Siguen cayendo árboles en BJ; ahora otra jacaranda en Del Valle
Fotos: Libre en el Sur
La jacaranda cayó al anochecer sobre dos automóviles en Moras, casi esquina con Félix Cuevas; en uno de ellos viajaban dos personas que estuvieron a centímetros de sufrir una tragedia.
El segundo vehículo quedó prácticamente inservible al recibir de lleno la parte más pesada del árbol, mientras vecinos cuestionan la falta de poda preventiva y de una política integral para atender ejemplares enfermos y combatir plagas.
STAFF / LIBRE EN EL SUR
Otra jacaranda de grandes dimensiones cayó al anochecer el martes 25 en la colonia Del Valle Sur, alcaldía Benito Juárez, y terminó sobre dos automóviles en la calle Moras, casi esquina con Félix Cuevas.
El golpe fue brutal.
Uno de los vehículos resultó severamente dañado por la caída del árbol. En su interior viajaban dos personas que estuvieron a centímetros —literalmente— de sufrir una tragedia. Por fortuna, ambas lograron salir ilesas.
El segundo automóvil sí quedó prácticamente sepultado por el ejemplar y prácticamente inservible, al caerle de lleno la parte más pesada del árbol, correspondiente al tramo del tronco más cercano a la raíz.
Bomberos acudieron al lugar para atender la emergencia y realizar las labores de seccionamiento y retiro del ejemplar, que quedó atravesado sobre la vialidad.
La imagen resulta elocuente: una jacaranda madura, de considerable diámetro y desarrollo, arrancada de raíz. Por sus dimensiones, podría tratarse de un ejemplar de entre 40 y 60 años de edad, aunque la edad exacta sólo podría determinarse mediante un análisis especializado de sus anillos de crecimiento.
Pero la pregunta que queda después de que un árbol cae no es solamente por qué cayó.
Es por qué no se detectó antes que podía caer.
Cuando la prevención llega después
Benito Juárez no carece de obligaciones ni de normas para atender su arbolado. Todo lo contrario.
La legislación ambiental de la Ciudad de México establece que la autoridad debe realizar el inventario del arbolado urbano, evaluar su estado fitosanitario y monitorear las plagas y enfermedades que afectan las áreas verdes. También contempla acciones para los árboles que representan un riesgo.
La poda tampoco debería entenderse como una reacción ante una emergencia. Las normas ambientales establecen criterios técnicos para realizarla y mejorar o restaurar la estructura de los ejemplares.
El problema es que, frente a la caída de árboles, la percepción de vecinos es otra: una autoridad que aparece con cuadrillas y motosierras cuando el árbol ya está en el suelo, en lugar de contar con una estrategia suficientemente visible para anticiparse al riesgo.
No se trata de podar por podar. Tampoco de derribar árboles maduros para evitar responsabilidades.
Se trata de conocerlos.
Saber cuáles están sanos, cuáles presentan enfermedades, cuáles tienen hongos o pudriciones, cuáles están debilitados, cuáles requieren saneamiento, cuáles necesitan una poda estructural y cuáles, llegado el caso, deben ser retirados antes de que se conviertan en una amenaza.
La propia Alcaldía Benito Juárez ha informado de dictámenes realizados a árboles en riesgo y de intervenciones en parques donde se han encontrado ejemplares muertos en pie o afectados por hongos y bacterias.
Pero una cosa es atender árboles cuando ya fueron reportados o cuando existe una emergencia y otra, muy distinta, contar con una política pública de prevención capaz de anticipar los riesgos de un arbolado urbano que en buena parte está compuesto por ejemplares maduros.
Hasta ahora no existe una comunicación pública suficientemente clara que permita conocer el diagnóstico integral del arbolado de Benito Juárez: cuántos ejemplares están enfermos, cuántos están catalogados como de riesgo, qué plagas o enfermedades han sido detectadas, cuáles requieren tratamiento, cuál es el calendario de poda preventiva y cuáles son las metas de recuperación y sustitución.
Y eso es justamente lo que debería conocerse antes de que otro árbol termine sobre un automóvil.

Parques que también son patrimonio
El problema adquiere otra dimensión en el caso de los parques patrimoniales de Benito Juárez.
No se trata simplemente de áreas verdes municipales. La legislación de la Ciudad de México reconoce como espacios abiertos monumentales varios parques de la alcaldía, entre ellos Tlacoquemécatl, Francisco Villa —Parque de los Venados—, Luis G. Urbina —Parque Hundido—, Miguel Alemán y Felipe Xicoténcatl.
Su condición patrimonial implica obligaciones específicas de conservación, mantenimiento y restauración. La legislación establece mecanismos de inventario y conservación para estos espacios y contempla instrumentos destinados a preservar los valores que justificaron su protección.
La Ley de Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México contempla, además, instrumentos de salvaguarda y planes de manejo como herramientas para evitar el deterioro o pérdida de los bienes patrimoniales.
De ahí que resulte legítimo preguntar dónde están los planes de manejo y conservación del arbolado de esos espacios patrimoniales.
Porque un parque patrimonial no puede reducirse a mantener limpio el pasto, recoger basura o pintar mobiliario.
También hay que conservar sus árboles.
Y para eso hace falta diagnóstico, mantenimiento, prevención de plagas y enfermedades, poda técnicamente adecuada, seguimiento de los ejemplares y, cuando sea indispensable, sustitución bajo criterios que preserven el carácter del espacio.
No basta con plantar árboles nuevos si al mismo tiempo se pierde, por falta de atención preventiva, el arbolado maduro que durante décadas dio sombra y estructura a esos parques.
Esta vez fueron centímetros
La caída de la jacaranda de Moras no fue una estadística.
Fue un árbol de varias décadas que terminó sobre dos automóviles.
En uno viajaban dos personas. El árbol cayó a centímetros de ellas.
El otro vehículo recibió de lleno la parte más pesada del ejemplar, el tramo inferior, cercano a la raíz, y quedó prácticamente inservible.
Bomberos tuvieron que acudir para enfrentar las consecuencias de un árbol que, hasta ese momento, formaba parte del paisaje cotidiano de la colonia Del Valle.
La diferencia entre un accidente aparatoso y una tragedia, esta vez, fue mínima.
Fueron centímetros.
Pero una política de arbolado urbano no puede depender de que esos centímetros vuelvan a existir.
La prevención tiene que ocurrir antes.
















