Ciudad de México, diciembre 9, 2021 01:20
Opinión Rodrigo Cordera Thacker

¿De vuelta al presidencialismo metaconstitucional?

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El nuevo partido en el poder, con miras a convertirse en hegemónico, quiere volver a las épocas del presidente todo poderoso.

POR RODRIGO CORDERA THACKER

El Doctor Jorge Carpizo y el profesor Fernando Serrano Migallón estudiaron a fondo el sistema presidencial mexicano. Las facultades constitucionales pero también las facultades metaconstitucionales que nuestras “costumbres caudillistas” facilitaron al poder hegemónico del siglo pasado. Ambos coinciden en que las facultades metaconstitucionales otorgadas al poder presidencial recaen más en una cultura y tradición caudillista que en instrumentos legales y jurídicos.

Las facultades metaconstitucionales de antaño tienen más que ver más con el arreglo entre las cúpulas ganadoras de la revolución mexicana, o como se decía antes “de la familia de la revolución”, que con reformas a los artículos de nuestra carta magna.

Ambos estudiosos coinciden en que un pilar de este super poder presidencial recae en que el presidente no solo es el titular del poder ejecutivo, también es jefe del partido único de facto. Y este poder no escrito, pero si pactado por la tradición y la disciplina otorgaba al presidente la capacidad de escoger a los diputados, senadores, remover y hacer gobernadores a su gusto. Y lo más importante: el tapado o el destapado. El presidente en funciones podía designar a su sucesor, generando una relación de complicidades de poder que para bien y para mal le dieron a nuestra república una cierta estabilidad, si así se le puede llamar al poder presidencial del siglo pasado.

Migallón nos recuerda que, en la época de Juárez, el poder legislativo concentró mucho poder, generando presidencias débiles y generando encontronazos políticos ya conocidos por nuestra historia de revoluciones, guerras civiles y dictaduras.

El régimen de la revolución mexicana, en sus principios no se encontraba fuera de las lógicas caudillistas militares, hasta que el General Lázaro Cárdenas inaugura el sexenio presidencial al mandar al exilio a su padrino político, el General Plutarco Elías Calles. Desde 1934 hasta la reforma política electoral de 1977 promulgada por el presidente López Portillo, el sistema se manejó de manera totalmente vertical y rígida. Mucho cambió, aunque faltó mucho poder que dividir.

Pero las sociedades evolucionan y la concentración de poder encarnada en un solo grupo genera disputas en el mismo. La apertura del sistema político en 1977 desemboca hasta el año de 1988 cuando el partido único se divide entre dos proyectos de nación diferentes, y que también una parte no acepta el “dedazo” del presidente De la Madrid a Carlos de Salinas.

Esta ruptura empieza a romper los cimientos del poder metaconstitucional, generando las reformas que dan vida al entonces IFE, las reformas al poder judicial que le otorgan más autonomía respecto al ejecutivo, y finalmente cuando el PRI pierde la mayoría en la Cámara de Diputados en 1997 y se inicia la transición democrática.

Hoy 2021, parece que el partido nuevo en el poder, con miras a convertirse en hegemónico, quiere volver a las épocas del presidente todo poderoso. Mi punto de vista es que, aunque la transición democrática tiene muchos errores que corregir, transición democrática fue y es. Y considero que la división de poderes republicanos genera un poder menos concentrado y por lo tanto mejor fiscalizado ante los abusos típicos de los poderosos. No podemos retroceder.

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