Ciudad de México, septiembre 25, 2020 14:48
Dinorah Pizano Osorio Opinión

“Los racistas son los otros…”

Hablar de discriminación incomoda a muchas personas. “Los racistas son los otros…”

POR DINORAH PIZANO

La muerte de George Floyd, ocurrida en Minneapolis el 25 de mayo pasado como resultado de un arresto policiaco, movió conciencias y voluntades alrededor del mundo, incluyendo a nuestro país en donde activistas y miembros de la sociedad en general levantaron la voz en protesta por el racismo, xenofobia y abuso policiaco que la produjo.

Líderes de opinión en nuestro país se dijeron sorprendidos ante la indignación que causó el crimen al joven afro descendiente, manifestando que también aquí nos hace falta mirarnos más profundamente como sociedad que discrimina a personas de tez oscura.

Para cada país existe un tipo distinto de racismo. En México la pigmentocracia es el término con el que se ha buscado identificar el fenómeno que aquí sucede, pero que nadie quiere reconocer.

Hablar de discriminación incomoda a muchas personas. “Los racistas son los otros…”

Sin embargo, la complejidad que encierra el fenómeno es mucho más próxima de lo que queremos reconocer. La razón obedece a que algunos o la mayoría de los valores más consolidados de las personas, pueden estar profundamente adheridos a un racismo latente.

Según la guía “Racismo: qué es y cómo se afronta” elaborado por expertos del Grupo INTER, “los prejuicios asociados al comportamiento de grupos de personas y combinados entre sí constituyen estereotipos…son muy fáciles de transmitir, de aceptar, pero también son muy difíciles de cambiar; solemos emplearlos de manera inconsciente y creemos que nos hablan de la identidad de las personas, pero lo único que nos ofrecen son caricaturas de las diferencias que creemos ver y queremos atribuir entre cualquier grupo que identifiquemos como nosotros y los otros”.

Aunque de forma consciente se defienda la igualdad, se pueden sostener conductas racistas. Es menester por tanto dejar de ignorar nuestras más profundas incongruencias para combatir tales conductas. Muchas de ellas provenientes de ideas aprehendidas sobre rasgos físicos y culturales de las personas, que nos diferencian de [email protected] ya que nos ubica en el grupo en el que somos mejores.

Pero , ¿cómo podemos saber si sostenemos en la realidad conductas racistas, producto de creencias racistas? Oxfam México publicó el sitio “Por mi raza hablará la desigualdad”.

Los sociólogos Patricia Solís, Braulio Güémez y Virginia Lorenzo ofrecen un estudio de las características étnico-raciales en la desigualdad de oportunidades de México, y que a decir de algunos de sus comentaristas, tiene como objetivo demostrarnos que no somos lo que pensamos, por medio de reflexiones profundas y de buscar revivir un debate urgente.

La única forma de acceder a una conciencia da igualdad plena, es cuestionando si en nuestra cotidianidad, nosotras y nosotros mismos reforzamos estereotipos negativos o percepciones de inferioridad o vulnerabilidad de una comunidad que percibimos distinta a la nuestra.

Es menester entender, por tanto, la existencia de todos los ámbitos de la otredad y que en cuya diferencia es precisamente donde todos y cada uno de nosotros nos encontramos. Es menester también aquilatar nuestra valiosa herencia pluriétnica y pluricultural, cuya diversidad nos enriquece porque [email protected] la conformamos.

Más allá de la reivindicación de una eterna lucha por acceder a un mundo libre, con justicia y humanidad, es necesario reivindicar un cambio de paradigma para alcanzar una sociedad más auténtica, que verdaderamente viva en comunidad de iguales.

Pero, no se trata tampoco de tolerancia. En su obra “Tolerancia Represiva” Herbert Marcus expone una dura crítica a una forma de tolerancia políticamente correcta que en realidad no debería permitirse, ya que impide construir verdaderas oportunidades para sociedades más avanzadas abiertas, plurales, en suma de iguales. No somos quiénes para tolerar a otro ser humano.

Dejar atrás la discriminación implica repensar la construcción del sí mismo, pero como un sujetos responsables en todas nuestras manifestaciones colectivas. Debemos ya transitar a una sociedad que denuncie la injusticia y todas las formas de violencia y exclusión.

Es menester de una vez por todas, reivindicar la idea liberal de igualdad y abandonar todos los constructos sociales que la contradicen y que no se alinean con la noción elemental de que todas y todos los que habitamos este mundo, tenemos la misma valía.

Si verdaderamente queremos abonar a la solución de este grave mal en México y en nuestras comunidades, debemos ponerla sobre la mesa en lugar de minimizar la cuestión racial. El debate sobre el racismo es precisamente lo que promoverá que cese su difusión.

Renunciar a promover el racismo y la discriminación no es algo tan sencillo como una elección personal; tiene que provenir de un profundo cambio, informado y consciente. Demos el paso.

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