Ciudad de México, junio 13, 2024 01:01
Revista Digital Noviembre 2023

EL ÁLBUM / El fin del Porfiriato

Si bien nuestro país estuvo en paz durante casi 40 años y que las deudas con países extranjeros se habían saldado, el descontento con el Porfiriato terminó por generalizarse.

ADRIÁN CASASOLA

Durante este mismo mes de noviembre, pero de 1910, concluyó una de las etapas que más marcaron al pueblo mexicano. En septiembre de ese mismo año, se habían celebrado las fiestas del Centenario de la Independencia, rodeadas de lujo, de planeación años atrás para mostrar las bondades del régimen porfirista, y para los países cercanos y europeos que México se había convertido en una nación ideal para invertir.

Dama en el hipódromo de Peralvillo. Foto: Agustín V. Casasola, c. 1910

Si bien es cierto que nuestro país estuvo en paz durante casi 40 años y que las deudas con países extranjeros se habían saldado, el descontento había comenzado a generalizarse con pequeños grupos que comenzaban a pronunciarse contra las constantes reelecciones que se fueron sucediendo desde que Porfirio Díaz, militar de carrera, héroe de las batallas de Puebla en 1862 y acérrimo rival de Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada por obtener el poder, finalmente ascendió a la silla presidencial en 1876.

Castillo de Chapultepec con su reflejo en el lago. Foto; Hugo Brehme c. 1908

La famosa frase que Francisco I. Madero utilizó como bandera al promulgar el Plan de San Luis, “sufragio efectivo, no reelección”, fue acuñada por el mismo Porfirio Díaz en el Plan de Tuxtepec, con el que finalmente derrotó a Lerdo de Tejada unos años después de la muerte del Benemérito de las Américas.

Intentando conservar su promesa de dejar el poder luego de cuatro años, Manuel González, también militar y amigo personal de Díaz, tomó el poder pero tanto amigos como detractores acusaron que se trataba de una simulación y una extensión de él. Luego de esos cuatro años, las reelecciones siguieron sucediendo al reformar la Constitución.

Vendedora de sombreros y canastas. Foto; Hugo Brehme c. 1908

Bajo el lema de “orden y progreso”, el Porfiriato se encargó internamente de sanear las finanzas públicas, retomar una buena relación con el clero, que había sido muy vulnerado durante la época juarista, con los grandes terratenientes, y realizó atractivas ofertas a naciones extranjeras para invertir en infraestructura.

El Palacio de Correos a principios del siglo XX. Foto: Hugo Brehme c. 1907

Desgraciadamente olvidó a las clases populares, se mostró implacable contra cualquier revuelta a su gobierno y miró hacia otro lado cuando se trataba de mejorar las jornadas de trabajo y las condiciones de las clases más necesitadas, lo que a la postre ocasionaría las revueltas en su contra que derivarían en su derrota en 1911, cuando con 80 años de edad, salió exiliado hacia Francia para no volver.


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