DINORAH PIZANO OSORIO

Maimunah Mohd Sharif (Kuala Pilah, 1961), directora ejecutiva del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat), fue clara y contundente al responder una pregunta durante la entrevista que le realizó el periódico español El País en días recientes: “Creo que las mujeres son muy importantes para conseguir ciudades inclusivas, porque somos el 50% de la población mundial. Si no se tiene en cuenta a este 50% creo que al final cada ciudad y cada país están condenados al fracaso. Cuando planeamos una ciudad para las mujeres planeamos para todos”. (28 de julio https://elpais.com/internacional/2018/07/20/actualidad/1532085942_467533.html ).

Foto: Cuartoscuro

 

¿Qué trascendencia puede tener una declaración de esta índole? Resulta indicativo de un par de cosas las cuales considero importantes resaltar: la planeación de las ciudades y la forma en cómo se considera a las mujeres. En cualquier instancia donde se toman decisiones mayoritarias, la abstracción “mitad más uno” tiene carácter definitorio. Dicha condición debe permear a todos las instancias políticas como una condición objetiva y no como concesión. Los espacios sociales del futuro inmediato deben pensarse, diseñarse y ejecutarse por nosotras.

En el cargo desde enero de este año, Mohd Sharif ha sido enfática al momento de señalar la importancia que guarda la participación ciudadana, la inclusión y la movilidad para las grandes urbes, pues, considera que “la planificación genera desarrollo, pero el desarrollo no genera planificación”, además de ubicar en los procesos de gentrificación un punto a dirimir y abordar con precaución.

Para ahondar en cómo el desarrollo no necesariamente genera planificación ni bienestar, pensemos en la cotidianidad de una jefa de familia que vive en el sur de la ciudad y trabaja en la zona de Santa Fe. Destina cuatro horas del día en transportarse (dos de ida y dos de regreso), tiene una jornada laboral de nueve horas (ocho efectivas y una para comer), si desea dormir siete, cuenta con cuatro para atender al hijo o hijos (y todo lo que ello implica: hacer la comida, llevarlos a la escuela, supervisar tareas, asear la casa). Ello sin obviar la reducida oferta de estancias infantiles y escuelas de tiempo completo que no permite a miles de mujeres desempeñar con tranquilidad la diaria labor. El desarrollo de una zona de la ciudad no sirve a quienes ahí trabajan, no en la medida que se requiere.

Lo dicho por la directora ejecutiva de ONU-Hábitat respecto a la gentrificación tiene especial importancia. “Creo que tenemos que recuperar los elementos de la cultura, el patrimonio y el arte locales y promoverlos para generar conciencia […] lo más importante es la comprensión pública y la participación, incluso antes de diseñar las políticas”.

Para quienes habitamos en la capital se trata de un fenómeno que ganó espacio en las conversaciones de las familias y vecinales. Grandes edificaciones aparecieron en barrios y colonias, encarecieron los servicios y desplazaron a antiguos pobladores, pues la manutención de una vivienda se hizo insostenible. No se trata de oponerse al desarrollo, pero debe ir encadenado y condicionado a la mejora constante en las condiciones de vida de todos quienes vivimos en la Ciudad de México.

En suma. Los retos que plantea la segunda década del siglo XXI serán salvables si las mujeres asumimos el rol protagónico que nos corresponde y en los hechos dejamos de actuar como un sector, toda vez que somos más de la mitad de la población y en consecuencia debemos ser el centro de gravedad de las soluciones en materia de desarrollo, planificación y urbanismo.

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francisco

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