Ciudad de México, agosto 13, 2020 19:23
Agosto 2020

¿La pandemia de COVID-19 es un hecho histórico?

“La espeluznante crisis que padecemos hoy es un hito multidimensional, pero no será histórico hasta que lo hayamos superado y podamos mirar hacia atrás con la intención de resolver problemas, de reflexionar sobre el proceso vivido”, advierte la doctora en Historia de América Latina por la Universidad de Chicago e investigadora del Instituto Mora, en este texto escrito especialmente para los lectores de Libre en el Sur.

POR ANA MARÍA SERNA

Me imagino que muchos están viviendo esta pandemia como yo, con un miedo cotidiano a la muerte. Si acaso logramos controlar esta ansiedad, nos asaltan otras: la zozobra que propone la incertidumbre laboral y económica. Estamos agotados. Hace meses nuestra existencia está en vilo. ¿Cuándo volverá la vida a ser como antes? ¿Lo será? Las familias que han perdido a seres queridos, nunca volverán a ser iguales. Su historia ha sido fatalmente modificada. Sin duda, son los protagonistas de un hecho histórico. Lo serán también quienes vean trunca su carrera, o se queden sin casa.

La pandemia es un acontecimiento de dimensiones trágicas debido al grandísimo número de muertos, comparable con una guerra, pero es aún el borrador de un guión, cuyo final desconocemos. Esta pandemia está siendo, principalmente, un hito histórico científico y social: un virus que no se puede ver, que no tiene cura, ha provocado miles de muertes, nos ha encerrado en una eterna cuarentena, es el enemigo invisible de toda la humanidad.

Luego de casi cuatro meses en que permaneció cerrada la Catedral Metropolitana debido a la pandemia por COVID-19, la iglesia abrió sus puertas para celebrar misas con la presencia de fieles. Foto Magdalena Montiel / Cuartoscuro.

¿Qué es un hecho histórico? –me han preguntado. ¿Es aquello que tiene una trascendencia particular? ¿Algo que provoca un cambio de rumbo definitivo? ¿Cómo se mide esa envergadura? ¿Quién lo determina? Los hechos históricos adquieren semejante categoría cuando los profesionales de la Historia o cualquier persona inquisitiva, preocupada o dolida, se da a la tarea de indagar sobre ellos; cuando las interrogantes relacionadas con problemas del pasado nos aquejan y nos empujan a los archivos, a la búsqueda de testimonios para encontrar respuestas. El hecho histórico surge tras un acto de interpretación, es aquello que nace gracias a nuestra facultad de hacer preguntas.

Los Pumas inician el torneo en contra del Querétaro en el Estadio Olímpico Universitario, de la Liga MX bautizada como Guard1anes, cuyo arranque ha sido sin afición en cumplimiento de las medidas sanitarias por la pandemia de Covid-19. Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro.

La cultura decimonónica creía en una historia científica que buscaba la verdad. Para ésta, los hechos históricos eran principalmente los grandes acontecimientos políticos que involucraban a personajes de renombre, poderosos. Los asuntos que aquejan a la gente común comenzaron a considerarse hechos históricos entrado el siglo veinte, cuando la historia social que surgió en Francia e Inglaterra, amplió el rango de indagación, equiparó a los campesinos con los monarcas y democratizó la pertenencia a la materia de la Historia abriendo un espacio para todos.

Los arqueólogos encontrarán restos de tela con asas y los investigadores fotografías de gente con la cara tapada preguntarán ¿cuántas vidas salvaron esos pequeños trozos de tela en 2020? ¿Por qué? Los niños preguntarán qué eran “las oficinas” y se escribirán libros con títulos largos.

Evidentemente existe la idea, la impresión de los sujetos sociales de verse como partícipes de un hecho histórico cuando perciben que su vida y su actividad cotidianas forman parte de algún evento extraordinario. Sin embargo, no sólo lo extraordinario conforma a los hechos históricos. La espeluznante crisis que padecemos hoy es un hito multidimensional, pero no será histórico hasta que lo hayamos superado y podamos mirar hacia atrás con la intención de resolver problemas, de reflexionar sobre el proceso vivido.

Crisis sanitaria… y económica. Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro.

Cuando la gente esté segura, se sienta libre, supere las dolorosas etapas del luto, las secuelas físicas de la enfermedad, el día que logremos convivir sin miedo a morir por un abrazo, que podamos besar otra vez a nuestros viejos, entonces reflexionaremos sobre esto echando mano del razonamiento histórico.

Un hecho o conjunto de hechos históricos se construyen al explicar qué pasó y el contexto en que tal o cual cosa sucedió. Principalmente, lo constituyen nuestras preguntas. Cada nuevo cuestionamiento, revisa el hecho histórico y crea uno nuevo, modifica la interpretación. ¿Qué dudas históricas provocará esta pandemia a nuestros descendientes?

El futuro lo delinearán las tensiones que nos aquejan hoy. La pandemia ha evidenciado la fuerza que tiene el negacionismo de la ciencia y los movimientos religiosos que no confían en la razón, en el juicio; algunos ni siquiera reconocen la existencia del virus y se oponen groseramente a las soluciones que la evidencia científica propone para evitar el contagio: las pruebas, el uso de cubrebocas.

Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro

Mi familia sobrevivió a una guerra, y me heredó la necesidad de pensar siempre en escenarios optimistas. Quiero imaginar que, tarde o temprano, esta pandemia se resolverá con una vacuna o un tratamiento que evite la muerte. Esto demostrará la importancia de la ciencia, la colaboración entre científicos y la necesidad de un vínculo estrecho entre los estudiosos y los gobiernos.

En América, el autoritarismo ha coincidido con el fracaso estratégico para contener la pandemia; el resultado opuesto, el reclamo, puede y debe construir a que nuestro continente sea más democrático. Esto será posible si las tensiones sociales provocadas por la pobreza y la discriminación no devienen en mayor violencia, en protestas sociales organizadas que incluyan vías armadas y desencadenen una lógica represiva castrense.

Es posible vislumbrar que la sociedad pasará la factura a estos gobiernos, llamándolos en el futuro a rendir cuentas. Esta crisis aparecerá en los registros documentales como el último llamado que llevó a los humanos a entender que los efectos del cambio climático eran reales e innegables y lo obligaron a enderezar el camino para respetar a la naturaleza que había mostrado ya su vengativa impaciencia con los malos hábitos del homo sapiens.

En ese mundo con edificaciones sustentables, con huertos urbanos y energías renovables, quizás nadie se acuerde de esta pandemia como nosotros casi nunca pensamos en la peste negra o en la tuberculosis. Los científicos seguirán estudiando y documentando cómo evolucionan los virus, cómo conviven con los humanos. Buscarán explicaciones varias para entender por qué murió tanta gente en EE.UU., México y Brasil y tan poca en Noruega.

Los arqueólogos encontrarán restos de tela con asas y los investigadores fotografías de gente con la cara tapada preguntarán ¿cuántas vidas salvaron esos pequeños trozos de tela en 2020? ¿Por qué? Los niños preguntarán qué eran “las oficinas” y se escribirán libros con títulos largos: Antiguas formas de trabajo corporativo en espacios hacinados: 1980-2020.

Espero no equivocarme, tengo dos hijas y quiero conocer a mis nietos. Mientras tanto habrá que quedarse en casa y pensar en este encierro como una pausa productiva para leer y mejorar nuestra vida futura.     

Ciudad de México, julio 2020.

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