La controvertida Argentina remonta, respira y es rival de España en la final del Mundial
Messi. Foto: Especial
Tras vencer a Inglaterra con una dramática remontada agónica, la Albiceleste se cita con la historia ante una selección española que llega al duelo definitivo como la defensa más infranqueable del torneo.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
El camino de Argentina hacia la final de esta Copa del Mundo no conoce otro ritmo que el del abismo. Una vez más, la selección que ha vivido bajo la sombra de la controversia y el escrutinio permanente, se sacudió los fantasmas en el último aliento. Tras una remontada que roza lo cinematográfico, el equipo de Scaloni respira, se reinicia y confirma su cita con el destino: el próximo domingo se medirá ante el poderío de una España que ha llegado a la antesala de la gloria con una solvencia aterradora, habiendo permitido apenas un solo gol en todo el certamen.
El partido de semifinales ante Inglaterra fue un reflejo de lo que ha sido el ciclo argentino en este Mundial: un equipo que parece sentirse más cómodo en la cornisa que en la calma. La tensión se palpó desde el pitido inicial, con una Inglaterra que planteó un duelo físico y táctico que por momentos maniató los circuitos creativos de la albiceleste. El golpe llegó al minuto 55′, cuando Anthony Gordon aprovechó un desajuste defensivo para poner el 0-1 que silenciaba a la gran mayoría de la grada en Atlanta.
Parecía el fin del camino, pero Argentina, en su versión más controvertida y resiliente, encontró el aire en los pulmones que parecía agotado. La reacción fue una descarga eléctrica comandada por Lionel Messi, quien, al minuto 85, filtró un servicio milimétrico que encontró a Enzo Fernández; el mediocampista definió con frialdad para igualar los cartones. Cuando el tiempo de compensación dictaba sentencia y el alargue parecía inevitable, en el 90+2, una combinación colectiva permitió que Lautaro Martínez rematara a puerta vacía tras una nueva asistencia de Messi, desatando la locura y sellando el 2-1 definitivo que los pone en la final.
Ahora, el reto es de una dimensión distinta. España se presenta como un monolito, una estructura diseñada por Luis de la Fuente que ha hecho del orden su mejor arma. Mientras Argentina ha tenido que sudar cada centímetro para mantenerse en la competencia, los españoles han transitado el torneo con la precisión de un metrónomo, eliminando a Francia en semifinales con un contundente 2-0 —goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Porro— y erigiendo una defensa casi impenetrable que ha dejado a sus rivales frustrados y a los expertos buscando fisuras donde, hasta ahora, solo hay hormigón.
El domingo, el MetLife Stadium será el escenario de un choque de cosmovisiones: la Argentina que se nutre del caos frente a la España que vive de la disciplina. Para los de Messi, será la prueba definitiva para demostrar si su espíritu de remontada es suficiente para derribar a la defensa más sólida del planeta. Tras el suspiro de alivio en las semifinales, el equipo argentino llega al partido final con la moral alta, consciente de que, ante la perfección española, ya no hay más margen para el error, ni espacio para nuevas controversias.
















