DINORAH PIZANO OSORIO

“Baby boomers y millennial deben sumar fuerzas para luchar contra el cambio climático” era el enunciado principal que daba entrada a una carta abierta publicada en la revista Time de noviembre de 2016 y firmada por 22 científicos, intelectuales, académicos, activistas, CEO’s y artistas. ¿El objetivo? Vincular generaciones, toda vez que los grandes tomadores de decisiones a nivel mundial obvian la importancia que tienen los jóvenes en el diseño de alternativas para el futuro.

En ese momento la NASA alertó respecto al incremento de la temperatura del océano, lo cual generó preocupación en múltiples perfiles, entre ellos el principal promotor de la señalada misiva, Frank Wilczek. Se trata del premio Nobel de Física 2004 quien enfatizó la necesidad diluir las brechas generacionales al momento de abordar asuntos propios de la subsistencia como especie, porque muchos de quienes hoy deciden “no estarán por aquí en unos 30 años o menos”. La carta culmina señalando que el futuro es de todos, y que es necesario colocar a los denominados millennial en las mesas de negociación.

Al parecer Wilczek no abandona el tema generacional y coloca en la discusión la importancia que tiene la educación pública “porque es la que realmente sirve a todo el mundo. Que solo se eduquen bien las personas ricas, dejando una educación de segundo nivel para el resto del mundo, es un desperdicio, además de algo moralmente cuestionable. Desde luego, no es eficiente, porque no solo los ricos tienen hijos con talento. Y además no es justo”. Agosto de 2018.

Foto: Cuartoscuro

Referir la atención requerida en términos de generación tiene un sentido concreto. Delinear que debemos ir de lo local a lo global. ¿Qué quiere decir? Que no existen recetas o designios externos para planificar el desarrollo y crecimiento de sectores poblacionales amplios, diversos y cuyo desempeño marcará el presente y futuro de México.

Como simple ejercicio de reflexión bien podríamos revisar las imágenes que aparecen en los medios todos los días y que relatan cumbres, foros, reuniones, congresos y demás espacios de decisión. ¿El objetivo? ¿Cuántos menores de 30 años aparecen de manera protagónica? En términos formales no existe una condición objetiva que impida involucrar a los jóvenes, incluirlos, confiar en las decisiones que tomen, pues dicha práctica es un aprendizaje tácito. Es decir, así como andar en bicicleta o nadar, tomar decisiones, hacer política, ser ciudadano, son herramientas que desarrollamos y perfeccionamos mediante la práctica, no hay atajos o recetas.

Por otra parte, resulta contradictorio encontrar notas como la siguiente: “Curso universitario para hacerse ‘influencer’”. El País, 9 de agosto. Este tipo de información sirve para evidenciar las resistencias que encontramos todos los días en términos de empoderamiento colectivo. Será la Universidad Autónoma de Madrid la encargada de “profesionalizar un negocio millonario”.

Con materias como “moda”, “estilismo” y “tendencias” buscarán que los alumnos sean conscientes de cómo “con un clic pueden hundir a una empresa”. Este ejemplo permite recalcar la importancia de ir de lo local a lo global, de dotar a nuestros consumidores y generadores de contenidos jóvenes con las suficientes capacidades para generar algo más que fotografías de viajes en yates, helicópteros y autos de lujo. La realidad de millones de mexicanos dista mucho de ello y relatar la cotidianidad con mejores elementos de juicio es fundamental en la construcción de una nación.

La sociedad mexicana puede hacer frente a los retos que plantea, de entrada, la subsistencia del ser humano. Discutir los problemas de manera incluyente  y con todos los sectores de la población puede contribuir a disminuir la disociación que existe entre las condiciones objetivas y las aspiraciones.

 

 

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francisco

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