Ciudad de México, abril 19, 2024 02:57
Opinión Víctor Manuel Juárez Cruz

ROLANDO ANDO: UNAM, presagio de tormenta huracanada

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.

La UNAM deberá hacer valer las formas que se dio para gobernarse y llevar los procesos en paz y en absoluta autonomía. El diálogo debe ser el camino.

POR VÍCTOR MANUEL JUÁREZ

Las aguas se agitan violentas en señal de tormenta en la máxima casa de estudios del país. Paros, tomas de planteles, marchas y mítines, amenazas de bombas, brutalidad desmedida contra el patrimonio universitario por grupos de feministas encapuchadas. Hay indignación estudiantil por varias demandas no cumplidas, principalmente las relativas al abuso y el acoso sexual al interior de las instalaciones.

Todo ello aprovechado por grupos externos e internos interesados en influir –desde ahora—en la sucesión en Rectoría. El primer paso ya se dio: agitar a la comunidad estudiantil y movilizarla. Vendrán cosas peores como cuestionar las formas de gobierno que se han dado los universitarios, y que hasta ahora han funcionado. Es decir, la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) será impugnada y señalada, no obstante a que ésta integrada por notables egresados que han tenido la inteligencia de mantener los equilibrios. El objetivo es claro: influir en la sucesión e imponer un Rector o Rectora a modo.

Las recientes tomas de escuelas y facultades, los paros y amagos por grupos de encapuchados y de grupos feministas radicales sirven para enturbiar, desde ahora, el ambiente y que el cambio en la dirigencia de la UNAM sea agitado para fines políticos.

Cabría recordar que la llegada del rector Enrique Graue no estuvo exenta de sobresaltos. Entonces había varios aspirantes, con calidad académica comprobada, como el doctor Francisco Bolívar Zapata, premio Prince de Asturias en Ciencia. En la recta final quedaron la doctora Rosaura Ruiz, ex directora de la Facultad de Ciencias y Sergio Alcocer, ex director del Instituto de Ingeniería. Sólo que ambos polarizaron las preferencias, pues se decía que la primera estaba muy identificada con la izquierda y el segundo con la derecha. Sabiamente, la Junta de Gobierno optó por una persona que conciliaría y equilibrara.

Hoy, los notables de la Junta deberán tejer más fino y delicado, pero sobre todo no dejarse presionar en su decisión. La UNAM deberá hacer valer las formas que se dio para gobernarse y llevar los procesos en paz y en absoluta autonomía. El diálogo debe ser el camino, no hay otro al interior de la UNAM.

A nadie conviene lo visto esta semana. Mujeres encapuchadas tratando de incendiar la Torre de Rectoría, atacando al patrimonio universitario y quemando una bandera nacional. No es con violencia como se escucharán sus demandas y resolverán. Hay un solo camino que es el diálogo y al que han invitado las autoridades de la UNAM. Me consta la respuesta positiva de las autoridades universitarias por resolver los problemas de violencia de género, los abusos y hasta una violación, así como los de inseguridad que afectan al alumnado. Habría que preguntarles a los ocupantes del auditorio Justo Sierra, que tanto quieren hablar y no incendiar.

Un viejo y querido amigo me pidió mi opinión; esto le comenté:

De siempre, la Universidad Nacional Autónoma de México es vista como un botín político para grupos internos y externos. Su control llama la atención de quienes detentan el poder. Así, mientras se vaya aproximando la sucesión en Rectoría –prevista para el otoño del 2023–, fecha en que termina el segundo periodo del rector Enrique Graue, las asechanzas, presiones y movilizaciones se irán multiplicando.

Las recientes tomas de escuelas y facultades, los paros y amagos por grupos de encapuchados y de grupos feministas radicales sirven para enturbiar, desde ahora, el ambiente y que el cambio en la dirigencia de la UNAM sea agitado para fines políticos y buscar la imposición de quien debe conducir los destinos de la máxima casa de estudios. Los grupos y personajes van de la izquierda moderada a la izquierda extrema y radicalizada. La derecha, con la desaparición del Muro –grupo de extrema derecha y que por años violento el campus, poco tiene que hacer. Es más, ni siquiera al PAN le interesa mucho lo que suceda en los rumbos de Insurgentes Sur. Ni Vicente Fox, ni Felipe Calderón hicieron mucho por influir en el cambio.

Debe recordarse que el largo paro de nueve meses que afecto la vida académica fue impulsado entonces por el Consejo Estudiantil Universitario –del que formaran parte, en sus inicios, Carlos Imaz, Martí Batres y la misma gobernadora de la capital Claudia Sheimbaun–. El renovado CEU fue encabezado por Fernando Belauzaran, Inti Muñoz, quienes recibían recursos desde el gobierno capitalinos, entonces encabezado por Rosario Robles. Sin embargo y conforme pasaba el tiempo el movimiento se radicalizaba hasta ser tomado y encabezado por el Consejo General de Huelga (CGH), quienes se cerraron a toda negociación hasta que tumbaron a Francisco Barnés de Castro de la Rectoría.

Hoy se sabe que los antiguos Ceuistas quieren retomar el control de la UNAM en la búsqueda de imponer un rector o rectora a modo del gobierno de la 4T. El campo es fértil, pues hay una serie de demandas estudiantiles que no han podido ser resueltas y de las que se montan los diversos grupos. Cuestiones de género, de abuso, de inseguridad y hasta de movilidad han surgido en los pliegos petitorios.

Algunos de los observadores de la vida universitaria apuntan directamente al Colectivo Axolotl, un grupo creado para propagar el mensaje presidencial y la filosofía de Morena. La idea, crear una universidad de masas, popular y sin criterios académicos para su ingreso y egreso

Dicho colectivo tiene presencia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, Derecho, Filosofía y Letras, Psicología y en la FES Aragón. Sus dirigentes, como Camilo Villanueva, Tlacaélel Garduño y Aarón Pineda, son ligados a Martí Batres, el primero, y a Jesús Ramírez Cuevas los dos últimos. Es decir que las mismas izquierdas se disputan el control de la UNAM.

Desde el púlpito de Palacio Nacional se ha señalado insistentemente que la UNAM se aburguesó y derechizó y que sus estudiantes y egresado son aspiracioncitas. Nada tan cierto, pues la mayoría de sus estudiantes provienen de familias clase medieras, medias y bajas, aunque también hay hijos de trabajadores y campesinos, que buscan ascender en la pirámide profesional.

Un caso puede dar la pista. Desde su llegada a la dirección de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, la actual administración, encabezada por la doctora Carola García, ha sido puesta en jaque. Luego de un largo periodo de clases a distancia –obligadas por la pandemia–, el retorno ha sido complicado por los paros y demandas de colectivos feministas. El colmo y que obligo a un nuevo cierre fue el aviso, desde le C5 de la colocación de una bomba o artículo explosivo.

Después de larga horas de búsqueda, el explosivo no fue encontrado, porque simplemente no lo había. El aviso de C5 fue una falsa alarma hecha desde el mismo centro de operaciones especiales del gobierno capitalino. Muchos ojos apuntaron a la figura de Arturo Chávez, ex secretario general de la facultad, quien ahora labora para el gobierno capitalino.

La fórmula funcionó y el 18 de octubre tocó a la FES Cuatitlán ser cerrada por una amenaza de bomba, y como el primer caso, se afectó la vida académica y la bomba no explotó, porque no la había. También la semana pasada las instalaciones de FES ACATLAN tuvieron que ser resguardadas y ante un notario público dar fe de los daños de a la infraestructura y equipo técnico. Ese mismo día Feministas Organizadas independientes del CCH Sur levantaron la voz ante la reciente violación de una joven al interior de las instalaciones.  Demasiadas coincidencias.

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