Ciudad de México, junio 12, 2024 21:09
Revista Digital Agosto 2023 Vestigios

Regreso a Chapultepec

Un recorrido fascinante de cinco horas por el entrañable bosque

Libre en el Sur rescata los sitios más emblemáticos del viejo bosque, uno de los parques urbanos más grandes y hermosos del mundo, que cada año es visitado por más de 10 millones de paseantes, tanto nacionales como extranjeros.

TEXTO: FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI

FOTOS: FRANCISCO ORTIZ PARDO

La palabra es: entrañable. Ese término describe como ningún otro lo que es para muchos de nosotros el Bosque de Chapultepec. 

El Carrousel.

Regresar a Chapultepec –concretamente a su primera sección– representa para los capitalinos la posibilidad de rescatar mucho más que los mejores recuerdos de la vida. Es revivir momentos que en nuestra infancia, en nuestra adolescencia, en nuestra juventud quedaron grabados para siempre.

Todos, en algún momento de nuestra existencia, tuvimos contacto con el singular bosque urbano, uno de los más grandes del mundo, que guarda en sus entrañan un sinfín de atractivos… y remembranzas.

En ocasión de la celebración del primer centenario del zoológico, fundado en 1923 por el biólogo mexicano Alfonso L. Herrera, Libre en el Sur realizó un amplio, intenso y sorprendente recorrido de 6.4 kilómetros en torno al Cerro del Chapulín, con  casi cinco horas de duración. Y resultó inolvidable.

A partir de la llamada Entrada de las Flores, donde se encuentra el mercado “Cambio de Dolores” llamado así en recuerdo del punto en el que se bifurcaban las vías del tranvía que conducían a San Ángel una, (que pasaba por Tacubaya, San Pedro de los Pinos y Mixcoac),  y al panteón de Dolores otra, lo que implicaba materialmente trepar por la hoy avenida de los Constituyentes –antes Madereros– hasta el insigne camposanto capitalino, el recorrido incluyó varias de las más significativos lugares de ese paseo ancestral. 

Ahuehuete El Sargento. Data de hace 500 años.

Para nuestra sorpresa, y alegría de chicos y grandes, encontramos un hermoso carrusel profusamente iluminado, junto al cual está la nueva Casa de los Espejos, en remolque móvil.

Para tener una visión general e inicial del parque, que por cierto se encuentra limpio y muy cuidado, una buena idea es hacer un primer recorrido a bordo del trenecito, un convoy de cinco vagones fabricado en Italia que reproduce los ruidos característicos de un ferrocarril y que visita los lugares más tradicionales de la Primera Sección. Su estación de partida se encuentra a un lado del Altar de la Patria, conocido también como Monumento a los Niños Héroes, otro punto que hay que visitar.

A pie, nuestro punto inicial, con orígenes prehispánicos por cierto, son los Baños de Moctezuma, que era hasta antes de la Colonia un estanque donde se almacenaba el agua proveniente de los manantiales para alimentar a la Gran Tenochtitlan. Según algunas tradiciones, el emperador acudía a ese sitio rodeado de centenarios ahuehuetes a disfrutar del solaz y la meditación.

En el Museo del Caracol.

Enseguida encontramos la llamada Casa Colorada, donde actualmente se imparten talleres de artes plásticas gratuitos y la Fuente de la Templanza, que conserva todavía su grandeza de antaño.

Cerca de ahí está el castillito que fue la comandancia de los guardabosques y que hoy está convertido en un museo de sitio en el que se exhiben fotos, planos y otros elementos que dan al visitante una idea sucinta de la historia, las dimensiones y los lugares emblemáticos el viejo Bosque.

El gentío entre ambulantes.

Fuera de ese recinto se exhibe una de las góndolas que en los años 70 del siglo pasado eran usadas para pasear a los turistas, aunque torpe e inexplicablemente expuesta a la intemperie se encuentra lastimosamente deteriorada.

Nuestro Bosque de Chapultepec es visitado cada año por más de diez millones de paseantes, tanto nacionales como extranjeros.

Justo detrás, está el edificio administrativo que alberga a la dirección general del Bosque de Chapultepec, del que mana otra fuente. Lo recomendable es a partir de este punto encaminarse hacia el acceso por una rampa que circunda el cerro al Castillo de Chapultepec, sede del Museo Nacional de Historia.

Al inicio del ascenso se encuentra otra construcción histórica que fue el recinto de los guardias del Castillo y en el que durante tres décadas se convirtió en la Casa de los Espejos, un divertimento singular para los paseantes.

Aunque ya no funciona el elevador que permitía un acceso rápido y directo al Castillo, ascender a pie por la rampa no implica un esfuerzo mayor y se puede hacer de unos 15 minutos. Faltan sin embargo facilidades para personas mayores y discapacitadas.

Área para pic-nic.

El gran atractivo sigue siendo el centenario zoológico, en el que se exhiben –ahora en modernas instalaciones–, más de dos mil 200 animales de 235 especies distintas, en escenarios que respetan relativamente el habitan natural de esas criaturas.

Antes de llegar a la cima, a mano derecha, se encuentra el llamado Museo del Caracol, en realidad una  galería histórica de historia  conformada por dioramas y maquetas que repasan desde la Independencia hasta la Revolución. El sitio, a cargo del INAH,  está admirablemente bien conservado.

El Castillo, por su parte, alberga uno de los más importantes museos de historia de la ciudad y del país. El recinto fue terminado de construir en 1788, en pleno Virreinato. Abarca desde la Conquista y formación de la Nueva España hasta los albores del siglo XX. Asimismo, el museo hace énfasis en la historia propia del Castillo de Chapultepec, en especial en aquellos episodios en los que fue un importante escenario como la Intervención estadounidense y el Segundo Imperio.

El Castillo y la vieja Casa de los Espejos.

Especialmente interesantes son las salas que recrean la vida cotidiana durante, cuando el edificio fue ocupado por el emperador Maximiliano de Habsburgo y la emperatriz Carlota (1864-1867). En la parte central del recinto, a la mitad de una terraza abierta, se encuentra el Alcázar del Castillo, que también puede ser visitado.

Al descender del cerro conviene encaminarse a otro lugar entrañable: el antiguo lago de Chapultepec. O los lagos, que son dos: el menor y el mayor, éste último acondicionado para la circulación de lanchas de remo y embarcaciones impulsadas por pedales, que permiten disfrutar de una de las diversiones tradicionales del lugar.

El trenecito italiano.

Visita obligada es la Casa del Lago, actualmente encomendada a la UNAM. Además de la belleza propia de la construcción, a la vera del lago, regularmente se realizan en ella diversas actividades culturales, como conciertos, exposiciones y conferencias.

Hay una zona de fondas donde se puede hacer un alto para disfrutar un refrigerio, que puede ser algún antojito típico como las enchiladas, los pambazos o los tlacoyos, además de aguas frescas y algunas golosinas. En este tema podrían hacerse mejoras, para dignificar su aspecto físico y cuidar mejor su higiene, así como una debida protección ante las inclemencias del tiempo.

No es grato tampoco el aspecto que ofrecen a los largo de la calzada principal, conocida como La Milla, decenas de puestos de vendedores informales que ofrecen fritangas, refrescos y golosinas y que igualmente pudieran ser objeto de un ordenamiento mejor.

Con “changuitos” en sus cabezas.

Está el castillito que fue la comandancia de los guardabosques y que hoy está convertido en un museo de sitio en el que se exhiben fotos, planos y otros elementos que dan al visitante una idea sucinta de la historia, las dimensiones y los lugares emblemáticos el viejo Bosque.

El gran atractivo sigue siendo el centenario zoológico, en el que se exhiben –ahora en modernas instalaciones–, más de dos mil 200 animales de 235 especies distintas, en escenarios que respetan relativamente el habitan natural de esas criaturas.

Así podemos observar diferentes especies de monos (mono araña, orangután, chimpancé, mandril, macaco), fieras como tigres, leones, pumas y jaguares, animales mayores como jirafas, elefantes, rinocerontes, cebras, canguros, así como una extensa variedad de aves contenidas en un aviario, además del mariposario, el serpentario y el nuevo museo del ajolote. El gran atractivo es Xin Xin, el único ejemplar de panda gigante, ahí reproducido, que aun sobrevive.

Entrada al Zoológico.

Para nuestra sorpresa, y alegría de chicos y grandes, encontramos un hermoso carrusel profusamente iluminado, junto al cual está la nueva Casa de los Espejos, en remolque móvil. Cerca de ahí hay un área de juegos recreativos, que incluyen puentes colgantes de dos niveles y sendas tirolesas.

El postre del paseo, y vaya que lo es, se encuentra en la zona más boscosa del parque: el Paseo de los Poetas, donde hay bustos de afamados escritores mexicanos y donde se ubica la escultura que ilustra nuestra portada, y la joya de la corona: la histórica Fuente del Quijote, cuya historia, importancia y belleza merecen ser descritos en otro texto, en esta misma edición.

Plaza de comida.

Nuestro Bosque de Chapultepec es visitado cada año por más de diez millones de paseantes, tanto nacionales como extranjeros. Es uno de los grandes atractivos de la capital, que compite por sus dimensiones, su historia y su belleza con los parques urbanos más afamados del mundo. Pasada la contingencia por la pandemia, es momento idóneo para visitarlo y disfrutarlo. Esperamos que el presente texto sea una buena guía para su recorrido. Suerte.

Una de las góndolas eléctricas que se usaron en los años setenta.
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