La SEP del ‘ahí se va’
Claudia y Mario. Foto: Moisés Pablo / Cuartoscuro
Que sí, que no… se hacen bolas Claudia Sheinbaum y Mario Delgado con el calendario escolar
STAFF / LIBRE EN EL SUR
Claudia Sheinbaum y Mario Delgado volvieron a enredarse con el calendario escolar. Primero sí, luego quién sabe, después siempre no… y al final millones de familias quedaron atrapadas otra vez en la improvisación burocrática disfrazada de política educativa.
Porque el problema no es únicamente si el ciclo escolar termina antes o después. El problema es la manera en que el gobierno comunica, rectifica, filtra, desmiente y vuelve a anunciar decisiones que afectan la vida cotidiana de todo el país. Padres de familia, maestros, escuelas privadas, trabajadores y especialmente madres que cargan con el cuidado de las infancias terminan pagando el costo de esa confusión permanente.
La escena parece ya un sello de época: conferencias grandilocuentes, anuncios apresurados y correcciones sobre la marcha. Un día se habla de fortalecer la educación; al otro, de reducir días efectivos de clase porque el calor aprieta, porque viene el Mundial o porque simplemente ya no alcanzó el tiempo para sostener el calendario original. La planeación educativa queda sometida al humor político y a la coyuntura mediática.
Y mientras tanto, la pregunta elemental sigue sin responderse: ¿en qué momento se recuperará el aprendizaje perdido?
México arrastra desde la pandemia uno de los rezagos educativos más severos de América Latina. Las evaluaciones muestran retrocesos en lectura, matemáticas y comprensión básica. Millones de niños presentan vacíos formativos enormes. Pero en lugar de discutir cómo ampliar horas efectivas, reforzar contenidos o mejorar infraestructura escolar frente al calor extremo, la conversación pública termina reducida a si se adelantan vacaciones.
El mensaje que se transmite es devastador: el calendario escolar es negociable, flexible, maleable, casi decorativo.
Y claro, nadie niega la realidad climática. Hay escuelas sin ventilación, sin agua y sin condiciones mínimas para soportar temperaturas extremas. Pero justamente ahí aparece la contradicción más incómoda: durante años se prometió que la “transformación” pondría primero a los niños y a la educación pública. Sin embargo, seis años después, miles de planteles siguen funcionando con infraestructura precaria, ventiladores descompuestos y techos improvisados.
Entonces el gobierno actúa como si el calor fuera una sorpresa tropical descubierta apenas ayer.
La confusión entre Claudia y Mario Delgado además exhibe otro fenómeno: la obsesión política por anunciar antes de planear. Se comunica primero para generar impacto y después se intenta ordenar el desastre administrativo. Así, cada declaración abre nuevas dudas: ¿aplica para todos?, ¿solo para educación básica?, ¿habrá ajustes estatales?, ¿qué pasa con escuelas privadas?, ¿cómo se reorganizan los padres trabajadores?
Y como suele ocurrir, el costo invisible recae sobre las mujeres. Son ellas quienes, de manera desproporcionada, absorben el trabajo adicional cuando se modifican horarios o se extienden vacaciones de manera repentina. Mientras el gobierno juega al “sí pero no”, millones tienen que hacer malabares entre empleo, cuidados y logística familiar.
La Nueva Escuela Mexicana terminó pareciéndose demasiado al viejo estilo burocrático nacional: decisiones improvisadas, comunicación confusa y una fe casi religiosa en que todo se resolverá “sobre la marcha”.
Porque en la SEP ya no gobierna la certeza. Gobierna el “ahí vemos”.
















