Ciudad de México, octubre 30, 2020 17:00
Dinorah Pizano Osorio Opinión

La hora de la igualdad

“El uno por ciento de la población global concentra el 50 por ciento de la riqueza en tanto que el 70 por ciento de los trabajadores posee menos del tres por ciento”. Así lo dio a conocer en días recientes el rector de la UNAM, el doctor Enrique Graue, durante la inauguración del seminario Cambio de época: América Latina frente a la hora de la igualdad: avances, retrocesos y desafíos, organizado por la máxima casa de estudios.

Son cada vez más entornos sociales en los cuales se reproducen relaciones desiguales. Éstas comienzan incluso desde la gestación, avanzan hacia la primera infancia, niñez, adolescencia, juventud, adultez y senectud. La consecuencia es sociedades cada vez más fragmentadas, sin arraigo, sin identidad y que subsisten bajo esquemas económicos adversos, desfavorables y, en algunos casos, esclavizantes.

Foto: Cuartoscuro.

 

La era global nos sitúa en una paradoja. A mayor innovación tecnológica, menor acceso a la tecnología; a mayor generación de riqueza, menor desarrollo económico. Es decir, mientras que en algunos países experimentan con drones para transportar personas, en tantos otros cientos de miles de niños tienen que caminar horas para llegar a la escuela.

En el marco del citado Seminario, la secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Alicia Bárcena, colocó en la discusión un aspecto crucial: terminar con la cultura del privilegio que naturaliza la desigualdad. Dicha manera de procesar la cotidianidad toma por normal la corrupción, la impunidad, el tráfico de influencias, la pobreza, el disponer como propios los recursos públicos.

Modificar prácticas como las anteriores precisa pensar de manera diferente, con nuevas ideas que propicien nuevas prácticas, donde el beneficio colectivo se construya todos los días y la discusión nos lleve a consensos en el marco de nuevas instituciones. No debemos obviar que elaboradas normativas o grandes instituciones son necesarias pero no suficientes; para cambiar lo que no sirve se requiere de la participación de todos.

Lo considero así porque el crecimiento económico, la modernización en los procesos de producción, la optimización en la explotación de recursos, no deben regir al ser humano, sino servir para mejorar constantemente las condiciones de vida y bajo la evolución constante de la democracia. Cito al doctor Rolando Cordera al hacer uso de la palabra durante la inauguración: “Es desarrollo con proyecto social de bienestar mayoritario y voluntad política de cambio: ésa es la hora de la igualdad. La democracia se va a probar en la medida en que se gesten las condiciones para tener un crecimiento que pueda volverse desarrollo, y el crecimiento y la modernización sean grandes maquinarias redistributivas”.

Esa voluntad política sucumbió ante la acumulación per se. Ante dicha circunstancia, la necesidad de dotar de contenido a la consigna manifiesta de cambio, así como ponerla en relación, dirección y confección de los ciudadanos puede contribuir significativamente a convertir en agenda la hora de la igualdad y así, entrar de lleno al cambio de época que tanto reclama nuestro país.

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