Ciudad de México, junio 14, 2024 12:15
Nancy Castro Opinión

Feliz Día del Libro

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Libro, viene del latín liber,  que significa parte interior de la corteza de los árboles. Y a  modo de cultivar nuestra mente con sus letras, nace la libertad, al tiempo que nos encontramos con los ojos bien abiertos bajo su encantamiento.

POR NANCY CASTRO

El 23 de abril es una fecha importante para la literatura. Asignado este día como aniversario a uno de los inventos más sofisticados que nos ha permitido  albergar información a través de los tiempos, registrar la evolución de nuestras civilizaciones. Y fabular en torno a la imaginación grandes historias que dejan precedente en la historia de la literatura, como El Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, las obras de Shakespeare, entre otros. 

Desde 1995 la UNESCO reconoció el 23 de abril como el Día del Libro. Uno de los motivos de la selección de esa fecha es la creencia de que en ese día, pero en 1616, murieron tres grandes figuras de la literatura universal: Miguel de Cervantes, William Shakespearey el escritor e historiador de ascendencia hispano-andina Inca Garcilaso de la Vega.

Los libros, por sus contenidos siempre han sido elementos discordantes en casi todas las civilizaciones...”

Cuenta la leyenda que Sant Jordi  venció al dragón que causaba terror en la villa de Montblanc. El ser mitológico había comenzado a comerse a los animales de la zona, pero estos se habían acabado. Los habitantes acordaron que cada día se sacrificaría al azar uno de ellos. El día que el azar determinó que era el turno de que la princesa se sacrificara y esta se encontraba frente al dragón, un caballero llamado Jordi terminó con el ser y se dice que de la sangre de este brotó un gran rosal, del cual el joven cortó una rosa y se la entregó a la princesa. La suma de la fuerza histórica del caballero Jordi, la voluntad de promocionar el libro y la rosa ha resultado en  la fiesta cívica de Cataluña por excelencia y una de las más queridas por sus ciudadanos. La multitudinaria participación y el ambiente que se respira ha hecho que el día de Sant Jordi sea conocido internacionalmente.

La historia del libro data desde los Sumerios 4000 a.c. Palabras escritas en tablas de arcilla que dejaban registro de lo que allí ocurría, en Grecia, vinieron después las tablillas de cera, que al volverlas a raspar se podían reutilizar y no fue hasta una revolución que, al igual que la que estamos viviendo ahora, suscitó reacciones diversas en los lectores. Los romanos los llamaban «códices», un nombre que deriva del latín «caudex» (corteza, tronco de árbol). Los códices tenían aspecto de libro como lo entendemos actualmente: estaban protegidos por una cubierta de madera (o de hojas de papiro o pergamino pegadas) y su interior incluía hojas de papiro escritas en ambos lados. La gran revolución reside en la comodidad del formato: los códices eran de dimensiones reducidas, las páginas eran fáciles de hojear y los números de página y el índice facilitaban su consulta.

En el año 105 d. C., en la lejana China, Cai Lun inventó el papel. Sin embargo, todavía hubo que esperar un poco de tiempo para ver el primer libro encuadernado con páginas de papel. En el período del 400-600 d. C. aparecieron los primeros manuscritos iluminados en hojas de pergamino. Estos valiosos libros estaban escritos a mano por los monjes, decorados con materiales preciosos, como plata u oro, coloreados con tintes brillantes y adornados con ilustraciones detalladas.

En la época de Sócrates, nos recuerda Irene Vallejo en su “Infinito en un Junco” ya consideraban los textos escritos como sucedáneo de la palabra oral—liviana, alada, sagrada—. Sócrates temía que, por culpa de la escritura, los hombres abandonasen el esfuerzo de la propia reflexión. Sospechaba que,  gracias al auxilio de las letras,  se confiaría el saber a los textos y , sin el empeño de comprenderlos a fondo, bastaría con tenerlos al alcance de la mano.

Y así ya no sería sabiduría propia incorporada a nosotros e indeleble, parte del bagaje de cada uno, sino un apéndice ajeno.

“En el mito de Theuth y Thamus , plantea que el rey Thamus  preguntó a Theuth (el primero en descubrir el número, cálculo, geometría, astronomía) qué utilidad  tenía escribir y este respondió.— Este conocimiento hará más sabios a los egipcios , es el elixir de la memoria y la sabiduría— y Thamus contestó: — le atribuyes ventajas que no tiene. Es  olvido lo que producirán las letras en quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de los libros, llegarán al recuerdo desde fuera. Será por tanto, la apariencia de la sabiduría, no su verdad, lo que la escritura dará a los hombres: y, cuando haya hecho de ellos entendidos en todo sin verdadera instrucción, su compañía será difícil de soportar, porque se creerán sabios en lugar de serlo”

Los libros, por sus contenidos siempre han sido elementos discordantes en casi todas las civilizaciones. Desde los libros quemados en Alejandría en 292, pasando por la quema de ejemplares del Talmud en Francia en 1242, la quema de manuscritos granadinos en 1500, la quema de códices mayas por Diego de Landa en Yucatán en 1652 por mencionar algunos sucesos en torno a su eliminación.

La palabra escrita como una delincuente ha sido perseguida y no por vivir hoy día con más “ libertad de expresión ” deja de serlo. En 1998 cuando Salman Rushdie publicó Versos Satánicos con el que ganó el premio Whitbread, finalista del premio Booker en Inglaterra. Se suscitó una gran controversia cuando musulmanes acusaron a la novela de blasfemia  y de burlarse de su fe.

La indignación entre los musulmanes concluyó con que el Ayatolá Ruhollan Jomeini, para entonces líder supremo de Irán , pidiera la muerte de Rushdie el 14 de febrero de 1989, en consecuencia, ocurrieron varios intentos de muerte,  como la muerte sucedida a su traductor en japonés, su traductor al italiano gravemente herido y el editor noruego William Nygaard fue tiroteado en la puerta de su casa. Rushdie, volvió a ser atacado el pasado agosto, tras ser apuñalado en un evento en Chaquatua en Nueva York a consecuencia de las heridas, perdió un ojo.

Se ha hablado de sus prohibiciones y persecuciones, de su historia y destino. Se habla de su extinción perenne desde que la tecnología avanza a zancadas libres, aunque la nostalgia nos prometa lo contrario y nos quiera convencer que los cambios se dan a ritmo lento. Esperemos no nos toque desprevenidos, que las máquinas no destronen el papel ni las portadas de pasta dura. Qué siga el pacto de seguir viajando en el tiempo con Cervantes y Shakespeare, y con todos los que un día, dieron su vida por creer en las historias contadas, impresas y liberadas al aleteo de sus páginas.

Sigamos fomentando el bien habido Día del Libro.

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