Ciudad de México, octubre 19, 2020 10:23
Libre en el Sur

Acción global por Ayotzinapa

Las últimas semanas hemos sido testigos de una gran movilización ciudadana, por la desaparición de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero. Manifestaciones pacíficas, y a las cuales se han sumado miles de personas, en México y todo el mundo, que exigen la aparición con vida de los estudiantes, y que no estamos satisfechos, con la explicación que dio el titular de la PGR, Jesús Murillo Karam, de declararlos desaparecidos.

Hoy me refiero a este hecho por una razón: desde mi punto de vista, le hace gran falta a México la indignación. Indignación ante la corrupción e impunidad de políticos y gobernantes, que día a día cometen delitos de forma burda, sin recibir el más mínimo castigo, en todos los niveles, y en todos los ámbitos.

Y es de sorprenderse, que está indignación como país, no haya llegado antes, con hechos deleznables, y que le dieron la vuelta al mundo, por mencionar sólo algunos ejemplos, la masacre de San Fernando, Tamaulipas; los niños que terriblemente fallecieron en la Guardería ABC, en Sonora; las víctimas, personas mayores, que murieron en el Casino Royal, en Nuevo León, o los estudiantes asesinados en reuniones sociales en Chihuahua. Estos hechos, acompañados de miles de personas desaparecidas, y otros miles de asesinatos a lo largo de toda nuestra Nación. Como algunos han manifestado, México se ha convertido –muy lamentablemente- en una fosa común.

Y lo que más nos lesiona como sociedad, es el casi número nulo de sentenciados por estos asesinatos. México se presenta, como el rey de la impunidad. Y los pocos que llegan a la cárcel, logran el beneficio de un sistema judicial que también se ha corrompido.

¿Por qué hemos llegado hasta aquí? ¿Es sólo responsabilidad de los gobernantes? ¿Es sólo culpa de la clase política? Yo afirmo que no.

¿Y por qué no es sólo responsabilidad de los gobernantes? Por una muy sencilla razón, en una democracia, los electores somos los que elegimos a quienes nos gobiernan. Y cuando lo hacemos, pocos somos los que exigimos que cumplan con su trabajo. Por poner un sencillo ejemplo, aquí, en la Delegación Benito Juárez, que es la segunda en índice en Desarrollo Humano en América Latina, ¿quién conoce a sus representantes populares? el nombre del diputado local, federal, ya no digamos, ¿alguien ha buscado o le ha exigido a su Senador sobre alguna ley que haya legislado en contra del interés ciudadano?

Y si a esto se suma, que la mayoría sólo se preocupa de lo que pasa de la puerta de su casa hacia adentro, encontraremos que muy pocas veces logramos una solidaridad entre ciudadanos, que logren una acción como la que hemos visto por Ayotzinapa.

En Benito Juárez, localmente hablando, me he encontrado además con algo que es una generalidad en nuestras colonias: la apatía vecinal. Es difícil, que los vecinos se involucren en actividades en beneficio de la comunidad. Y al mismo tiempo es entendible: ¿Cuántas veces es necesario reportar una luminaria para que nos la vengan a arreglar? En Benito Juárez, 3 o 4 meses. Denunciar sin respuesta agota. Y la desilusión crece. Los gobernantes han encontrado la fórmula, para que gané más el desistimiento, que cumplir con la demanda ciudadana. Y eso a ellos, les facilita actuar sin trasparencia y con corrupción.

Por eso, volviendo a la idea central, veo tan importante la indignación. Y también por ello creo, que por fin, estamos pasando de los pañales de la ciudadanía, a dar los primeros pasos como reales ciudadanos.

Coincidente con los brutales tiempos que estamos viviendo como Nación, encontramos también una inusitada actividad política, ciudadana, nunca antes vista, en Benito Juárez.

Las más visibles, la lucha que los vecinos de varias colonias han dado por el respeto a su espacio público, a saber, la no imposición de parquímetros; la organización ciudadana para hacer valer nuestro derecho como ciudadanos y exigir la información de un proyecto de la magnitud de un Macrotúnel, y las implicaciones reales que tendrán para los que vivimos aquí; la defensa por monumentos históricos, como La Octava, o el Polyforum Siqueiros, que vecinos han defendido hasta lo legalmente defendible para que perduren edificios históricos, patrimonio de nuestra ciudad y de nuestro país.

O acciones muy locales, como la que llevamos en la Colonia Acacias, por el respeto al peatón y el balizamiento de un crucero muy conflictivo, que después de un año de constantes denuncias, logramos que ahora sea una esquina modelo.

Ayotzinapa nos ha dejado una gran enseñanza como país: de un hecho trágico, como la desaparición de 43 estudiantes, hay que hacer lo que a cada uno de nosotros corresponde. Ser mejores ciudadanos, actuando con Responsabilidad Social.

Falta mucho por hacer, pero esa indignación que nos ha mostrado Ayotzinapa, es la que se requiere en cada una de nuestras comunidades, para hacer que cada vez más esto funcione mejor, logrando sólo un objetivo, el bienestar común. No importando que para nuestros gobernantes nos convirtamos en ciudadanos incómodos. Hay que exigirle a nuestros gobernantes, hay que manifestarse, y cuando no estemos de acuerdo con ellos, hay un arma muy poderosa que hacer valer, nuestro voto.

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