Ciudad de México, julio 1, 2026 10:28
Revista Digital Julio 2026

Cómo el futbol conquistó a Mexico

La masificación del futbol en México fue impulsada por la radio y consolidada por Televisa. En los años cuarenta, los deportes más populares eran el beisbol y el boxeo. Posteriormente, la estrategia de Emilio Azcárraga, junto con los mundiales de 1970 y 1986, convirtió al futbol en el eje de la cultura familiar y la convivencia social.

POR ESTEBAN ORTIZ CASTAÑARES

A nuestra generación le tocó la transición cultural que llevó al futbol a convertirse en el deporte con mayor afición en México. Mi familia era fanática del beisbol, el cual se había establecido como uno de los deportes favoritos en la capital durante la década de 1950. Mi padre nos llevaba regularmente al Estadio del Seguro Social, ahora convertido en Centro Comercial Delta. Era seguidor de los Tigres —que, por cierto, dejaron la Ciudad de México para mudarse a las playas de Cancún en 2002— y los mejores partidos eran cuando enfrentaban a su principal rival: los Diablos Rojos. Antes de que yo existiera o fuera consciente de los juegos, el equipo era de los mejores, pero cuando empecé a asistir con mi padre al final de mi infancia (años 80), dejaron de serlo y los partidos se volvieron solo una esperanza: ¡a ver si ahora sí ganaban!

Yo conocí el futbol gracias a mis vecinos, quienes, de origen español, tenían una afición vinculada más a su país que a México. A mí me parecía un juego larguísimo sin interrupciones, donde los adultos obligaban a los niños a no distraerse mientras el juego estaba en curso. Ya en esa época, sin que yo lo supiera, la afición al futbol estaba en plena expansión.

Sus orígenes: el futbol llegó a México, al igual que el beisbol y el futbol americano, a través del extranjero. Las compañías mineras inglesas establecidas en Pachuca y su zona periférica a finales del siglo XIX lo fomentaron como parte de las actividades recreativas para sus empleados. Se empezó a practicar de manera oficial desde 1892, constituyendo el “Pachuca Club” en 1901, el famoso club de los Tuzos, en referencia a los roedores que viven bajo tierra en túneles, estrechamente relacionados con la minería en Hidalgo.

Los partidos comenzaron a atraer principalmente a gente de ciudades como Pachuca, Orizaba, Puebla, Veracruz, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. En aquella época, los intereses deportivos estaban divididos entre la zona rural, que prefería la charrería, y la creciente población urbana, que buscaba opciones modernas provenientes del extranjero. Además del futbol, estaban el beisbol, el boxeo y el futbol americano. Estos deportes acompañaron la transformación de México de rural a urbano durante el siglo pasado. Es interesante notar que las corridas de toros —que no son realmente un deporte— eran uno de los pocos espectáculos de interés general en todo el país. En la década de 1940, muchos historiadores registraban al beisbol y al boxeo como los más populares.

Los jóvenes de las grandes urbes empezaron a orientarse hacia el deporte de mayor contacto, el futbol americano; de hecho, el Estadio Olímpico Universitario, a pesar de ser multiusos, fue diseñado con enfoque en esta disciplina.

La afición al futbol creció lentamente. Se volvió interesante porque ofrecía algo distinto: un juego continuo que obligaba a la improvisación y creatividad de los jugadores, generando mayores sorpresas que los deportes con interrupciones constantes, como el americano o el beisbol, minuciosamente coordinados por managers y entrenadores donde los jugadores son solo una pieza de la estrategia.

La liga mexicana de futbol se creó en 1943, lo que incrementó la transmisión mediática en la radio —uno de los medios importantes fue la XEW—, creando un auditorio más grande. Por primera vez, se permitió que la gente siguiera los partidos sin asistir a los estadios. Gracias a la combinación de radio y prensa, los jugadores locales comenzaron a adquirir fama nacional.

Pero la gran masificación del futbol como deporte del mexicano se dio gracias a Televisa. En los Juegos Panamericanos de 1955, durante el encuentro entre Perú y México, se generó una sobredemanda de boletos. En el Estadio de CU, habilitado para los partidos, se permitió sobrepasar el aforo en casi un 30 %, pero la demanda persistía. Para permitir que un mayor público viese el encuentro, se pidió a Telesistema Mexicano (actualmente Televisa) que transmitiera el partido en la Ciudad de México y zonas aledañas.

El entonces director y dueño de la televisora, Emilio Azcárraga “El Tigre”, vio en el deporte una oportunidad de negocio y apostó por impulsarlo como juego nacional. Adquirió el Club América en 1959 y construyó el Estadio Azteca, inaugurado en 1966, que durante 23 años fue el estadio más grande del mundo dedicado al futbol. A partir de 1960 se empezaron a transmitir los juegos los domingos a las 12:00, convirtiendo el mediodía dominical en el horario estelar y permeando, con el paso de los años, en la cultura de las familias mexicanas, quienes lo adoptaron como punto de reunión.

Si quisiéramos definir el momento en que el futbol se convirtió en el deporte rey de México, fue en 1970, cuando el país fue sede del Mundial, el primero en la historia universal transmitido a color por televisión. En esa época, la copa tenía 16 equipos y, tras la primera ronda, se pasaba a cuartos de final. La selección mexicana logró el pase al derrotar a El Salvador y empatar con Bélgica y la Unión Soviética, lo que exaltó a la afición que ya veía al equipo nacional en semifinales. Desgraciadamente, en el encuentro contra Italia, a pesar de haber anotado primero, el equipo perdió 1-4, quedando en sexto lugar mundial, posición que nunca ha logrado superar. Ese año, el trofeo “Jules Rimet” —antecesor de la actual Copa Mundial de la FIFA— fue entregado a Brasil por ser el primer equipo en ganar tres mundiales. En 1983 fue robado y nunca apareció; se cree que se fundió para extraer la plata y el oro. La Copa Mundial de la FIFA ya no se entrega de manera permanente a ningún equipo.

En el segundo mundial de México, en 1986, con 24 equipos contendientes, se introdujeron los octavos de final. La selección logró llegar nuevamente a cuartos, levantando la esperanza de alcanzar las semifinales. Jugaron duramente contra Alemania, que terminó descalificándolos en penaltis, dejando al equipo nuevamente en sexto lugar, mejor posición que la anterior al no ser derrotados en tiempo reglamentario. En ese mundial, los espectadores mexicanos introdujeron “La Ola”, creando una cultura global de celebración. La televisión permitió que millones vieran la mano de Maradona en el encuentro de cuartos de final entre Argentina e Inglaterra, gol que el árbitro no vio y que llevó a una de las victorias más polémicas del mundial; este fue uno de los episodios que, años después, alimentaron el debate sobre el uso de la tecnología arbitral. Fue en esa época cuando empecé a disfrutar los partidos como un evento social, una especie de fiesta visual con amigos y familiares.

En los últimos mundiales, el crecimiento exponencial de la afición transformó el deporte en un gran negocio. La FIFA ha creado estrategias para maximizar ganancias elevando los precios de los boletos a niveles prohibitivos, haciendo que la asistencia al estadio sea una actividad para las élites y dejando para el resto de la población el seguimiento a través de la televisión e Internet. Las actividades cívicas se han concentrado en hogares, bares y plazas donde se proyectan los partidos o se festejan las victorias. Un gran amigo asistió a la inauguración en el Azteca en 1986; su padre compró cinco boletos para toda la familia: fue un gasto fuerte, pero una familia de clase media podía pagarlo. Actualmente, esos mismos lugares equivalen al costo de un automóvil.

Este mundial, con 48 equipos y en tres países, es el más grande creado, añadiendo la ronda de dieciseisavos de final. La FIFA ha promovido esta estructura como más inclusiva, pero es probable que sea una estrategia para incrementar las ventas. A causa de los escándalos de corrupción y acciones políticas —como otorgar a Donald Trump el “Premio FIFA de la Paz: el futbol une al mundo”—, la institución es vista como un organismo falto de ética y orientado al enriquecimiento.

La buena noticia es que estas críticas están creando conciencia en otras copas. Por ejemplo, la UEFA se ha pronunciado por ofrecer precios más accesibles para la Eurocopa dentro de dos años. Ojalá estos cambios se repliquen en la FIFA. La idea de mantener este deporte como una referencia democrática, plural y mundial; un espacio en la cancha y en la sociedad donde todos convivan, participen y se diviertan, sigue siendo un gran sueño.

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