Ciudad de México, julio 28, 2021 17:12
Opinión

Un fantasma recorre todo el mundo

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Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?

POR NANCY CASTRO

Un fantasma recorre todo el mundo: una nueva crisis en forma de pandemia global nos ha revuelto las tripas y nos ha puesto donde el capital quiere que estemos, sobre el papel ha cambiado todo menos el poder de las grandes empresas. Ellas nunca pierden.

Hace 168 años Marx, expresó en “El Capital”, nítidamente, la inestabilidad del sistema capitalista fracturando la base social:

“Los dueños del capital estimularán a la clase trabajadora para que compren más y más bienes de consumo, viviendas, tecnologías, haciéndoles deber cada vez más, hasta que su deuda se vuelva insoportable. La renuncia al pago de la deuda llevará a los bancos a la bancarrota, por lo que tendrán que ser nacionalizados y el Estado dirigir la economía”

Definitivamente de la teoría a la práctica hay un trecho.

Hemos sobrevivido como especie posiblemente a tres guerras mundiales. Retornamos poco a poco, de manera vulnerable, de esta última (COVID-19), en donde se puso en juego la salud de los habitantes del mundo por medio de un virus que afectó nuestro sistema inmunológico y mental; en un principio, esta crisis nos unió en un aplauso que la clase gobernante se encargó en destruir anteponiendo la economía al derecho universal de salud. Es cierto que los aspectos no resueltos del capitalismo llevan siempre a una nueva crisis.

Como resultado de la catastrófica pandemia por el virus, nos hemos descapitalizado en todos los aspectos: económico, emocional y físico. Nadie nos preparó para algo así.

En una catástrofe, los primeros en ser evacuados son los niños y los adultos mayores. En la actualidad, un alto porcentaje de mayores han muerto sin ninguna asistencia Ahora nos toca salvar a los niños.

Ante las cifras innumerables de muerte en todo el mundo a causa de la COVID-19, los más vulnerables serán siempre los niños. Si para un adulto la pérdida de un familiar supone un tránsito insostenible y doloroso, para un niño la pérdida de alguno de sus padres o los dos es una tragedia que requerirá de un esfuerzo titánico para salir adelante.

Aún no hay estadísticas sobre las cifras de orfandad en el mundo. Algunos países, los más afectados empiezan a establecer ayudas económicas, como Perú con la pensión de orfandad que se estima en 200 soles mensuales equivalente a mil 19 pesos mexicanos, 42.38 euros la cual se puso en funcionamiento a partir de abril de este año. En Ciudad de México el apoyo de beca” Leona Vicario”, estimulo económico a la orfandad de 832 pesos mensuales, equivalente a 34.46 euros activa desde este año, y el apoyo de beca “Benito Juárez” a la educación, de 800 pesos mensuales, es equivalente a 30 euros. De ésta aún no se tiene precisa la fecha de entrega.

En España la pensión mínima por orfandad es de 210 euros mensuales, equivalente a cinco mil 74 pesos mexicanos.

¿Cuánto ingresa un país al año en impuestos, cuánto se destina a una petrolera y cuánto se destina a mitigar el dolor de un niño que ha perdido a su padre o madre? Esa proporción nos hace ver lo despiadado del sistema.

¿Cómo enfrentar las reacciones traumáticas a nivel emocional que supone dicha pérdida?

Los adolescentes pierden el apetito, duermen todo el día, se enferman, lloran a escondidas, temen a la oscuridad.

Juan es un niño español Vivía en Madrid con su madre y sus hermanas. Estaba próximo a cumplir nueve años de edad cuando una mañana se levantó para ir al baño y vio a su madre en la cocina preparando el desayuno Fue la última vez que la vio con vida antes que la ambulancia viniera por ella a casa. Cuando se enteró del fallecimiento se culpaba porque pensaba que él pudo haber hecho algo más . Durante las primeras semanas, jugaba a conducir una ambulancia. A veces lloraba y preguntaba por qué se sentía tan triste.

Han pasado meses desde aquel trágico día que le cambió la vida para siempre. De su madre, habla poco o casi nada. La dibuja al lado de su cama cuidándole el sueño.

Vivir con el fantasma del padre o la madre sin haberlos superado, o matarlos como establece Freud en sentido metafórico, correspondiente a haber alcanzado la madurez, al liberarse un porcentaje de los patrones instaurados en la infancia( es el trabajo a realizar durante toda la vida) es decir momento en el que nos apartamos de la figura idílica de los padres y los vemos como son, con virtudes y defectos.

Toca aprender andar entre fantasmas, hasta superarlo, implorarlos hasta que un día dejemos de sentirlos, verlos, escucharlos y que dejen de aparecerse en sueños.

Hamlet vive apesadumbrado por el fantasma de su padre. Su soliloquio comienza con una frase fundamental que considera las opciones entre la vida y la muerte.

¡Ser o no ser, esa es la cuestión! ¿Cuál es más digna acción del ánimo, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darlas fin con atrevida resistencia?

Morir es dormir. ¿No más? ¿Y por un sueño, diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza?
Ante la opción de estar vivos toca cuestionarse: ¿Ser o no? La respuesta que encuentro es ¡Ser!

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