Ciudad de México, septiembre 19, 2021 01:00
Arantxa Colchero Opinión

De ‘una copita’ a la adicción

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En México, el consumo excesivo de alcohol en el último mes es de 19.3%. En general, en nuestro país el consumo se concentra en pocos días, pero en cantidades elevadas y la bebida más consumida es la cerveza, por mucho.

POR ARANTXA COLCHERO

El consumo de alcohol está normalizado y aceptado en la sociedad. Está presente en fiestas, reuniones, comidas fuera o dentro de casa, en bares, hasta se ofrece cuando llega un invitado a casa. Y claro, ¿a quién no le gusta tomarse una copita para compartir con amigos o en pareja un día de la semana? Para algunas personas incluso, tomar una copita después del trabajo les ayuda a relajarse. Y justo porque está normalizado, se desconocen o se niegan las consecuencias de su consumo, sobre todo el consumo excesivo y prolongado.

El consumo prolongado de alcohol se asocia con enfermedades crónicas como cirrosis, algunos cánceres, hipertensión, entre otros. Por su lado, el consumo excesivo de alcohol, que se define como beber al menos cuatro copas de alcohol para mujeres o cinco para hombres en una sola ocasión, está asociado a la ocurrencia de actos de violencia, accidentes de tráfico e intoxicación.

¿En qué momento el consumo de alcohol se empieza a convertir en una adicción y un riesgo para la salud? Cuando el consumir alcohol produce ansiedad, dificultad para hacer actividades de la vida cotidiana y la persona pierde el control. Otra característica de la adicción es la tolerancia: cuando se bebe con frecuencia el cuerpo se acostumbra y genera la necesidad de beber cada vez mayores cantidades de alcohol. La dependencia al alcohol, que se asocia con síndrome de abstinencia cuando no se consume, es otra muestra de adicción.

La solución al alcoholismo es dejar de beber por completo. Pero, como cualquier comportamiento adictivo, no es fácil lograrlo. El alcoholismo produce un gran malestar emocional que es insuficiente para dejarlo dadas las características adictivas del alcohol.

Una opción interesante para conseguirlo es “alcohólicos anónimos”. Un espacio dirigido por ex bebedores, en el que se comparten experiencias comunes y propias, un lugar de escucha con empatía. No se juzga a quién no lo logra, pero sí se reconocen y felicitan los éxitos. Es un esfuerzo de cada día.

En México, el consumo excesivo de alcohol en el último mes es de 19.3%. El patrón de consumo es distinto a otros países en los que existe el hábito de tomar una copa al día con alimentos. En general, en nuestro país el consumo se concentra en pocos días, pero en cantidades elevadas y la bebida más consumida es la cerveza, por mucho.

Aunque se han implementado algunas medidas para desincentivar su consumo como impuestos (que existen desde los años ochenta), regulaciones para restringir horarios de venta, prohibición a menores de edad, y estrategias para reducir el riesgo de accidentes como el alcoholímetro, aún falta mucho por hacer.

Se podrían desarrollar políticas para limitar la cantidad de establecimientos que venden alcohol, dado que se ha mostrado que mayor densidad de estos lugares se asocia con mayor consumo de alcohol. También sería interesante agregar un etiquetado frontal similar a los que tienen los alimentos y bebidas para ayudar a la población a tomar mejores decisiones al comprarlo. Y claro, aumentar los impuestos no vendría mal.

Así que se vale disfrutar una copa, pero siempre cuidar que no se pierda el control y se vuelva una adicción que es muy difícil de vencer.

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