Ciudad de México, junio 24, 2024 06:09
Revista Digital Junio 2023

Del DF de 2003 a la CDMX

“Apenas comenzaban a edificarse ese tipo de vialidades que, con los años, se volverían un indicador de crecimiento urbano, desarrollo económico y capacidad de gestión”.

POR IVONNE MELGAR

Vivíamos en la primera alternancia federal. Apenas tres años atrás Vicente Fox había sacado al PRI de Los Pinos. Pero, justamente ese 2003, las urnas nos dieron la gran lección, una pauta democrática que continuaría marcando nuestras vidas chilangas y mexicanas en estos últimos 20 años: los votos que ahí se depositan nunca son un cheque en blanco.

Éramos, todavía, habitantes del Distrito Federal, la sede de los poderes de la Unión, el corazón político de la República. Y aún faltaba mucho trecho por andar para la reforma constitucional que convirtió a la llamada Asamblea Legislativa del DF en el actual Congreso de la Ciudad de México.

Porque esa aspiración esbozada desde principios del milenio alcanzó carta de iniciativa viable hasta diciembre de 2015, en el gobierno local de Miguel Mancera, cuando representantes de diversas fuerzas partidistas integraron la Asamblea Constituyente de la Ciudad para construir nuestra propia Constitución, dando paso al nuevo nombre: las siglas que hoy nos distinguen con CDMX.

Pero dos décadas atrás, siendo DF, apenas se estaban levantando los cimientos del Distribuidor Vial de San Antonio, mejor conocido como Segundo Piso, una obra que se inauguró en 2005, casi al cierre de la jefatura de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, antes de lanzarse a su primera campaña por la Presidencia de la República.

En el país apenas comenzaban a edificarse ese tipo de vialidades que, con los años, se volverían un indicador de crecimiento urbano, desarrollo económico y capacidad de gestión.

Y para quienes ahora chotean con sentimientos encontrados la prédica de “no podía saberse”, vale recordar que uno de los instrumentos que la primera alternancia logró construir en aquel Congreso Federal del 2000 al 2003, donde la oposición del PRI y el PRD ejercían un sano y necesario contrapeso, fue la reforma al Sexto Constitucional para establecer el derecho al acceso de la información pública.

Sin negar las desigualdades urbanas y los contrastes sociales, es un hecho que la gran metrópoli experimentó en las últimas dos décadas un empuje inmobiliario en archipiélagos que parecieran reproducir trazos neoyorquinos en zonas diversas como la dorada de Santa Fe.

De manera que hace 20 años apenas estábamos estrenando el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) -antecesor del INAI ahora en riesgo-, un compromiso que Fox había hecho en campaña ante la demanda de activistas, intelectuales, académicos, en su mayoría de izquierda, para avanzar en la democratización y romper la acendrada tradición presidencialista de un ejercicio opaco del máximo poder que todo lo oculta y calla porque considera que todo lo puede.

Y sucedió que, en medio de ese furor por el estreno de un derecho que distingue a las sociedades con auténtica división de poderes, instituciones robustas y ciudadanía activa, el entonces jefe de gobierno capitalino resolvió, en julio de 2004, mediante un acuerdo, clasificar la información relacionada con los Segundos Pisos como pública, reservada y confidencial por una década.

Pero en realidad nunca se supo cuánto costó ese Periférico elevado de 12 kilómetros, obra que López Obrador encargó a la titular de la secretaría capitalina de Medio Ambiente, Claudia Sheinbaum, su colaboradora de confianza, la consentida de ayer y de siempre, dato que debemos subrayar a quienes, ilusos ante otra posibilidad, dentro de unos meses, cuando ella resulte ungida como candidata presidencial de Morena, dirán una vez más que “no podía saberse”.

Sí, hay tendencias, directrices, estilos, afectos y singularidades que se mantienen con el tiempo, incluso en una Ciudad que en dos décadas cambió su siempre colorida y plural fisonomía en una urbe donde abundan las y los ciclistas, corredores, y amantes de los perros y los gatos.

Y para quienes ahora chotean con sentimientos encontrados la prédica de “no podía saberse”, vale recordar que uno de los instrumentos que la primera alternancia logró construir en aquel Congreso Federal del 2000 al 2003, donde la oposición del PRI y el PRD ejercían un sano y necesario contrapeso.

Porque cuando Libre en el Sur, este querido proyecto periodístico, emprendió el registro de la cotidianeidad capitalina, las mascotas vivían en el patio y les estaba prohibido subirse a los sillones. Hoy muchas duermen con sus amorosos y entregados dueños; la bici era un pasatiempo y no un medio de transporte como ahora; y correr era una extravagancia.

Actualmente las carreras dominicales, el Medio Maratón y el Maratón Internacional de la Ciudad de México son acontecimientos que involucran a miles  de capitalinos de todas las edades y condiciones, en compañía de amigos y familiares que se desbordan ante el entusiasmo del esfuerzo.

Simultáneamente nuestra movilidad colectiva incorporó el Metrobús que cruza y mapea diversos puntos de la Ciudad y que fue fundado en 2005. En contraste, nuestro deteriorado Sistema Colectivo Metro, ampliado en este tramo de tiempo tan sólo con la Línea 12, más conocido por las dudas sobre sus supuestas fallas de origen, la falta de mantenimiento  y la tragedia del 3 de mayo de 2021.

Sin negar las desigualdades urbanas y los contrastes sociales, es un hecho que la gran metrópoli experimentó en las últimas dos décadas un empuje inmobiliario en archipiélagos que parecieran reproducir trazos neoyorquinos en zonas diversas como la dorada de Santa Fe, ese distrito de negocios que se levantó durante la gestión de Marcelo Ebrard.

Otros bienes intangibles tomaron vuelo durante la administración del canciller y aspirante presidencial del partido en el poder: el reconocimiento a la diversidad, el derecho a decidir de las mujeres y el impulso del reconocimiento del matrimonio igualitario.

Son bienes que se han acrecentado a pesar de que todavía debemos sacudir las manchas de homofobia y transfobia que nos azuzan, Porque a pesar de los pendientes somos, sin duda somos, y más allá de los slogan y la propaganda, una ciudad de ciudadanos que quieren, procuran y cuidan sus derechos libertades y aspiraciones.

Por eso, después de los sismos de 2017 y del COVID, en medio de los pendientes de siempre, anhelos que desembocan en igualdad y seguridad, en noches sin miedo para todas y todos, aquí florecen los baristas, las estéticas, las mezcalerías, los hoteles, los hostales, los reclamos, los desfiles, las diseñadoras, los joyeros, la música, los artistas, los chefs, los científicos, los panaderos y los cronistas dispuestos a contar lo que somos.

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