Ciudad de México, octubre 23, 2020 18:51
Libre en el Sur

El oriente de la Delegación Benito Juárez, rico en historia

En la franja situada al este de la calzada de Tlalpan, territorio juarense todavía, una serie de colonias conservan tradiciones muy arraigadas de su pasado prehispánico y colonial.

Por Homero Buendía

Aun algunos habitantes de nuestra propia demarcación ignoran que una orilla de la delegación Benito Juárez se extiende más allá de la calzada de Tlalpan, donde forma un territorio alargado compuesto por varias colonias cuyo común denominador es una historia rica que a menudo se remonta más allá de la Conquista de México. En esa franja se encuentran las colonias, Ermita, Miravalle, Portales Oriente, Albert, Zacahuizco, Nativitas, Villa de Cortés, Iztaccihuatl y Moderna, nombradas de Norte a Sur, que son parte del legado de los antiguos habitantes de estas tierras.

La antigua Hacienda de Nuestra Señora de la Soledad de los Portales es todo un símbolo de esa franja juarense. Data del periodo virreinal. Se estableció entre los poblados de Churubusco y Santa Cruz Atoyac, cerca de un camino de terracería cuyo trazo viene de los inicios de la época Colonial y que unía a los dos poblados anteriores con el de Mexicaltzingo, por el que transitaban mercancía y productos destinados a la venta y consumo en las localidades vecinas y principalmente en la Ciudad de México.

La hacienda pasó por varios dueños a lo largo de su historia, de entre los cuales destacó el conocido general y literato Francisco Manuel Sánchez de Tagle, reputado intelectual mexicano y descendiente de los Marqueses de Altamira, al que se le conoce por haber participado en la Independencia de México y haber firmado el Acta de Independencia. Sánchez de Tagle convirtió el casco de la hacienda en su casa principal. La propiedad estuvo en sus manos hasta su muerte, hacia 1872.

Si bien a comienzos del siglo XX el carácter rural de la hacienda se mantuvo sin perturbación alguna, sólo hasta la década de los 1930 sus terrenos comenzaron a poblarse y empezó a surgir así la “colonia Portales”. Con la urbanización de la zona sur de la ciudad de México se instalaron una gran cantidad de servicios en la colonia, como escuelas y clínicas, así como parques y un mercado, al igual que en otras colonias de la capital. Posteriormente con el aumento de la población vinieron los servicios de transporte público, entre los que destaca la línea 2 del Metro de la Ciudad de México que pasa por la Calzada de Tlalpan, seis de cuyas estaciones sirven a los habitantes de esta parte de la Benito Juárez: Viaducto, Xola, Villa de Cortés, Nativitas, Portales y Ermita.

Nativitas es la colonia más grande de esta parte al este de la Benito Juárez. Su nombre hace referencia al lago que existió ahí en otro tiempo, cuando sus habitantes de origen prehispánico cosechaban en chinampas. La urbanización transformó su fisonomía totalmente. Sin embargo, aún es posible apreciar unas cuantas casas antiguas de finales del siglo XIX diseminadas entre edificios más modernos.

Probablemente el barrio más antiguo de esta sección oriente de nuestra demarcación sea la actual colonia Zacahuitzco, ubicada en donde Benito Juárez colinda con Iztapalapa e Iztacalco. Se trata de una colonia pequeña, pues se integra de apenas de 14 manzanas, pero es un lugar lleno de historia. Zacahuitzco era un pequeño pueblo perteneciente a la Parroquia de Iztacalco y que colindaba con el pueblo de San Andrés Tetepilco, ubicado precisamente en el vértice que formaban en el siglo XVII la calzada de México a Tlalpan y la que conduce a Mexicaltzingo e Iztapalapa. Del otro lado de Plutarco se encuentra ya la Delegación Iztapalapa, específicamente la colonia hermana Zacahuitza. Irónicamente la calle de Zacahuitzco no se encuentra dentro de la colonia que le da nombre. En la realidad esta pequeña calle se ubica en la colonia vecina Del Carmen.

Laura Alanís Villafuerte, nos relata en ViveBJ que hacia el año de 1645 en esta área se erigió una Ermita donde se veneraba a la Virgen del Pópulo. Se eligió este lugar por su ubicación estratégica. En el pasado este era el cruce de dos importantes caminos, el de Tlalpan que comunicaba a la Ciudad de México con el sur, y el camino al pueblo de Iztapalapa, en lo que hoy es el Eje 6, Playa Pie de la Cuesta. Refiere que Beatriz Ramírez González, cronista de la Delegación Iztapalapa, explicó en el texto “La Ermita de Zacahuitzco”, que la iglesia funcionó hasta los primeros años del siglo XX, cuando fue abandonada. Entonces el Gobierno del Presidente Porfirio Díaz la “consolidó” con el propósito de ampliar la Calzada de Tlalpan. A fines de junio de 1907, la iglesia católica entregó las llaves del templo Ermita, tras un decreto presidencial para consolidar el templo ya que su espacio se requería para una obra de carácter público o de interés general. “La Ermita estaba dedicada en ese momento a San Antonio, lo que se confirma al saber que uno de los antiguos barrios del pueblo de Iztacalco fue San Antonio Zacahuisco”, escribió la cronista. Las ruinas de la Ermita continuaron ahí algún tiempo, hasta que se demolieron en los años 40. Con el tiempo, la pequeña colonia quedó atrapada en medio de la urbanización y fue afectada por un incomprensible fraccionamiento de los terrenos que antes pertenecían a la hacienda de Portales.

En la colonia Villa de Cortés, por otro lado, vale la pena conocer la parroquia agustina de Santa Rita de Casia, “la abogada de las causas imposibles”, y la Plaza Victoria con su fuente monumental de estilo Art Decó, donada en 1944 por un grupo de ciudadanos e inaugurada por el entonces Presidente de México, Manuel Ávila Camacho. Ambos sitios son esencia juarense.

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