OPINIÓN.

RODRIGO CORDERA THACKER

Las protestas sociales siempre hacen ruido, algunas causas traen consigo muchos watts, otras menos. Pero una protesta que involucre al transporte público, en especial a los taxistas de la gran ciudad, y a los choferes de Uber nos debería generar preguntas.

Como usuario me podría situar a favor o en contra de los taxistas o de Uber, pero en este caso más bien abogo por ambos, ya que a mi parecer los dos padecen de precariedad laboral, independientemente de si nos gusta o no su servicio.

Ni los choferes de Uber o “supuestos socios” ni los taxistas cuentan con seguridad social, entre otros beneficios que todo trabajador merece.

Foto: Cuartoscuro.

 

El caso de Uber es mucho más preocupante ya que las ganancias de este gigante de Sillicon Valley pueden llegar a ser obscenas y nuestra carga fiscal contra ellos es también obscena, nula vamos. Los taxistas no tienen a un solo sindicato, ni una organización democrática que abogue por ellos.  Padecen del caciquismo impulsado años atrás, del desprecio de una capa de la sociedad, y de la corrupción rutinaria.

Los taxistas están sujetos al capricho de la estética preferida del gobernante en turno, mientras los de uber fiscalizados mediante una plataforma digital.

Los compañeros de Uber sufren de la despersonalización de los servicios y de sus derechos básicos y deben de lidiar con llamadas interminables con un conmutador, solo para aclarar algo, o recibir un pago que de igual manera, digitalmente se les quitó sin justificación.  Imagínense que su jefe fuera inalcanzable, que antes de poder hablar con su superior, tuvieran que esperar con música de elevador, digitar varios números que te regresan al menú principal o simplemente después de 30 minutos te dicen que esa situación se ve en la oficina, y debes de sacar una cita, y de nueva cuenta suena la música de elevador. Esto ocasiona películas como “día de furia” o “relatos salvajes” .

Ambos sufren de un capitalismo sin freno que considera que sus empleados deben de aguantar este atropello.

Una clase pequeña de la sociedad mexicana salió a dar su apoyo a Uber. La misma defenestró el servicio de los taxistas. Debería existir una corriente que se solidarice con ambos. Los dos gremios proveedores de servicio buscan seguir trabajando. Y deberían seguir trabajando, pero con mejores condiciones de vida.

La cuarta transformación deberá tocar el tema de lo laboral de manera profunda. Y los trabajadores de nuestra república deberíamos aspirar a la concreción de más sindicatos democráticos, que estén pendientes de los cambios tecnológicos que vienen y se organicen para afrontar los choques de los cambios del futuro (ya nos alcanzó) .

Uber es una realidad que revolucionó al transporte con el poder de la tecnología y el mercado. Más no emancipó al trabajador, ni mejoró sus condiciones de vida.

Los taxistas y los choferes de Uber nos darían un aire de esperanza, si se juntaran para luchar en mejora del trabajador y en la búsqueda de acrecentar sus derechos laborales y por ende de toda la población.

Al igual que el sindicalista del estado debería apoyar al compañero de honorarios, y los outsourcing de call centers a los compañeros de limpieza, también de outsourcing.

Para lo que viene, se necesitan más sindicatos. Para la automatización del trabajo necesitamos unidad,  siempre popular.

 

 

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francisco

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