Ciudad de México, mayo 13, 2021 03:49
Opinión Rebeca Castro Villalobos

Denuncias

Más de algún querido conocido, un fanático religioso, un comunicador, un reconocido galeno, qué sé…. Los hay y muchos. A todos ellos, mi más enérgica denuncia. Sé que vale para nada, pero por lo menos es un desahogo para mi perturbada mente.

POR REBECA CASTRO VILLALOBOS

En esta ocasión, quiero denunciar, y no es porque sea un tema de moda. En este año de pandemia he sufrido acoso mental.

De ello pueden dar prueba los “parásitos”, que revoloten en mi cabeza, “mis tatuajes”, mis pánicos al salir, ya sea simplemente a caminar y conducir para cualquier engorroso trámite o simplemente a mis terapias, todas ellas presenciales. Mi falta de un sueño tranquilo y placentero, y mi desconcentrante baja de peso en los últimos días.

Y si estoy de quejumbrosa, qué hay de mi nula vida social. No solo con queridas amistades, creo a la mayoría no las veo desde el inicio de esta epidemia, muy a pesar de que esta entidad se ha marcado, dos veces, en semáforo amarillo, y todas han podido llevar una vida placenteramente envidiosa.

También y más valor tiene mi numerosa familia, que por diferentes circunstancias se han mantenido alejados. Aquí lo único que aprecio de mi conducta, a pesar de los “acosadores” no abandono a mi madre y siempre busco la manera de que no resienta más esta soledad a la que su viudez y la pandemia nos confina.

Yo, sin descendencia, y como cotidianamente dicen “sin perro que me ladre” (porque los que tengo son de peluche y el día que alguno de ellos emita algún sonido, exceptúando a mi afelpado muñeco, Enrique de Plaza Sésamo, “pondría el grito en el cielo”).

¿Y la religión?, si acaso dos o tres veces, en mi estancia en la ciudad de México acudí a misa y recibi la eucaristía, por lo demás todo ha sido virtual. Aquí abordo el tema con más delicadeza. Hay quienes piensan que “no son válidas las misas por Internet y mucho menos la eucarstía espirítual”. Otro escabroso asunto el de las vacunas. ,”Son el maligno (diablo); “son hechas con residuos humanos”.

Y los que te recomiendan tomar dosis de algun medicamento que refuerza el sistema inmunológio, a efecto de que estés fuerte y sana, por si las dudas te contagias. Claro, el costo nada que ver para alguien que está en vías de pensionarse.

Sí, así es, hoy quiero denunciar a esas personas que te inculcan más miedo, a las que en esta maldita pandemia en lugar de confortarte un poco, ya que estoy parafraseando, “te pone, los pelos de punta”.

A esas personas que no saben el daño emocional que te causan, y lo hacen; te intmidan, te juzgan prejuician, si a su criterio no estás actúando, comiendo o bebiendo como se debe, o en otros tomando las medidas sanitarias necesarias, sin ni siquiera confirmarlo.

Más denuncio a esas personas, que en la primera oportunidad se van de “fin de semana”, de “puente” o nadamás para salir de la rutina. Y Te dejan a ti, miedosos, temoroso. Pero ellos, ellos son felices. Y los otros, a los perjudicados, ¿qué?. No se vale, insisto, hay que ser coherentes con lo que decimos y hacemos.

Denuncio a esas personas que no te dejaron pasar una Navidad con tu madre y dos hermanas que viven en el mismo predio, con las debidas distancias; aquellas que no te permitieron estar en Año Nuevo con tu familia. Lo que es peor las que cree que lo que piensan es la verdad absoluta, y no preguntan.

Denuncio a los que contrariamente, dicen que cuidan; pero a la primera toman camino y se van. A esas que te alejan de toda vida social, con el argumento de la pandemia; pero que son los primeros que salen a convivir, a según, con las medidas establecidas.

Más de algún querido conocido, un fanático religioso, un comunicador, un reconocido galeno, qué sé…. Los hay y muchos. A todos ellos, mi más enérgica denuncia. Se que vale para nada, pero por lo menos es un desahogo para mi perturbada mente.

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