POR MARÍA LUISA RUBIO GONZÁLEZ

Ayer fue 2 de octubre. Casi obligadamente este texto tendría que hablar de la matanza de Tlatelolco. Y de eso va. ¿Cuánto sabemos de lo que pasó aquel 2 de octubre de 1968?. Ese fue el año en el que mis padres se casaron; yo nací un año después. El eco del peligro en aquella época de ser jóven y estudiante me llega en el vago recuerdo de mi primo, estudiante de ingeniería en el Politécnico, con la cara más negra que morada, convaleciente de una golpiza. “Fueron los porros”, escuchaba platicar a los mayores, y desde entonces la palabra “porro” se quedó en mi cabeza como sinónimo de peligro salvaje. “Nos aventaban las tapas de las coladeras”, platicaba otro primo. Mi mamá sólo movía la cabeza.

¿Cuál es la verdad sobre aquella tarde de octubre?. ¿Quién dio qué instrucciones, a quién se las dio?. ¿Cuál fue el fundamento legal que le permitió al ejército disparar en contra de una multitud de jóvenes desarmados? ¿Cuál fue la motivación? ¿Qué consideraciones se hicieron para justificar esa matanza? ¿Que eran activistas de izquierda, que servían a un gobierno extranjero, que el movimiento estaba manipulado para provocar? ¿Que el gobierno se enfrentaba a una generación que le hablaba a la cara, que le exigía, y que no podía permitir que “se le subieran a las barbas”?. ¿Sabremos alguna vez esas respuestas?

Foto: Archivo UNAM

 

¿Y en el caso Aguas Blancas? ¿y en el caso Atenco? ¿y en el caso Ayotzinapa? ¿y en el caso Tlatlaya?

¿Y en el asesinato del activista contra el Nuevo Aeropuerto, de antier?.

¿Cuál es la verdad sobre la muerte de los cientos de personas cuyos cuerpos recorren las carreteras en cajas refrigeradas? ¿Dónde están las decenas de personas que un día salieron de su casa y no regresaron más?

¿Dónde se encuentra la verdad en este país que acumula conmemoraciones a sus muertos? Muertos por la violencia del Estado. Muertos por la violencia del crimen. Muertas por la violencia del machismo. ¿Dónde está la verdad, dónde podemos empezar a preguntar por nuestros muertos? ¿dónde preguntamos por nuestros vivos? ¿dónde preguntamos? ¿a quién?.

¿Cuántas personas murieron aquella tarde en la plaza de Tlatelolco?. ¿Cuántas más en casas de seguridad, en el campo militar número 1, en las cárceles de Lecumberri, Santa Martha, las Islas Marías? ¿Dónde están sus cuerpos? ¿Dónde están quienes reclamaron sus cuerpos?

¿Qué ha cambiado de 50 años a la fecha? ¿Tenemos más acceso a la verdad?. Nos responde la ominosa “verdad histórica” del Estado. Nos responden las personas que se cansaron de preguntar y recorren el país buscando a sus personas queridas, muertas o vivas. Y es que, claro, no son preguntas fáciles de responder.

¿Y las preguntas más sencillas, sobre asuntos menos graves, tienen respuesta? Señor funcionario: por qué se contrató a una empresa con $6 millones de pesos para remodelar una cancha que no requiere remodelación?. Respuesta: Para mejorar las condiciones del espacio. Pregunta: ¿Por qué gastar dinero en una cancha que no requiere remodelación, que los vecinos no quieren que se remodele, y no en otra cosa que realmente se requiera?. Respuesta: Porque la ley me lo permite.

¿Qué nos interesa saber sobre lo que hace el gobierno? ¿Sabemos a quién preguntarle, sabemos qué preguntar? ¿Nos interesa saber ? ¿Sabríamos qué hacer con las respuestas?

¿Vamos a saber qué hacer con las respuestas sobre todos nuestros muertos? Porque las vamos a saber, tarde o temprano, si no todas, algunas. ¿Le vamos a exigir al gobierno en turno que haga justicia y compromiso de no repetición? ¿En México aprenderemos finalmente que sin verdad y justicia no hay paz social?

“2 de octubre no se olvida” decimos, porque donde no hay verdad y no hay justicia el último reducto que nos queda es el recuerdo.

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francisco

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