Ciudad de México, febrero 21, 2024 05:49
Ana Cecilia Terrazas Dar la Vuelta Opinión

DAR LA VUELTA / Fogoncito canino

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´Por todas partes hacen falta espacios limpios, aireados y públicos en donde se puedan las personas sentar, comer, pasear, estar; con todo y sus especies de compañía, que a veces estoy segura esas somos nosotros´.

POR ANA CECILIA TERRAZAS

Durante la pandemia, en la frontera misma de la colonia Crédito Constructor y el filito sureño de la Colonia del Valle llamado Actipan, muy cerca de Insurgentes, la taquería El Fogoncito tuvo la excelente idea –como casi todo restaurante en esta época– de extenderse y abrir un kiosco, una tiendita de campaña, con cupo para tres mesas con todo y sus comensales amantes de las y los perros o, mejor dicho, de sus queridísimas especies de compañía.

Sé de cierto que Pancha, Niko, Lumi y Mordisco ahí pasaron horas felices acompañando a sus humanos a comer rico, pronto y no tan caro. Me consta que Celestino, Roberto y Crescencio atendieron con cariño, calma y mucha calidez a toda persona que ahí consumiera con todo y sus familias caninas siempre dispuestas a rastrear cualquier migajita que pueda caer.

Con el tiempo, el kiosco –sencillo y bonito– se volvió parte entrañable de esa esquina hecha por las calles de Febo y Río Churubusco. No es un cruce sin tráfico puesto que por Febo pasan decenas de autos que cruzan de Insurgentes a Río Churubusco por ahí, atravesando también, otro restaurante que tiene un gran techo y una parte amplia de calle a su servicio (desde antes de la pandemia) con un éxito inusitado.

Hace un par de semanas, sin embargo, desapareció el techito. Reportan los meseros que “parece que se quejó algún vecino de que estorbaba el paso”. De ser cierto eso, pues sí, totalmente de acuerdo, el espacio público no puede ser tomado, cooptado o adaptado por privados para su propio beneficio. Si así de expedita fuera toda denuncia ciudadana respecto de la acaparamiento de la calle, no habría puestos afuera del metro que estorban también muchísimo el flujo peatonal.

Con el tiempo, el kiosco –sencillo y bonito– se volvió parte entrañable de esa esquina hecha por las calles de Febo y Río Churubusco.

Al final vale decir que por todas partes o casi en todas las alcaldías de la ciudad, hacen falta espacios limpios, aireados y públicos en donde se puedan las personas sentar, comer, pasear, estar; con todo y sus especies de compañía, que a veces estoy segura esas somos nosotros. Diseñar la ciudad para el paseo, la vuelta, los recorridos por las calles, la estancia en los jardines y bajo los árboles (implica que haya bancas, basureros); todo eso debe caber en una agenda urbana que promueva la convivencia al aire libre. ¿No?

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