Ciudad de México, julio 18, 2026 22:00
Revista Digital Junio 2026

El sueño colectivo: más allá de un partido

“Resulta extraño cómo alguien que no es aficionada al futbol y entienda poco de él haya tenido contacto con estas situaciones…”

POR MELISSA GARCÍA MERAZ

Hace algunos años tuve la oportunidad de realizar mi primer viaje a Europa. Contra todo pronóstico, se logró. Años de ahorros, meses de planeación y compras anticipadas. Quizás pude utilizar mejor esos recursos, pero en cierto momento, tenía que hacerse o no se realizaría nunca. A pesar de mi edad, decidí ir de mochilera; no tanto por la experiencia, sino por la economía. Fue, sin duda, un viaje muy especial, iba sola, con escasos recursos, pero —para mi gran fortuna— llegué en época mundialista. En ese entonces, no tenía tanto gusto por la cultura alemana o el idioma. Tampoco me emocionaba el futbol en lo absoluto. Había planeado hospedajes y transportes con mucha anticipación sin darme cuenta de que coincidiría mi viaje con la justa mundialera e, incluso, algunas ciudades alemanas con los juegos de la selección mexicana.

Para mi sorpresa y congratulación, mi viaje se definió en su primera parte por el mundial. Encontraba viajeros en todos lados de habla hispana. Algunos mexicanos, otros argentinos, peruanos y españoles que andaban por ahí dando el “rol”. Había todo tipo de historias: algunos habían planeado con tiempo, otros habían salido de último momento motivados por la emoción, por el: ¿qué podría salir mal? Que me recuerda tanto a la personalidad del mexicano. Muchos jóvenes. Recuerdo en especial unos compatriotas que habían decidido vender algunas cosas para su vuelo y, ante la falta de hospedaje, habían decidido dormir en las estaciones de trenes. Evidentemente, en buena compañía, ya que ahí pernoctaban muchos compatriotas. También tomaban los trenes para viajar “gratis” acompañados por otros grupos. Ciertamente, algo que, en un principio no habían tomado a bien los alemanes, pero que pronto adoptaron dejando pasar a los turistas por los trenes. Desde los altavoces se escuchaba una voz que invitaba a viajar con calma y de la mejor manera a la siguiente sede de la selección. Incluso, un par de viajeros (amigos momentáneos de viaje) juntaban los vasos de los estadios para recuperar el importe. ¡Vamos que por inventiva no paraban! Por ahí iba yo conociendo gente que también se los había topado en otras ciudades y los recordaban bastante bien.

Recuerdo también a un joven tapatío que había decidido de último momento agarrar su mochila y salir de viaje. Estaba en ese momento en Londres. Compartimos una buena plática y un poco de sentimiento nostálgico por la soledad del viaje. Claro, lo reconocí por su gran sombrero negro de charro a la orilla del Támesis. Fuera de un museo, un guardia inglés nos hizo una broma y luego lanzó una carcajada. Yo me reía a carcajadas también, mientras el tapatío se acercaba a mí para preguntarme si había entendido, a lo cual le contesté que no, pero que me parecía descortés no reír ante tal carcajada de nuestro anfitrión. Acto seguido el tapatío empezó a reír también. Humor inglés, incomprensible para muchos, solo adaptado para la cortesía mexicana.

México jugó contra Argentina el 24 de junio de 2006, perdiendo México en tiempo extra, 1 a 2 goles. Un momento triste para México, Argentina pasó a la siguiente ronda en Berlín. Ahí me encontré a muchos mexicanos tristes, a algunos argentinos alegres. Un par, en especial, llegaron al albergue donde me estaba quedando. Sin inglés, no sabían cómo comunicarse. Pocos recursos y la negativa de dormir en un piso con varias camas. Les expliqué y hablé con los alemanes para la reserva. Estaban golpeados y, con sorpresa cuando les dije que era mexicana, me dijeron que eran golpes de mexicanos en el partido anterior. Lo entendí, la pasión y la euforia se respiraban en cada una de sus palabras. Me despedí de ellos esa misma noche. Otro día, entré el metro de Berlín sin boleto, me había quedado sin dinero y pensé que sería fácil ir rápido al cajero: error. Me detuvo un vigilante alemán, tenía una playera de Argentina, comencé a explicarle, le dije que me debía una por tener la playera de Argentina y que solo iría al cajero. Entre risas y condescendencia me dejó ir. Después del banco pasé a saludarlo, seguía multando gente. Algunos se sorprenden de esta anécdota, pero lo cierto es que el clima del mundial lo cambia todo: hasta la dureza de los controllers alemanes del transporte.

Un partido me llamó mucho la atención. En octavos, Francia y España se enfrentaron. Los comentarios de la televisión y radio española eran terribles. Los comentaristas cuestionaban a la selección francesa por su identidad dado que muchos jugadores eran afrodescendientes o de origen migrante. Recuerdo haberme sorprendido muchísimo. Al tiempo que admiraba el carácter, el liderazgo y la presencia de Zidane. Poco se visualiza a veces en el campo mexicano y en la vida de las mujeres mexicanas (que nos hemos visto tan alejadas del deporte por cuestiones estructurales más que personales) esa admiración por los y las deportistas. Quizás solo entendible para quiénes en, nuestra juventud, vimos a Alex Aguinaga liderar al equipo del Necaxa. Fuera de los grandes reflectores, fuera de un equipo liderado por las grandes televisoras, lograron varios campeonatos en México.

Resulta extraño como alguien que no es aficionada al futbol y entienda poco de él haya tenido contacto con estas situaciones. Y si, quizás lo que más me ha impactado son estas grandes historias de personas comprometidas con un sueño, con un deporte o trabajo que termina siendo inspiración de muchos. Quizás el ejemplo más claro sea la selección alemana, liderados por Joachim Löw). Hace tiempo también tuve la oportunidad de realizar una pequeña estancia en la ciudad alemana de Friburgo, equipo de debut de Joachim. Muchas entrevistas, muchas historias del entrenador. Muchas declaraciones de cómo fue preparando el campo poco a poco para lograr pasar de un equipo alemán alto y fuerte a uno con acoplaciones migrantes, con un juego que aderezaba la fuerza con dinámica y creatividad, con uno de los mejores ejemplos con Mesut Özil de padres turcos. Hermoso proceso de 2006-2014 que los llevó a coronarse como campeones en 2014 en el Maracaná y que celebré en Friburgo con mis amigos. !!La narrativa alemana pasaba de la identidad nacional rígida a lo multicultural!!

En realidad, todo lo que pasa en el mundo tiene su sentido de conflicto e integración, de lucha y renuncia, de derrota y triunfo. No, no me gusta el futbol, pero me apasionan las historias detrás de, me apasionan las dinámicas que se mueven en el contexto de un juego. Incluso, por muchos años, mis estudiantes y yo nos hemos acercado al estadio universitario para realizar una práctica. Sentir la identidad colectiva en su máxima expresión. ¿Por qué los conatos de violencia son poco frecuentes? ¿Por qué alguien al compartir el mismo sueño llega a hermanarse con el que está sentado al lado? Quizás ahí aparece lo que John Drury describe en sus estudios sobre multitudes: la construcción momentánea de una identidad compartida capaz de generar cooperación, empatía y sentido de pertenencia incluso entre desconocidos.

Este fin de semana fui a ver a los PUMAS al estadio y, aunque perdieron, y aunque no son universitarios, poco se puede hacer para no sentir el más profundo deseo que ojalá, hubiesen ganado. Porque la que merece todo es la afición, lo que los mueve, lo que los hace emocionarse y compartir, por unos momentos, un gran sueño. El verdadero triunfo esa noche fue una vez más, la identidad compartida del aficionado PUMAS. Bienvenido el mundial y bienvenidas las historias detrás de cada jugador, cada selección y cada aficionado que viven la pasión por el fútbol. Aunque yo solo sea una testigo silenciosa tras bambalinas.

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