Ciudad de México, octubre 27, 2020 03:34
Dinorah Pizano Osorio Opinión

JUVENTUD COMO SISTEMA / Sujetos colectivos

DINORAH PIZANO OSORIO

¿Vivimos una época de cambios o vivimos un cambio de época?, es una pregunta recurrente. El segundo proceso implica resignificar la idea de libertad, dotarla de nuevos componentes y elementos que surgen del grupo al cual pertenecemos o, en otros casos, aspiramos desarrollar. Libertad de construir relaciones y prácticas diferentes, comenzando por la idea de la otredad, es decir, lo que existe fuera de mí y reconozco en una relación de mutua influencia. Un comportamiento político diferente.

Si bien nadie puede sustraer del imaginario la necesidad y urgencia de mudar sin tener claridad respecto al lugar que aspiramos colectivamente ocupar, las pautas incrustadas en la cotidianidad por parte de los medios de comunicación ocasionan por momentos aceptar como cierta determinada narrativa sin que necesariamente las grandes transformaciones tengan visos de ocurrir… ni siquiera como un plan o línea de acción.

Consumismo. Foto: Guillermo Perera / Cuartoscuro

 

A nivel de trabajadores, estudiantes, obreros, amas de casa, profesionistas (en suma el 99 por ciento de la población) transitamos una época definida y marcada por el consumo. El alto grado de individualismo en cada interacción al interior de espacios sociales delinea una de las condiciones que desde mi punto de vista deben modificarse para comenzar a esbozar la idea de un cambio de época: la construcción de sujetos colectivos mediante acciones políticas nuevas y con estructuras horizontales.

Distinción entre aquello que conocemos y las cuestiones que podemos acomodar en el terreno de la viabilidad: instrumentar comunidades de aprendizaje respecto al ejercicio pleno de ciudadanía. Cabe preguntar: ¿por qué limitar las capacidades democráticas al hecho de acudir a la urna cada tres y seis años?

Al ser un aprendizaje tácito, la construcción de una verdadera comunidad demanda disciplina, apego a la realidad, lectura de las circunstancias y voluntad para innovar y aprender de los retrocesos. Es pertinente plantear el cambio de época como un proceso inacabable, como un trayecto donde la época cambia en la medida que también lo hacen quienes avanzan y caminan por esos senderos. Yuxtaposición y dependencia como condición necesaria.

Necesario además guardar consistencia entre medios y objetivos. Épocas nuevas demandan odres nuevos donde autocomplacencia y autoindulgencia no tienen cabida, el cambio por el cambio resulta incluso ingenuo, pues si las prácticas no se modifican de manera colectiva transitaremos las siguientes décadas en la administración de la subsistencia, en el desarrollo del subdesarrollo.

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