Ciudad de México, noviembre 28, 2022 18:47
Opinión Víctor Manuel Juárez Cruz

Fueron por abrazos, los recibieron a balazos

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A meses de aquel operativo fallido, la fuerza de los chapitos se ha incrementado y ha extendido sus tentáculos a la ciudad capital para dominar, en principio el sur de la ciudad y el corredor que va del Ajusco al estado de México y Morelos.

POR VÍCTOR MANUEL JUÁREZ

El Cortijo es un inmueble abandonado hace más de una década, por sus dueños originales. Ubicado en el kilómetro 28 de la carretera federal México Cuernavaca volvió a cobrar relevancia. El deterioro de las instalaciones y los grafitis ahí pintados, eran el camuflaje perfecto para convertirlo en una casa de seguridad del crimen organizado, hasta que el pasado martes, por denuncias ciudadanas, policías de la ciudad capital llegaron a realizar una inspección de rutina y fueron recibidos a balazos.

Las escenas del enfrentamiento fueron registradas por los diversos noticieros. Propias de una serie televisa como de SWAT, llegaron al lugar cerca de 150 elementos de la Secretaría den Seguridad Pública abordo de diversas unidades entre las que destacaban dos blindados pesados (conocidos como Rinocerontes) y el sobrevuelo de dos helicópteros. Respaldados por elementos de la Guardia Nacional, rodearon el inmueble y tomaron posiciones. Hubo intercambio de fuego con el saldo trágico de un policía gravemente herido y tres más que se recuperan en hospitales.

Horas después ingresaron a la derruida construcción y la sorpresa fue mayúscula. Capturaron a 14 peligrosos sicarios, liberaron a dos secuestrados y decomisaron un armamento propio de guerra: granadas, equipo táctico, diversas pistolas, cartuchos y uno poderoso fusil de asalto llamado Barret, capaz de perforar blindajes a mil 500 metros de distancia. Es decir, con la posibilidad de bajar de un solo tiro a un helicóptero.

La cara de sorpresa del secretario de Seguridad Pública del gobierno capitalino lo decía todo, pero sus palabras fueron contundentes: “sí, tenemos presencia en la ciudad de los diversos cárteles que operan en el país. Y todo indica que está célula pertenece a un grupo de Sinaloa, concretamente los Chapitos”. Es decir, el cártel de Sinaloa, comandado ahora por los hijos del Chapo Guzmán. El mismo que fue liberado en Culiacán para dizque evitar un baño de sangre.

A meses de aquel operativo fallido, la fuerza de los chapitos se ha incrementado y ha extendido sus tentáculos a la ciudad capital para dominar, en principio el sur de la ciudad y el corredor que va del Ajusco al estado de México y Morelos. Ruta y espacio que algún día fue de los Beltrán Leyva, quien fue abatido por elementos de la Marina y fuese la mano derecha del Chapo Guzmán.

Injusto sería restarle méritos al secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, quien acudió directamente al lugar de los hechos para coordinar las acciones y realizar un efectivo operativo, en el cual no se registraron la pérdida de vidas. A los representantes de los medios explicó que “fue una tarea de inteligencia con el apoyo de la ciudadanía que hizo las denuncias correspondientes”.

Hoy sabemos que, desde hace dos semanas atrás, elementos de inteligencia de la SSP daban seguimiento a un grupo que se movía por las inmediaciones de Topilejo y las faldas del Ajusco, que disfrazados de policías se dedicaban a secuestrar a narco menudistas para obligarlos a trabajar para ellos. Ubicaron el modus operandi, siguieron los vehículos, los grabaron. Todo conducía al kilómetro 28 de la carretera federal donde se escenificó el enfrentamiento.

Hoy el cortijo de Topilejo se mantiene fuertemente resguardado, como también las instalaciones de la Fiscalía capitalina, en Azcapotzalco, en prevención a alguna reacción del crimen organizado, que como ya se ha hecho notar tienen presencia en la ciudad capital. Mandos militares y policiales han reconocido proliferación de estos grupos y que chocan entre sí por el control del territorio y las rutas, que durante años han sido utilizadas para el trasiego de drogas, armas, tala de árboles, secuestros, robos de autos y todo el rosario de crímenes que operan estos grupos delictivos. Mucho de la droga que ahí se mueve proviene del estado de Guerrero y es distribuida al centro del país.

Casi al mismo tiempo, pero en otros lugares del país, como es Caborca, Sonora, se registraban enfrentamientos armados entre fuerzas federales y civiles armados, sin que hasta el momento se tenga el resultado de estos choques.

Sin duda alguna el grave problema de la violencia y delincuencia en el país sigue con su espiral ascendente sin que se vean resultados positivos en la actual estrategia del gobierno federal para abatir la inseguridad. El saldo es grande, tan así que hay pueblos fantasma en diversas entidades, donde sus habitantes han optado por   huir ante el abandono u omisión de las fuerzas municipales, estales y hasta federales. Se sienten inseguros, desprotegidos y atemorizados. Así mejor vivir los peligros que implica la migración hacia los Estados Unidos, con sus polleros y tráileres de la muerte. Al menos hay una luz de esperanza.

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