Ciudad de México, julio 15, 2026 16:47
Ciudad de México Medio ambiente Patrimonio urbano

Parques patrimoniales: la memoria verde de la CDMX

La Ley de Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural protege parques y áreas verdes con valor histórico y social.

En Benito Juárez, espacios como el Parque de los Venados, El Hundido y San Lorenzo son símbolos de identidad y resistencia urbana.

STRAFF/LIBRE EN EL SUR

Los parques de la Ciudad de México no son únicamente pulmones urbanos: son también depositarios de memoria colectiva, escenarios de convivencia y referentes patrimoniales. Desde la promulgación de la Ley de Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la CDMX, publicada en la Gaceta Oficial el 29 de octubre de 2020, se estableció un marco jurídico que reconoce a ciertos espacios como patrimoniales y los somete a protección especial. El artículo 19 de dicha norma dispone que los bienes naturales con valor cultural, histórico o social deben inscribirse en el registro patrimonial y gozar de medidas de conservación, lo que implica que no pueden ser objeto de modificaciones que alteren su carácter ni de proyectos inmobiliarios que comprometan su integridad.

En la alcaldía Benito Juárez destacan casos emblemáticos. El Parque de los Venados, también conocido como de la Pólvora, ha sido escenario de ferias, mítines y actividades culturales, y conserva esculturas que remiten a la historia nacional. El Parque San Lorenzo, en la colonia Del Valle, es uno de los más antiguos y se distingue por su templo colonial y un entorno que refleja la evolución urbana. Incluso parques de menor tamaño, como los de la colonia Nápoles, funcionan como puntos de encuentro vecinal y espacios de resistencia frente a la densificación. Y desde luego el “Luis G. Urbina”, mejor conocido como Parque Hundido, un ícono de la Ciudad de México.

Estos lugares no solo ofrecen áreas de esparcimiento, sino que son testimonios vivos de la transformación urbana. Su carácter patrimonial obliga a las autoridades a garantizar su mantenimiento y a los vecinos a defenderlos como parte de su identidad. Sin embargo, la presión inmobiliaria, la falta de mantenimiento y la contaminación son amenazas constantes. Aunque la ley establece mecanismos de protección, su aplicación depende de la vigilancia ciudadana y de la voluntad política. En varios casos, los vecinos han tenido que organizarse para impedir obras que comprometen la vocación de los parques.

La importancia de estos espacios es múltiple. En el plano ecológico, regulan la temperatura, capturan contaminantes y ofrecen hábitat para especies urbanas. En el cultural, son escenarios de festividades, ferias y actividades comunitarias. En el histórico, conservan monumentos, esculturas y trazos urbanos que narran la evolución de la ciudad.

La figura de parque patrimonial es, en suma, una herramienta legal y simbólica para preservar la memoria verde de la capital. En Benito Juárez, estos espacios son parte esencial de la vida cotidiana y de la identidad barrial. Su defensa no es solo un asunto ecológico, sino también cultural y político: protegerlos significa garantizar que la ciudad conserve su historia y su carácter comunitario frente a la vorágine del desarrollo urbano.

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