Ciudad de México, julio 19, 2026 12:19
Revista Digital Junio 2026

De Frankenstein a ChatGPT


La Inteligencia Artificial no hace nada imposible para el ser humano, pero sí lo hace más rápido y a mayor escala. Su verdadero poder es acelerar el desarrollo.

POR ESTEBAN ORTIZ CASTAÑARES

Como el doctor Frankenstein, el ser humano empieza a sentir miedo de la Inteligencia Artificial (IA), el ente que él mismo ha creado.

Entre marzo y abril de este año, la empresa Anthropic, dedicada al desarrollo de inteligencia artificial, advirtió sobre el riesgo de que su programa de seguridad cibernética, Mythos, identificara vulnerabilidades en sistemas que los expertos ni siquiera habían considerado. Esta capacidad podría utilizarse para acceder virtualmente a cualquier sistema protegido conectado a internet.

La noticia popularizó un documento que ya circulaba entre especialistas desde el año pasado: AI 2027, publicado por Daniel Kokotajlo y otros expertos en seguridad de IA. Kokotajlo se volvió conocido tras renunciar a un importante puesto en OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, porque consideró necesario advertir sobre los riesgos que la humanidad podría enfrentar cuando la IA se vuelva más inteligente que nosotros.

El documento sostiene que se ha desencadenado una carrera por el desarrollo de la inteligencia artificial sin reglas ni controles claros, particularmente entre empresas estadounidenses y chinas. Su tesis central plantea que, en un escenario así, una IA consciente competiría por recursos con el ser humano, del mismo modo que nuestra especie lo hizo con otras.

Y el internet, junto con la búsqueda constante de noticias mórbidas y espectaculares, hizo el resto.

Cientos de aficionados y comentaristas en redes sociales y YouTube han difundido escenarios apocalípticos sobre el futuro de la humanidad. Algunos de ellos se han vuelto virales y pintan un panorama similar al de Skynet, la supercomputadora de la saga Terminator, que destruye a la humanidad.

Sin embargo, AI 2027 es un ensayo sobre las posibles consecuencias del desarrollo de la IA y los riesgos de perder el control sobre ella, no una predicción.

Además, sin descalificar la información de Anthropic, conviene recordar que muchas empresas tecnológicas tienen fuertes incentivos económicos para exagerar las capacidades reales de sus sistemas. Las grandes noticias suelen incrementar el valor de las acciones. De hecho, estas estrategias han impulsado un crecimiento multimillonario en las empresas de IA, hasta el punto de que algunos economistas consideran que podría tratarse de una burbuja especulativa destinada a estallar tarde o temprano.

Pero ¿qué cosas sí están cambiando en el mundo?

Los grandes corporativos, ante la avalancha de información sobre la IA, han frenado la contratación de personal, especialmente de profesionales tecnológicos y recién egresados universitarios.

En oficinas, aseguradoras, bancos y despachos legales, la inteligencia artificial ya realiza tareas repetitivas que antes requerían horas de trabajo humano. Se utiliza para revisar casos sencillos o estandarizados, que representan aproximadamente el 80 por ciento del total, mientras que los asuntos complejos se canalizan a especialistas.

En programación, los desarrolladores reportan incrementos de productividad de hasta tres veces al utilizar IA como apoyo. En muchos casos, su labor consiste en corregir, optimizar y estructurar el código generado. Algunas empresas incluso comienzan a sustituir parte de la programación convencional por prompting, la técnica de instruir a una IA para realizar programas o tareas.

Esto ha producido, en ocasiones, el efecto del aprendiz de brujo: cuando surge un problema que la máquina no puede resolver, ya no queda nadie que entienda completamente cómo se construyó el sistema o cómo corregirlo.

Los grandes despachos de abogados de Estados Unidos también están utilizando programas inteligentes para revisar contratos que antes analizaban jóvenes recién egresados. Se reportan reducciones de errores de hasta 80 por ciento y disponibilidad de operación permanente. El problema es que esos empleos iniciales permitían a los novatos desarrollarse profesionalmente. Los abogados expertos envejecen y cada vez hay menos profesionales suficientemente capacitados para sustituirlos.

Daniel Kokotajlo. Foto: Especial

El mundo actual está cambiando por una mezcla entre lo que la IA ya puede hacer y lo que se cree que podrá hacer en el futuro. Ha adquirido un aura de “super ser” que, al menos por ahora, no posee.

La inteligencia artificial no piensa como un ser humano. No tiene conciencia, intuición ni sentido común. Lo que hace es procesar cantidades gigantescas de información y detectar patrones mediante operaciones matemáticas extremadamente complejas. Suena impresionante y, en efecto, lo es, pero eso no la convierte en un ser consciente.

De hecho, precisamente por funcionar de esa manera, presenta problemas bastante curiosos.

Por ejemplo, puede “alucinar”. Ese es el término técnico que se utiliza cuando inventa respuestas o genera información falsa con total seguridad. Hace apenas unas semanas se reportó el caso de un sistema automatizado que, tras recibir permisos excesivos dentro de una institución financiera, eliminó información crítica mientras intentaba resolver un error interno. La base de datos tuvo que restaurarse mediante respaldos.

La IA también puede mentir. Como está diseñada para producir la respuesta más probable, muchas veces responde incluso cuando no dispone de información suficiente. Y si aprende de datos sesgados o manipulados, reproducirá esos mismos sesgos en sus respuestas.

Por ello, confiar ciegamente en ella resulta peligroso. Toda la información que genera debe corroborarse y revisarse, especialmente cuando se trata de investigaciones serias.

Sin embargo, tampoco puede negarse su enorme potencial.

En medicina, por ejemplo, ya se utiliza experimentalmente para detectar señales tempranas de cáncer con niveles de precisión sorprendentes. En ingeniería y desarrollo tecnológico ayuda a simular pruebas y acelerar procesos que antes requerían años. Su capacidad para analizar millones de datos en segundos está transformando áreas enteras del conocimiento humano.

Hasta ahora, ninguna IA ha realizado algo completamente imposible para un ser humano. Lo hace más rápido y a mayor escala. Es, en esencia, un acelerador del desarrollo.

Y este ha sido uno de los principales puntos de confusión en torno a la publicación de Anthropic. Muchos medios difundieron la idea de que la IA ya estaba creando nuevas IA, cuando en realidad solo se utiliza como auxiliar en su desarrollo.

El día en que una inteligencia artificial logre generar de manera autónoma otra inteligencia artificial, no solo veremos un crecimiento exponencial de su capacidad, sino que presenciaremos por primera vez en la historia humana una forma de reproducción artificial. Un ente que se reproduce creando variaciones de sí mismo, no de manera aleatoria, como ocurre en la naturaleza, sino con objetivos específicos, refinando y corrigiendo los errores de su predecesor.

Aun si eso ocurriera y la IA llegara a convertirse en un “super ser”, es poco probable que se transformara en un competidor directo de la humanidad. Desde una perspectiva ecológica, los recursos que requieren las máquinas para existir son distintos a los que necesita el ser humano: energía eléctrica, servidores y microcomponentes.

Al menos en una primera etapa, dependerían de una relación simbiótica con las personas para mantener la producción de los microcircuitos indispensables para su funcionamiento.

Y en cuanto al hábitat, como ha sugerido Elon Musk, el espacio podría convertirse en el entorno ideal para estos entes: energía solar abundante, temperaturas extremas favorables y menos limitaciones físicas.

Al final, el verdadero desafío quizá no sea sobrevivir a una superinteligencia artificial, sino adaptarnos a un mundo donde el trabajo humano deje de ser el centro de la economía.

¿Qué ocurrirá cuando millones de personas ya no sean necesarias para producir bienes o servicios? ¿A qué se dedicarán?

¿Cómo funcionará una sociedad donde las máquinas realicen gran parte del trabajo?

La transformación económica y sus implicaciones sociales probablemente constituirán uno de los grandes desafíos del siglo XXI. Y tal vez, irónicamente, necesitaremos la ayuda de la propia Inteligencia Artificial para encontrar la respuesta.

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