Ciudad de México, febrero 4, 2023 00:46
Francisco Ortiz Pinchetti Opinión

POR LA LIBRE/ Aromas de Navidad

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Hay olores navideños que definitivamente se han perdido, como el de las castañas asadas que salía de los anafres de carbón de las vendedoras, apostadas en varias esquinas emblemáticas del Centro Histórico…

POR FRANCISCO ORTIZ PINCHETTI

A estas alturas del partido, como suele decirse, la pared en tono a la chimenea en la sala de la casa estaba ya cubierta de tarjetas de Navidad. También había sobre la repisa empadrada e inclusive entre las ramas del arbolito mismo. Supongo que en esos tiempos llegábamos a recibir más de un centenar. También las había, y muchas, para mi hermana Margarita. Algunas llegaban con el nombre de Humberto o José Agustín, mis hermanos… y si acaso una y dos con el mío.

Muchas eran de funcionaros públicos y dependencias oficiales, y estaban dirigidas a mi padre, entonces jefe de Redacción del semanario Jueves de Excélsior. También había de familiares y amistades nuestros, sobre todo para mi hermana Margarita, que entonces estaba en la edad de las fiestas. Algunas, a veces, provenían del extranjero, de algún pariente anclado por aquellas tierras europeas.

Era una de las bellas costumbres decembrinas que se han perdido con el tiempo. Otra, sin duda, la de las auténticas Posadas, con su letanía, sus piñatas y su ponche…  Persiste, aminorada, la de instalar el tradicional Nacimiento, sobre una cama de musgo fresco y ramas de pino, y acrecentada creo, la del arbolito de Navidad, natural, colmado de esferas de vidrio  y otros adornos.

Pero lo que resumía –y resume– todo, eran los olores. O mejor dicho, la suma de ellos: el aroma de la Navidad.

Eso es quizá lo que más añoro en estas tardecitas de viento gélido que presagia un invierno especialmente severo. Ya veremos. Por lo pronto, me consuelo un poco paseando por las “romerías” que se instalan por estas fechas en las afueras de los mercados públicos, en los que se expenden artículos y adornos navideños, figuras para los nacimientos, esferas, musgo y arbolitos de Navidad. Aunque el plástico gana terreno cada año, para fortuna mía todavía persiste el olor que dominan las ramas naturales de pino.

En fin, aunque sea ya puro consuelo, el olor de la Navidad es todavía un algo propio de estos días finales de cada año y entre cuyos recuerdos aprovecho para desearles a todos una Feliz Navidad…”

En los mercados mismos se puede uno dar sus “toques” de olor a Navidad recorriendo los puestos de fruta y capturar los aromas que despiden los tejocotes, las mandarinas, las cañas de azúcar, los cacahuates y la jícamas, a veces más y a veces menos intensos.

Y qué decir de las piñatas tradicionales, olorosas a papel de china y a engrudo, que aunque ya no tengan como antes alma de barro conservan su colorido inconfundible y sus formas ancestrales, como la mítica estrella de siete picos.

Hay olores navideños que definitivamente se han perdido, como el de las castañas asadas que salía de los anafres de carbón de las vendedoras, apostadas en varias esquinas emblemáticas del Centro Histórico hace ya varias décadas.

Otro olor característico de estas fiestas, que a diferencia del anterior aún persiste,  es el del ponche, que se sirve bien caliente en las posadas y otras reuniones familiares. Para los que no saben, que los hay, les diré que está hecho a base de varias frutas de la temporada y es frecuente la costumbre con el pretexto del frio propio de la temporada agregar un “piquete” de licor (por los general brandy) al jarrito de barro que contiene la tradicional bebida navideña.

Por supuesto que también la cena de Nochebuena tiene sus olores característicos. Y no pocos. Cada platillo tradicional tiene el suyo, como los romeritos con tortitas de camarón, el bacalao a la Vizcaína, el lomo al horno con puré de arándanos, el pavo relleno. A eso habría que agregar el aroma del pastel de Navidad,  las colaciones y las frutas secas, que también tienen lo suyo.

En fin, aunque sea ya puro consuelo, el olor de la Navidad es todavía un algo propio de estos días finales de cada año y entre cuyos recuerdos aprovecho para desearles a todos una Feliz Navidad. Válgame.   

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