Benito Juárez es la delegación capitalina que se ha convertido en sede principal de un árbol de origen amazónico que un inmigrante japonés introdujo en nuestra capital en los años veinte del siglo pasado. Hoy, la jacaranda es el emblema floral de la demarcación, que cada año cubre puntualmente de color lila nuestro paisaje urbano.

Matsumoto en su vivero de la colonia Roma. Foto: Especial.

 

POR FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI

Con el arribo de la Cuaresma y en los prolegómenos exactos de la Primavera –¡justo ahora!—las jacarandas en flor se apoderan del paisaje urbano y se yerguen como emblema mismo de nuestra demarcación juarense. Entre los jeroglíficos que forman sus ramas caprichosas aparece la belleza lila de este árbol incomparable que cada año cumple con asombrosa puntualidad su rito floral.

Benito Juárez se identifica ya por sus jacarandas en flor, en una ciudad cada vez más poblada de esa bignoniácea selvática originaria de la amazonia brasileña y que paradójicamente ha adoptado  como medio natural  un valle situado a ¡dos mil 200 metros sobre el nivel del mar!, cosa que los biólogos consideran insólito.

Ahora sabemos que este árbol fue traído a México por un singular jardinero imperial  japonés, Tatsugoro Matsumoto, que se enamoró de México. Él tuvo la osadía de desafiar las reglas de la naturaleza y logró aclimatar a la jacaranda en sus viveros, allá a principios del siglo 20. Fue uno de los primeros inmigrantes japoneses que arribó a México, justo un año antes de la primera emigración masiva de pioneros de ese país  a Chiapas,  en 1897.

Cuando Matsumoto llegó a la Ciudad de México, la colonia Roma estaba en  su apogeo y era uno de los barrios más elegantes de la capital y el preferido de los nuevos ricos. La mayoría de las casas eran muy amplias y tenían grandes  jardines, por lo que surgió la necesidad de tener a alguien encargado de cuidarlos.

Matsumoto, sin duda, era el indicado para diseñar y cuidar los jardines de las residencias elegantes de todo el barrio pues más que un jardinero, era algo semejante a un “arquitecto paisajista”.

Pronto adquirió tal fama que el presidente Porfirio Díaz le encargo hacerse cargo de los arreglos florales de la sede presidencial, el Castillo de Chapultepec en ese entonces,  y lo nombró jardinero oficial del bosque que rodea al emblemático cerrito. En las fiestas del Centenario, en 1910, preparó para la delegación de su país un jardín japonés con un pequeño lago,  al lado del llamado Palacio de Cristal, que luego sería convertido en el Museo del Chopo, en la actual colonia Santa María la Rivera.

Ese mismo año llegó a México su hijo, Sanchiro Matsumoto, quien le ayudó a administrar su negocio al que su padre no le ponía cuidado. Juntos comenzaron a crear un gran emporio con todo y las dificultades del movimiento revolucionario en México.

Al estabilizarse la situación política después del enfrentamiento armado, los Matsumoto recomendaron al presidente Álvaro Obregón (1920-1924)  plantar en las principales avenidas de la ciudad de México árboles de jacaranda,  que Tatsugoro había introducido desde Brasil y había reproducido con éxito en sus viveros.

Para asombro de sus colegas mexicanos, las condiciones climatológicas resultaron ser adecuadas para que al inicio de la primavera el árbol floreciera. Además Tatsugotro consideró que la flor duraría más tiempo que en su lugar natal ante la ausencia de lluvia en la capital durante esa temporada, como en efecto ocurre.

Su intuición fue acertada. El árbol de jacaranda se reprodujo ampliamente en la Ciudad de México, al grado de considerarse flor nativa. Desde entonces podemos disfrutar de la magia de las Jacarandas en flor en los meses de marzo y abril, como ahora. Matsumoto jamás regresó a Japón Se quedó a vivir en la aquí hasta 1955, año que murió a los 94 años de edad. Aún existe en la colonia Roma la florería que fundó.

Hoy las jacarandas abundan en la ciudad. Hay una serie de sitios donde su belleza  puede disfrutarse especialmente. Algunos de ellos son: la Avenida Veracruz, en la colonia Condesa; la Ciudad Universitaria, entre las facultades de Economía y Derecho; la calle Riobamba en la colonia Lindavista; el camellón de Paseo de la Reforma en algunos tramos, la plazuela de los Arcángeles, en San Ángel, atrás de San Jacinto; diversas calles de las Lomas de Chapultepec, la avenida Horacio, en Polanco, las Fuentes Brotantes y  por supuesto las colonias Del Valle, Santa Cruz Atoyac y Vertiz Narvarte, en la  delegación Benito Juárez.

Efectivamente, la calle de Nicolás San Juan, a la altura del CUM, es una muestra, al igual que a lo largo de Providencia, en la colonia del Valle. Las tenemos por supuesto en  Concepción Beistegui, donde las jacarandas forman un “túnel” de increíble belleza, allá a principios de abril. También en Porfirio Díaz, entre San Francisco e Insurgentes.

En la calle Parroquia, entre Liverpool y Galerías, hay una enorme jacaranda que es la primera en florear, año con año. En estos puntos están las mayores concentraciones, pero en realidad los emblemáticos árboles salpican prácticamente, en camellones, glorietas y jardines, todos los rumbos de Benito Juárez, lo mismo en la colonia Nápoles que en la Nochebuena, Mixcoac, Narvarte, San José Insurgentes o la Portales. ¡Vale la pena un tour!

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