Ciudad de México, enero 5, 2026 21:37
Dar la Vuelta Opinión Patricia Vega

DAR LA VUELTA / De vecinillos de caricatura a vecinos de carne y hueso

Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores.

“Hago votos para que este 2026 seamos capaces de ponernos de acuerdo y vivir en un vecindario como el que se retrata en Springfield”.

PATRICIA VEGA

Ojalá todos los vecinos que, por azar, conviven en un condominio, un edificio de departamentos o una unidad habitacional fueran como “el vecinillo” Nedward ‘Ned’ Flanders o simpplemnte ‘Flanders’ de la popular serie de televisión de dibujos animados Los Simpson. 

Según el patriarca de la serie, Homero Simpson, Flanders es “peor que Frankenstein y el Dr. No”; sin embargo, conforme transcurren las temporadas, vemos que Flanders es, en el fondo, el más amigable y compasivo de todos los habitantes de Springfield.

Ojalá se pudiera trasladar esta fantasía a la convivencia real entre vecinos. Sucede que, muchas veces, una comunidad vecinal convive de manera afable y pacífica hasta que, de un día para otro, llega al colectivo un nuevo elemento que, lejos de integrarse al grupo de existencia previa, busca imponer sus propias reglas con lo que rompe con la armonía alcanzada mediante el esfuerzo de todos.

Nada más difícil que lograr una convivencia condominal o vecinal equilibrada. No es raro que tome mucho tiempo crear esos lazos cuyo único fin es lograr el bien común en determinado conjunto habitacional.  Es una convivencia que se sostiene con alfileres después de atravesar por múltiples asambleas en la que las distintas propuestas son sometidas a votación. Gana la que obtenga más del cincuenta por ciento de los votos.

Sin el apoyo de la Ley de propiedad en Condominio de inmuebles para el Distrito Federal –actualizada y adicionada a partir del 11 de febrero de 2000– v cuya aplicación es sancionada por la Procuraduría Social (PROSOC ) de la Ciudad de México, difícilmente se llegarían a aplicar los acuerdos tomados en las asambleas condominales. Es frecuente leer noticias que dan cuenta de pleitos entre vecinos que empiezan con airadas discusiones y acaban en riñas a puñetazos. Eso sucede en todas las demarcaciones de la ciudad sin importar el nivel socioeconómico del rumbo.

Preocupado por mantener la  precaria armonía lograda a través de muchos años de esfuerzo en un complejo y  difícil toma y daca, un condómino del edificio en el que habito pensó en un mecanismo para mantener la buena marcha y convivencia pacífica en el condominio: propuso que antes de que se integraran al condominio loa nuevos candidatos ya fuese en su calidad de propietarios o inquilinos, se realizara un proceso de auscultación, es decir, un proceso de exploración previa y profunda para conocer de manera más completa al futuro condómino o vecino. Y añadió que, de manera recíproca, sería conveniente que el candidato a vivir en una unidad condominal privada o edificio de departamentos conociera con anticipación los usos y costumbres, es decir los acuerdos y reglamentos existentes, que rigen a la comunidad a la que aspiran integrarse.

Confieso que la primera vez que oí su propuesta hace unos cinco años, me pareció exagerada y poco pertinente; la consideré como una limitación a la libertad de los propietarios para rentar sus bienes. Sin embargo, el paso del tiempo me ha confirmado con creces que mi vecino tenía razón y que si hubiésemos aplicado el proceso de verificación que él proponía nos hubiéramos ahorrado por lo menos la mitad de los dolores de cabeza que hemos tenido.

Hago votos para que este 2026 seamos capaces de ponernos de acuerdo y vivir en un vecindario como el que se retrata en Springfield que, sin ser perfecto, nos ha llevado a disfrutar la convivencia con el humor ácido de la popular “familia amarilla” –Homero, Marge, Bart, Liza y Maggie– y sus vecinos y conciudadanos imaginados por el genial creador de Los Simpson, Matt Groening.

¡Qué así sea!

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