POR LETICIA CALDERÓN CHELIUS

No deberíamos seguir engañándonos. Cada calle, cada esquina, cada metro cuadrado de nuestra ciudad esta regulada por la autoridad. Nada de que se puso un puesto y la Alcaldía no se dio cuenta, nada de que alguien instaló una estructura a mitad de la banqueta y nadie se dio por enterado, y menos, que nos sigan diciendo que por ejemplo hay estructuras como las casetas telefónicas que surgen por generación espontánea y con la pena, no hay ya nada que hacer más que resignarse. No importa que se estén cayendo y no sirvan, que se usen de basureros y en última instancia, que no haya un solo censo sobre la cantidad de estas casetas que hay en la ciudad y menos, que no exista un estudio de la necesidad social para que las instalen como bloque como si hubiera filas enormes para hablar por teléfono.  Que no nos sigan mintiendo o al revés, dejémonos de hacer los inocentes sumisos a la autoridad a la que le creemos lo que nos dice y nos convence de que, ellos no saben qué pasa en las calles bajo su cuidado.

 

En cada calle por donde caminamos todos tenemos que sortear los puestos bien instalados que están ahí para que los notemos, para que tengamos que darles la vuelta, para que de tanto toparnos algún día nos acerquemos. Pero el detalle no esta en el puesto sino en que en cada una de estas “estructuras” hay un anuncio que promueve bancos, empresas, negocios de todo tipo. Ahí esta el punto que explica este asunto, el negocio no son los puestos o los parabuses en si mismos, porque a ver, díganme, ¿cuánto puede ganar un puesto de flores o fritangas por más buena que sea cualquier esquina sobre Insurgentes?¿cuánta gente espera un autobús en un lugar donde no pasa trasporte público?. ¿Cuánto cuesta el metro cuadrado comercial en una Alcaldía como la Benito Juárez?. Entonces, si el negocio no es lo que se vende, ¿quién se beneficia de instalar estructuras que no obedecen a reglamento alguno y son tan caprichosas como reubicables?.

Para acabar pronto y dejar de darle vueltas al asunto, sin autoridad no hay permiso para los puestos del tamaño y giro que sea y sin patrocinadores tampoco. Hay quien paga una jugosa mordida por ocupar un par de metros cuadrados en una avenida súper transitada, pero no para vender sino para promover su marca. Así de simple, el precio por publicidad es infinitamente superior al número de tortas de tamal que se puedan vender por día, aunque sean suculentas.

La autoridad que puede o no ser muy eficaz dependiendo cada Alcaldía sabe exactamente cuando se instala algo, lo que sea, en qué sitio exacto de las calles que controla y si este puesto pagó o no cuota “voluntaria”.  Podrán no ver los baches que en algunos casos empiezan a hundirse de tanto abandono, pero los puestos están perfectamente ubicados.

En el caso de las casetas telefónicas esto es aún más obvio. Las hay hasta para tirar y muy pocas veces están solas. Esto es extraño cuando el 85% de los chilangos tenemos celular y usar teléfono público requiere de una tarjeta que hay que traer o darse el tiempo de ir a comprar a una tiendita, entonces, eso quiere decir que la utilidad de las casetas (las de una marca sobre todo), es realmente marginal, sin embargo, ahí siguen y las instalan como hongos en cuanto hay un espacio que ocupar. ¿Han intentado entrar al metro y se han topado con una barrera de casetas telefónicas? ¿Alguien las esta usando? ¿Ustedes se atreverían a acercar su boca para hablar por sus bocinas?

Entonces ahí esta el detalle, no importa que se usen poquísimo porque la promoción del producto y de la marca es el negocio que miles, sino millones de personas vemos todo el tiempo.

Por eso, mejor dejamos de denunciar puestos y empezamos a exigir el respeto a la ley de uso de suelo que de facto, prohíbe que la autoridad rente las banquetas y menos, que permita y hasta promueva la contaminación visual con tanta publicidad que se nos imponen hasta en la sopa……. y en las quesadillas y tlacoyos de cada esquina.

 

 

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francisco

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