Ciudad de México, junio 20, 2024 05:52
Francisco Ortiz Pardo Opinión

EN AMORES CON LA MORENA / La Casa del Parque Hundido

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.

El emotivo recuerdo de un movimiento triunfante en que participaron niños huele al perfume del parque que en algo contrarresta tanto hedor en la política.

POR FRANCISCO ORTIZ PARDO

El más bello, legítimo y triunfador movimiento contra una construcción ilegal en la alcaldía Benito Juárez lo protagonizaron niños que fueron de la mano de sus papás. Ellos, como se oye, lograron tirar un edificio con puros dibujos. De eso hace 14 años.

Ahora lo recuerdo a propósito de la náusea que provoca la politiquería que utilizan con el tema inmobiliario algunos personajes de la vida pública para ganar puntos en las encuestas frente a sus detractores. Basta recordar que, como secretaria de Medio Ambiente en tiempos en que su mentor Andrés Manuel López Obrador gobernaba la capital, Claudia Sheinbaum Pardo pasó por alto los impactos que tuvieron en la calidad de vida de los juarenses tanto obras públicas como privadas, estas últimas estimuladas por el hoy Presidente con su famoso Bando Dos. 

Dos días antes de que le cantaran Las Golondrinas como Jefa de Gobierno, Claudia leyó el reportaje del periódico Reforma relativo a que un tribunal ordenó al INBAL (así con “L” aportada por la autonombrada 4T) declarar monumento artístico a La Guardesa, una casona que hace décadas mordisquea el Bosque de Chapultepec. El mandato, sin precedente en la historia del país, fue resultado de un juicio promovido por el propio dueño del inmueble, el arquitecto Manuel Reyero. El juicio duró casi diez años.

Desde que López Obrador fue Jefe de Gobierno tuvo en la mira la propiedad, a la que buscaba declarar Área de Valor Ambiental del Distrito Federal con el pretexto de que se trataba de una “invasión” ocurrida décadas atrás. Encargó la operación ni más ni menos que a Claudia Sheinbaum, basado en un decreto publicado en la Gaceta Oficial. Sin embargo, la intención fue frustrada con un amparo y, ya siendo Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard derogó la parte del decreto que correspondía a La Guardesa. Curiosidades de la vida que hoy los dos personajes involucrados, tan contradictoriamente afectuosos con el obradorismo, sean consideradas entre las “corcholatas” presidenciables.

Es obvio que el mordisco al bosque en que se construyó La Guardesa, que por sus características eclécticas y su difícil acceso ha sido conocida como “la casa embrujada”, es uno de esos agandalles clásicos de los tiempos del priísmo más rancio, corrupto y autocomplaciente. Pero en repudio a esas prácticas, la modificación del bosque no debe depender nunca más de los caprichos de un Presidente.

Lo paradójico es que la declaratoria prohibirá que cualquier empresa privada explote la propiedad, al contrario de lo ocurrido en lo que fue la llamada Casa del Parque Hundido, en Millet 72, en la colonia Extremadura Insurgentes. Resultado efectivamente de un mordisco al espacio que le pertenecía a la gente, el Parque de la Nochebuena o “parque chino”, la casona se incorporó con el tiempo a una zona patrimonial y específicamente contaba con la protección del entonces INBA. La propiedad tenía una vista privilegiada al parque y contaba con una cancha de squash; al final la habitó una persona mayor y tras su muerte los familiares la vendieron a una inmobiliaria, a la que se le hizo fácil, dado el enorme negocio que representaba, tirarla para hacer una torre de departamentos de lujo… ¡en pleno parque!

Desde el quinto piso del edificio de enfrente, donde se encontraban nuestras oficinas, Libre en el Sur fue testigo de su dolorosa destrucción, en la que ni siquiera se respetaron los hermosos vitrales que se encontraban en el interior.  En nuestro periódico impreso se documentó cómo, a pesar de la declaratoria del INBA, los desarrolladores contaron con un permiso de demolición de la Delegación. Libre se convirtió en el medio que dio a conocer el hecho que más tarde retomaron medios nacionales, y en el prolífico reporteo que documentó nutridamente las trampas con que la autoridad y los desarrolladores buscaban consumar la edificación.  

A contracorriente siempre, sin atender agendas y estrategias de los políticos sino de los ciudadanos, el caso de la Casa del Parque Hundido ha sido para nuestro medio el ícono de centenares de publicaciones relativas al desarrollo inmobiliario irregular (sin adjetivos cómodos para el poder), y la consiguiente pérdida del patrimonio histórico y artístico, a lo largo y ancho de la demarcación durante veinte años.

Héctor Rojas, líder de Vecinos del Parque Hundido con niños que le ganaron a los poderes público y privado. Foto: Especial

Así, nuestras informaciones detonaron el mayor movimiento vecinal del que se tiene memoria en la demarcación juarense contra la construcción de una obra ilegal. Y el más hermoso, por legítimo (intocado por partidos políticos) y creativo, al grado de que los niños se volvieron esenciales en lo que fue finalmente un histórico triunfo –de los pocos que orgullosamente se pueden contar—frente a dos poderes avasallantes, el local y el del Gobierno del Distrito Federal, que encabezaba Marcelo Ebrard.

Después de que los pequeños acompañados de sus padres acudieron a una campaña de protesta a un costado de la ya avanzada construcción, donde realizaron dibujos en que expresaron sus tristezas por el deterioro ambiental y exigieron respetar el parque e impedir la obra, el Jefe de Gobierno se vio obligado a encontrar una solución en favor de los vecinos pero que a la vez no afectara –faltaba más— a los desarrolladores: Les compró el terreno y les reintegró lo invertido. Se demolieron los cimientos y el primer piso de la nueva construcción y en su lugar se construyó una rampa con prados como ampliación del parque. Allí mismo hay una placa con la leyenda que recuerda el histórico triunfo vecinal.

Aquellos niños hoy son mayores de edad; y un día lo podrán contar a sus hijos y sus nietos, con el orgullo y la convicción de que no son lo mismo que los que suelen sacar provecho político de las corrupetelas trágicas de las que formaron parte o incluso las provocaron. El recuerdo huele al perfume del parque que en algo contrarresta tanto hedor en la política.

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