DINORAH PIZANO OSORIO

Desde hace poco más de un siglo, México está conformado por un número creciente de instituciones formales. La más importante es la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Es la Carta Magna quien se encarga de infundir en la narrativa nacional la idea liberal respecto a la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. Para la época en que fue redactada (1917) resultó vanguardista por muchos sentidos. Entre ellos, el reposo de la soberanía nacional en el pueblo.

Un aspecto que considero importante resaltar es que dio pie también a una nueva etapa en la construcción de la cultura popular. Transitamos el México precolombino, al colonial, al independiente, al revolucionario y requeríamos un nuevo empuje, más y diversos elementos para relatar un nosotros que despertó y necesitaba construirse desde la historia con nuevos bríos nacionalistas.

Surgieron figuras entonces como José Vasconcelos, Ramón López Velarde, Diego Rivera, Carlos Chávez. La gran mayoría de los productos culturales tenían un firme, definido y profundo sentido de nación, de mexicanidad. Fueron múltiples factores los que nutrieron a los mexicanos de significantes para la palabra Patria. A dichos perfiles, Carlos Monsiváis los relata así en Historia general de México:

“El impulso fue distinto. Por ejemplo, López Velarde en ‘La Suave Patria’ procuró para la poesía un tono nacional, esto es, reconoció o creyó reconocer la índole de la colectividad y asumió el tratamiento poético de una tradición popular (exaltación de costumbres y erotismo velado). Lo mismo ocurre con el descubrimiento de la grandeza del pasado indígena y la decisión de entroncarse, de enraizarse ahí. Quizá hay grandilocuencia, pero no hay demagogia: Rivera afirma que pinta sus murales con una preparación a base de savia de maguey; Adolfo Best Maugard presenta un método de enseñanza del dibujo basado en ‘los siete elementos de las artes mexicanas indígenas y populares’; Carlos Chávez compone obras para instrumentos indígenas precolombinos. Lo indígena es lo nacional”.

Ramón López Velarde

Ante tal contundencia, cabe preguntar, y sin salir del manifiesto contexto actual donde recibimos ofertas electorales en las cuales la ciudadanía no necesariamente participó. En el siglo XXI: ¿Qué es lo nacional?

Si bien no podemos decretar el carácter cíclico de la historia, resulta incluso coherente plantear como punto de inflexión la tesitura de la cotidianidad que viven millones de mexicanos. En muchos espacios de la sociedad es insostenible. Y ahí, donde parece que no existen salidas, está la cultura, como mástil al cual asirse y apelar para construir otro tipo de relatos. Este país comenzará a cambiar cuando el acceso, desarrollo y disfrute de cualquier tipo de expresión cultural sea un derecho pleno con las capacidades suficientes para ejercerlo y no un privilegio bajo mecanismos de mercado.

 

 

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francisco

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