POR FRANCISCO ORTIZ PARDO

Tan angustiados están, que es comprensible, con en el tema de la inseguridad (que por rentabilidad política parece ser el único asunto en la agenda de las autoridades de diferentes niveles de gobierno), los vecinos de la alcaldía Benito Juárez se distraen y distienden la presión sobre otro de los grandes lastres que aquejan a nuestra demarcación desde hace cuando menos 15 años, que es el de la vorágine inmobiliaria.

Todavía no se resuelve en favor de la comunidad el tema del edificio de Porfirio Díaz 66, frente al Parque Hundido (una lucha encabezada por quien hoy está a cargo del Comité Ciudadano en la colonia Nochebuena, María Elena Mesta, caso que ha tenido mil vericuetos entre indolencias gubernamentales y lagunas legales), cuando nos enteramos de la pretensión de construir a unos pasos otra gran edificación.

Se trata de la esquina de Porfirio Díaz y Augusto Rodin donde, me cuentan, ya solicitaron a los dueños de negocios que ocupan ahí pequeños locales, desalojar cuanto antes para demoler el inmueble y levantar el nuevo proyecto.

La esquina de Augusto Rodin y Porfirio Díaz. Foto: Libre en el Sur

 

Hace ocho años, Libre en el Sur participó en la difusión profusa y comprometida de un noble proyecto impulsado por Leticia Calderón Chelius, investigadora del Instituto Mora, y otros vecinos influyentes en la zona como Héctor Rojas, de Vecinos del Parque Hundido, A.C., para rescatar la Plaza Valentín Gómez Farías, en la colonia San Juan Mixcoac, a la que rodean la iglesia de San Juan Evangelista, del siglo 17; la residencia de don Ireneo Paz –el abuelo de Octavio Paz y que hoy ocupan monjas dominicas– y el propio Instituto Mora, donde vivió el pensador liberal Gómez Farías.

El resultado pervive como uno de los más grandes logros de los vecinos de San Juan, Extremadura Insurgentes y Nochebuen (ningún merito tuvo la entonces Delegación BJ), resultante obviamente de una participación muy activa.

Lo paradójico es que, por un lado, ese espacio en plena zona patrimonial de Mixcoac no tiene el mantenimiento adecuado y, por el otro, con el tiempo los grandes beneficiarios han resultado esos desarrolladores con ambiciones sin límite, que en realidad muy pocas veces se han preocupado por legar algo a la propia comunidad de cuya explotación resulta un negocio millonario.

Pues a 150 metros de este sitio histórico se encuentra la esquina donde se planea un nuevo desarrollo, cuyo terreno tiene hoy mayor plusvalía gracias a su cercanía con la hermosa plaza.

Con la historia de abusos en las colonias de la demarcación –y particularmente en esa zona patrimonial– no hay confianza por supuesto para suponer que el edificio que se levante cumpla con las diferentes normas y el consiguiente uso de suelo y nivel máximo de pisos. En este mar de dudas legado del peor ejemplo de urbanismo y convivencia humana, toca a los desarrolladores demostrarnos cuándo son capaces de hacer las cosas de manera diferente y correcta.

Lo que procede, como siempre, es la alerta, pero sobre todo la participación vecinal frente a la primera irregularidad que se presentase, que ya se sabe que en la medida de su intensidad es capaz de derribar monumentos a la corrupción, como en el caso de aquel movimiento estoico que impidió la construcción de un edificio dentro del Parque Hundido.

 

 

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