una gran mujer”. Y Rosario Castellanos en su interior y de manera pública vivía ese conflicto porque se rebelaba y se negaba a ser lo que los demás querían, sólo que a veces, el peso de la tradición era insoportable. Pero su palabra, su voz, nunca calló y su espíritu de lucha tampoco flaqueó.

Para ser sincera acudí a la función sin leer las reseñas de la película, porque si bien estas nos sirven para conocer algún punto de vista de la obra musical, teatral o cinematográfica a la que se piensa acudir, a veces nos “casamos” con lo que dice nuestro crítico favorito y nos sentamos en la butaca con el prejuicio al lado.

La tarde de ayer, aprecié el filme y luego escuché lo que el público y la directora tenían por decir y si algo me quedó claro es que este país está cambiando y que hoy nos atrevemos a cuestionar temas y situaciones que en otro momento parecían intocables. Por eso me parece muy interesante la apuesta de Beristáin, de meterse hasta la cocina en la vida de la fantástica escritora y desmitificarla, desmenuzar su vida en pedazos para mostrarla tan humana y falible como cualquier ser humano, sin dejar de lado su grandilocuencia literaria. Natalia nos muestra a una Rosario que de manera irremediable se cuestiona no sólo a sí misma sino al tiempo que le ha tocado vivir y eso es lo que enamora de la estupenda poetisa y narradora: la enorme inteligencia  de la que fue dotada y su capacidad de dudar y cuestionar, transgrediendo a través de la palabra como su única arma para ello.

Creo que más allá del retrato de la vida en pareja, vemos a dos intelectuales del medio siglo en nuestro país intentando sobrellevar sus propios demonios. Mi única objeción a la película, aun entendiendo que ése no era el propósito, es que la grandeza de la obra filosófica del Dr. Ricardo Guerra Tejada queda desdibujada, porque no es cosa menor ser discípulo de pensadores de la talla de Samuel Ramos, José Gaos y Eduardo Nicol. Ricardo Guerra no era un profesor más de la facultad de Filosofía y Letras, era un insigne académico al que la vida colocó frente a Rosario Castellanos para escribir una historia juntos, independientemente de que en la película logre revolvernos el estómago con sus infidelidades y ausencias.

Por cierto, le recomiendo a usted estar al pendiente de las interesantes propuestas cinematográficas que nos hace la Casa del Cine, ubicada en República de Uruguay 52, en el Centro Histórico.

 

La mirada infinita

La segunda opción que quiero ofrecerle, también en el centro de la ciudad, es la exposición  Nahui Olin, la mirada infinita, que está a punto de concluir el domingo 9 de septiembre. Se trata de una muestra que se exhibe en el Museo Nacional de Arte y que nos devela la prolífica existencia de una mujer sui generis: Carmen Mondragón-Nahui Olin.

Artista plástica, escritora, modelo y pieza clave de la vida intelectual del agitado inicio del siglo XX mexicano, la enigmática mujer ha sido tratada por las plumas literarias, periodísticas e historiográficas como “la amante del pintor Gerardo Murillo”, “la modelo de Diego Rivera” o “la loca de los gatos”. Pero no, por ella habla su propia obra. Para esta exhibición han sido reunidos caricaturas, pinturas, impresos y fotografías, más de 250 piezas que en conjunto nos acercan al universo creativo de esta mujer que brilló con luz propia en un mundo hecho por hombres y en el que ella se atrevió a romper los esquemas tradicionales atribuidos a las mujeres en cuanto a la sumisión y obediencia. Nahui se rebeló en todas las formas posibles y su manera de decir y hacer fue a través del arte.

Como ha dicho Tomás Zurián, curador de la exposición: ‘‘Nahui Olin vino a este mundo para perturbar conciencias anacrónicas y dinamitar viejos paradigmas, con su expansivo espíritu libertario contribuyó a la reafirmación de la imagen de la mujer nueva, una mujer para el presente y para el porvenir, plena de la libertad en los destinos de su cuerpo y de su incontenible ascenso en los procesos culturales de México”.

La primera parte de la muestra nos acerca a los primeros trabajos gráficos de Carmen Mondragón en la década de 1920. Ahí podemos contemplar su incursión en un género que por alguna razón no es común que aborden las mujeres: la caricatura. Las piezas expuestas son de una gran calidad estilística, lo mismo que los trabajos que realizó en Europa, cuando salía a dibujar y a pintar con otros estudiantes de arte. En otro apartado la vemos al centro de las imágenes como figura principal de las instantáneas tomadas por fotógrafos como Antonio Garduño o Edward Weston: ella misma, inmortalizada por la lente, para que casi un siglo después descubramos más allá de su extraordinaria belleza a una mujer inquieta, pensante y creativa, una artista en toda la extensión de la palabra.

 

De dioses y libros

A partir de esta entrega, me permitiré sugerir a usted algún libro que pueda generar su interés. Desde luego, este espacio se ha abierto para recibir sus sugerencias y lograr que cada vez seamos más lectores sin importar el formato: impreso o digital. Hoy comenzaré con un libro estupendo, de rápida lectura, publicado en 1952 por el Fondo de Cultura Económica. Se trata de El Diosero, de Francisco Rojas González. Todo aquel que quiera conocer el México profundo, ése que está más allá de nuestros ojos, tiene que leer estos magníficos cuentos. Editado en la colección Letras Mexicanas, el libro nos habla de cómo piensan, sienten y viven los pueblos indígenas. Sin perder de vista que el autor era etnólogo, las historias que encontramos rebasan las anotaciones hechas en la bitácora que todo antropólogo lleva cuando está en trabajo de campo. Francisco Rojas recupera el lenguaje de los otomíes, lo zoques, los lacandones, los coras y nos instala en atmósferas que huelen a copal y a leña, pero también a pobreza, al abuso ancestral y despojo cometido en contra de las etnias indígenas. La lectura de este libro es muy ágil de ahí que si se quiere continuar por esta línea,  es fundamental leer Ciudad Real, una delicia de libro escrito por Rosario Castellanos. Si eso no bastara para leer esta primera semana de septiembre hay que ir a las páginas de Juan Pérez Jolote, biografía de un tzotzil, de Ricardo Pozas Arciniega que es el relato de un indio chamula narrada en primera persona por la pluma del importante antropólogo. Son de esas joyitas de nuestra literatura a las que hay que volver una y otra vez para preguntarnos ¿Qué es ser mexicano?

Y si de libros hablamos, para terminar no puedo dejar pasar la XXXVII Feria del Libro del Instituto Politécnico Nacional, la #FILIPN, que se realiza año con año y que en esta edición tiene como país invitado a Corea del Sur. Estará abierta hasta el 9 de septiembre en el Centro Cultural “Jaime Torres Bodet”, Unidad Zacatenco, en donde se reúnen más de 750 casas editoriales para ofrecerle a usted una enorme lista de títulos.  Además, hay conferencias, talleres, presentaciones de libros y revistas, proyección de películas y conciertos. No se lo pierda. Para mayor información puede consultar http://www.publicaciones.ipn.mx/Paginas/FIL2018PActividades.aspx

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