Ciudad de México, septiembre 27, 2020 10:43
Dinorah Pizano Osorio Opinión

La violencia de género digital

La violencia digital es solo una expresión más de la violencia sistemática y pandémica que vivimos en México, cuya huella tiene la particularidad de ser virtualmente imposible de borrar.

POR DINORAH PIZANO

Hace unos días se dio a conocer una videoconferencia que sostuvieron el Senador de Movimiento Ciudadano, Samuel García y su esposa Fernanda.

En dicha comunicación se dieron a conocer expresiones del Senador que indignaron a la opinión pública. En poco tiempo la redes sociales alcanzaron como trending topic el hashtag #YoEnseñoLoQueQuiero en abierta crítica a las palabras del político y a la violencia machista ejercida contra Mariana.

Si bien es cierto que se trataba de una comunicación privada entre esposa y esposo, a la que no tendríamos por qué haber tenido acceso, la realidad es que reveló un comportamiento no sólo nefasto y violatorio de los derechos de las mujeres, sino también muy común en las comunicaciones digitales.

Es imposible negar que vivimos en una sociedad altamente digitalizada y conectada. No olvidemos que en el mundo existen más teléfonos móviles que personas humanas y el uso de la redes sociales está activo en más del 60 % de ellos.

Precisamente debido a su particularidad, la redes sociales tienen características que pueden amplificar los efectos de la violencia sistemática y machista.

Cierto es que personas de todos los géneros han experimentado violencia y abuso en internet. Sin embargo, las que sufren las mujeres son normalmente de naturaleza sexista o misógino, plagadas de connotaciones sexuales e incluso que hacen referencia explícita al cuerpo de las víctimas.

Según el informe realizado por el colectivo Luchadoras, denominado “La violencia en línea contra las mujeres en México”, 9 millones de mujeres mayores de 12 años han sido víctimas de algún tipo de acoso por medios digitales.

Dicha violencia y comportamientos abusivos contra las mujeres en las redes sociales se manifiestan en forma de amenazas directas o indirectas de violencia física, sexual o emocional.

Se manifiestan además por medio de insultos dirigidos a uno o varios aspectos de su identidad como mujer, ya sea de carácter racista, homofóbico o acoso selectivo.

Se infligen también por medio del atentado contra la intimidad y la divulgación de datos privados que revelan la identidad de una persona con el fin de causar alarma o malestar con imágenes visuales o íntimas de una mujer, sin su consentimiento.

Según refieren Torres, Robles y Marco, ( pág. 148),  “el ciber acoso como forma de violencia de género implica: agresión psicológica, sostenida y repetida en el tiempo, contra su pareja o ex pareja de una mujer, utilizando para ello las nuevas tecnologías a través de plataformas o sistemas virtuales como el correo electrónico, sistemas de mensajería, WhatsApp, redes sociales, blogs o foros…, Siendo su objetivo la dominación, la discriminación, el abuso de la posición de poder e intromisión, sin consentimiento, y la vida privada de las víctimas…”

Tal amenaza de violencia simbólica victimiza a las mujeres al pretender convertirlas en el espectáculo de la cólera machista.

Ciertamente las redes sociales no hacen más que reflejar lo que sucede en nuestra sociedad. Si las redes son violentas, machistas, racistas, homófobicas  o plagadas de cualquier otro tipo de prejuicio discriminatorio, es porque son un reflejo de la violencia estructural en la que vivimos.

Las redes sociales no son  en sí mismas abusivas o violentas; las personas que las emplean sí lo son.  Pero ¿cuáles son las características que hacen que la violencia en forma de contenido vertido en la red, sea tan difícil de borrar y de dejar atrás para las víctimas?

En primer lugar, su propia naturaleza hace poco probable que las redes sociales actúen en concordancia con el  denominado derecho al olvido que significa borrar de los buscadores los contenidos que atenten o hayan atentado contra mujeres y/o niñas.

Por otro lado, la gratuidad del internet, su acceso universal, la diversidad de actos de acoso, el anonimato, la dificultad para rastrear los ataques, entre otros, son elementos que favorecen la impunidad del acto violento.

La violencia digital por tanto es solo una expresión más de la violencia sistemática y pandémica que vivimos en México, cuya huella tiene la particularidad de ser virtualmente imposible de borrar.

Por todo lo anterior, la posibilidad más alarmante que tenemos delante de nosotros es que este fenómeno comience a naturalizarse entre las mujeres jóvenes en nuestro país precisamente por la permisividad que ofrecen las redes sociales .

Y no sólo desde la perspectiva de una violencia ejercida a parejas, ex parejas,  o amistades, sino también a través de un ciberacoso proveniente de personas desconocidas que molestan a mujeres por el simple hecho de serlo.

En este mismo momento, se están distribuyendo mensajes falsos en el ciberespacio para atraer a mujeres hacia una futura agresión sexual, física o emocional, en manos de conocidos y desconocidos.

Todos estos elementos revelan la vulnerabilidad y los riesgos inminentes que implica esta forma de violencia de género que requieren con urgencia ser visibilizados, analizados y erradicados.

Debido a ello es urgente continuar organizando y acrecentando las redes de cuidado colectivo para promover la creación de espacios seguros para las mujeres y niñas.

Es menester a su vez,  analizar el fenómeno de cómo la relaciones desiguales por razón de género representan una violencia estructural en nuestro país que se reproduce en la redes sociales.

También es necesario persistir en la organización de talleres de autodefensa que ofrecen recursos y herramientas para aprender sobre seguridad digital, desde una perspectiva feminista.

Será menester además promover las nuevas masculinidades para erradicar la dominación de hombres sustentadas por el sistema patriarcal. Concientizar sobre el daño que generan las conductas tóxicas, harán mejores hombres y personas en general.

Entre las personas jóvenes, es muy importante difundir continuamente las conductas que representan la violencia de género digital como las que expresa la campaña de  pantallasamigas.net:

CAMPAÑA PARA IDENTIFICAR Y PREVENIR DIEZ FORMAS DE VIOLENCIA DE GÉNERO DIGITAL:

-Acosar o controlar a tu pareja usando el celular

-Interferir en relaciones de tu pareja en Internet con otras personas

-Espiar el celular de tu pareja

-Censurar fotos que tu pareja publica y comparte en redes sociales

-Controlar lo que hace tu pareja en las redes sociales

-Exigir a tu pareja que demuestre dónde está con su geolocalización

-Obligar a tu pareja a que te envíe imágenes íntimas

-Comprometer a tu pareja para que te facilite sus claves personales

-Obligar a tu pareja a que te muestre un chat con otra persona

-Mostrar enfado por no tener siempre una respuesta inmediata online

Seamos conscientes del daño que se causa por comunicaciones irresponsables. #YoEnseñoLoQueQuiero

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