Ciudad de México, junio 18, 2024 16:51
Ana Cecilia Terrazas Opinión

DAR LA VUELTA / No al trabajo infantil, ¿entonces?

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Sobresale como un poco más brava o poblada de menores dedicados a la limpieza de parabrisas, la zona de Félix Cuevas e Insurgentes o Insurgentes y Parroquia a la altura de Liverpool.

POR ANA CECILIA TERRAZAS

En estricto sentido, aunque se trate de la segunda infancia o adolescencia, es hasta los 18 años de edad cuando se deja de ser población menor de edad. En teoría, hasta esa edad se juega, se estudia, se aprende, se vive la vida a plenitud y con todos los derechos en el interés superior de este grupo etario. Nada más lejano de la realidad en nuestra América Latina, México, Ciudad de México y, como parte de todo este archipiélago de desigualdades, la alcaldía Benito Juárez.

Vemos en muchas de las esquinas que suelen demorar al automovilista, por ser ápices de tráfico denso, a jóvenes e infantes listos para disparar trapazos, agua o trucos de elemental juglaría o bufonadas básicas como método de trabajo o sistema de ingresos.

El grueso de esta población no se trata de personas adultas sino menores de edad. En esos recorridos diarios se han establecido territorios, bandas, industrias y, sin duda, alguien o diversas otras personas, con liderazgo en la mendicidad, controlan a estas huestes.

Sobresale como un poco más brava o poblada de menores dedicados a la limpieza de parabrisas, la zona de Félix Cuevas e Insurgentes o Insurgentes y Parroquia a la altura de Liverpool. En esos cuadrángulos no hay tregua en el trabajo y conforme cae la noche el personal juvenil se encuentra algo más intoxicado que durante las mañanas. Se extraña el trabajo de campo de las IAP’s como la del extinto padre Chinchachoma hoy conocida como hogares providencia en esos puntos en donde una efeméride como la del 12 de junio, Día mundial contra el trabajo infantil, establecida por la Unicef y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), parecen broma de mal gusto.

Ante las niñas y  niños, las y los jóvenes trabajando, cuando una quisiera verlos en condición de estudio, deporte o diversión, no son fáciles las decisiones: a) aportar a la causa y prolongar o perpetuar así esta industria, al tiempo que pensar si así se está resolviendo una hambre inmediata; b) cerrar esa llave y esos caminos o posibilidades de trabajo para que se opte por alguna alternativa, sabiendo que no las hay tantas; c) continuar dando la vuelta y sí aportar o no, dependiendo de lo que una lleve de cambio. Esta columnista por lo pronto escribe al respecto pero, ¿esas son las únicas opciones de veras?

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