Ciudad de México, octubre 28, 2020 17:51
Dinorah Pizano Osorio Opinión

El contrapeso que viene

México requiere de una democracia plural, representativa e incluyente que garantice un equilibrio de poderes que evite los abusos de cualquier gobierno en turno y fomente la transparencia y la rendición de cuentas.

POR DINORAH PIZANO

Durante más de 70 años, México vivió inmerso en un sistema político presidencialista en el que el titular del Ejecutivo ejercía el poder a través de las facultades consignadas en la Constitución y las denominadas facultades metaconstitucionales.

Tal dinámica propició que las gestiones presidenciales se desarrollaran ajenas a los pesos y contrapesos, es decir, sin otros cuerpos de poder que le impidieran mantener una gran concentración de poder, en una sola investidura.

Sin embargo en el año 2000, con el triunfo del PAN, tras vencer al PRI, el Ejecutivo cedió el control sobre las elecciones y por ende, el de dirigir su sucesión. Su voluntad por tanto ya no sería determinante en las decisiones de gobernadores y presidentes municipales, así como en el Congreso y la Suprema Corte de Justicia.

Se avanzaba rumbo a la transición democrática.

Luego de dos gestiones más de Acción Nacional, el electorado decidió brindar al PRI una nueva oportunidad.

Más tarde, los malos resultados previos dieron como resultado que en las elecciones del 1° de julio de 2018 y del 2 de junio de 2019 se dejara atrás la pluralidad política alcanzada, y se regresara nuevamente a un gobierno a cargo de un solo partido hegemónico.

Aquellos días estaban plagados de enjundia y emoción. El incansable peregrinar del ahora Presidente Andrés Manuel López Obrador a lo largo y ancho de nuestro país, tras 18 años de buscar la silla presidencial, por fin había rendido frutos.

Más de 30 millones de personas votaron por un hombre cuya trayectoria había demostrado honestidad, poco interés por el dinero, congruencia y que había prometido un cambio radical en la forma de dirigir el país, en beneficio, sobretodo de las personas más pobres.

Si antes de esta fecha no se pensaba volver a presenciar un sistema presidencial en donde se desdibujara la división de poderes, la enorme fuerza del mandato por medio del voto y el inédito fenómeno de popularidad de Obrador, nos devolvió a tal escenario.

Ciertamente la democracia en México no fue concebida para garantizar necesariamente un equilibrio en el ejercicio del poder. Ha sido necesario estar al tanto del diseño del sistema presidencial, así como cuestionar la eficacia en la rendición de cuentas y exigir independencia en la forma colaborativa de los poderes. De ahí que a decir de diversos sectores, el balance no ha sido del todo positivo.

Tras dos años de gestión el ánimo político de muchas y muchos mexicanos parece tornarse distinto al que se preveía en los inicios del presente mandato. Existen muy diversas razones por las cuales el escenario electoral del 2021 se torna incierto; algo que en su momento no podrían haber anticipado los militantes de Morena.

Según Jorge Aguilar la respuesta puede encontrarse en la carencia de los ingredientes de una sana democracia. Dichos ingredientes son: respeto al Estado de Derecho, independencia de poderes, institucionalidad democrática, fuerte; seguridad jurídica, oposición fuerte, medios independientes, ciudadanía consciente y activa, libertad de expresión, justicia social, transparencia y rendición de cuentas.

“Estos elementos fundamentales deben guiarnos en el diseño y la construcción de nuestra democracia, todavía muy incipiente y que sentimos ha ido involucionando en lugar de evolucionar hacia un sistema que brinde garantías plenas para el desarrollo integral del ser humano”, sostiene el analista político.

Pero, ¿quiénes desde la arena política han asumido el papel de pesos y contrapesos a los que antes hicimos referencia, para abonar a esta incertidumbre política?

Ni la oposición de Morena en la Cámaras, ni en ningún otro frente, han sido hasta ahora, las que han logrado menguar la enorme fuerza del partido hegemónico.

Han sido en todo caso las organizaciones de la sociedad civil, que aún sin recursos por el recorte de partidas presupuestales a las labores que realizan, no han dejado de levantar la voz.

También los colectivos feministas y las familias de víctimas que no han obtenido justicia, quienes se han organizado valientemente y a costa de su integridad, para seguir exigiendo que se abata la impunidad.

Se han sumado además escritores, artistas, académicos, intelectuales, analistas políticos, periodistas y líderes de opinión, entre otros, quienes han señalado que en la presente gestión, se está vulnerando en sus ataques, el derecho a la libertad de expresión.

Han sido en adición las propias acciones del gobierno, los dichos presidenciales, el manejo de la pandemia y de sus estadísticas, la deshonestidad revelada en diversas operaciones vulnerando su principal bandera, los factores que han operado en su contra.

La opacidad en el manejo del dinero público, los mega proyectos que contradicen las políticas ambientales más avanzadas, los encubrimientos a militantes en posiciones de poder; lo que suma al debilitamiento del morenismo.

En ese contexto y frente al recién iniciado proceso electoral 2020-20121, diferentes grupos organizados buscarán tener una acción de representatividad con la idea de crear un frente que de balance a las decisiones.

En las próximas elecciones tomaremos la enorme decisión de seguir fortaleciendo un régimen presidencial sin contrapesos, o de consolidar una democracia que articule un Congreso y gobiernos locales plurales, órganos constitucionales verdaderamente autónomos y poderes fácticos visibles y críticos.

México requiere de una democracia plural, representativa e incluyente que garantice un equilibrio de poderes que evite los abusos de cualquier gobierno en turno y fomente la transparencia y la rendición de cuentas.

“…para que no se pueda abusar del poder, es preciso que el poder detenga al poder” Barón de Montesquieu.

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