Ciudad de México, diciembre 9, 2021 01:55
Francisco Ortiz Pardo Opinión

UNAM: ¡Adelante, ‘4T’!

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Resulta más preocupante la defensa que hacen de la ofensiva presidencial universitarios orgánicos o académicos de otros lados, bajo el disimulo de argumentos cuando lo que hay es el tufo fascista del modelo exclusivo.

POR FRANCISCO ORTIZ PARDO

El problema con las críticas del presidente Andrés Manuel López Obrador a la UNAM no son las críticas en sí, sino que lo diga él. Cabeza de un gobierno que ha militarizado al país como no se conocía desde los tiempos postrevolucionarios en solo tres años y cuando se ha dedicado a estigmatizar a los que, por enarbolar otra verdad, no merecen su respeto.

La misma discusión, válida como todas las que tienen que ver con la vida nacional y el manejo de los recursos públicos, se habría tomado diferente si por ejemplo se hubiera gestado en el Congreso. De la misma forma en que convierte en empleados suyos a los legisladores de Morena en temas torales de su “Cuarta Transformación”, incluso los profundamente regresivos, en este caso pudo también echar mano en el arranque de su maquinaria parlamentaria.

¿Por qué no lo hizo? Por lo mismo que pienso que son equivocadas las conjeturas publicadas en columnas y comentarios de redes en el sentido de que el fin de esta ofensiva desde Palacio Nacional es tomar en sus manos el destino de la UNAM. No lo veo lejos, eso sí, de pretender imponer al siguiente rector(a), dada la importancia política que tiene la universidad sobre todo como brazo oculto de otros propósitos ideológicos. Como se solía decir antes, infiltrarla. Pero hasta ahí.

Alguien que sabe de estos temas, por estar cerca, me confió que para él se trataba de una “gran cortina de humo”. Me lo dejó como acertijo. ¿Cortina de humo de qué? Y me motivó esta reflexión: La estrategia (yo no veo un lapsus ni una improvisación) de torpedear al menos en el discurso la autonomía universitaria, tiene como objetivo reafirmar el pensamiento único que pasa prácticamente por todas las intervenciones y todas las acciones del Presidente: El concepto de país en el que se debe derrotar –y eso significa anularlos de la vida pública– a los “conservadores”, a “los de derecha”, a los “aspiracionistas”. La negación misma de la Universidad en su “universalidad” es la reafirmación del populismo nacionalista de pensamiento único, que justamente es contrario a la diversidad ideológica.

Y ahí es donde resulta más preocupante la defensa que hacen de la ofensiva presidencial incluso universitarios orgánicos o académicos de otros lados, bajo el disimulo de argumentos cuando lo que hay es el tufo fascista del modelo exclusivo.

No se trata pues, de que los “neoliberales” hayan tomado el control de la Universidad, sino de que ellos no tienen derecho a existir, repudiados por ese puritanismo gubernamental que paradójicamente exime de toda culpa a sus propios arrepentidos.

El otro punto es la intimidación a la crítica, hoy crucial contención frente a la regresión autoritaria. Se busca que los receptores se pregunten: Si así les fue a los de la UNAM ¿qué podremos esperar los disidentes de la UAM, el Poli, la Universidad de Querétaro o la de Puebla, la de Chihuahua o la de Yucatán, el centenar de universidades tecnológicas en todo el país y los institutos, estos últimos ya rasguñados por el caso de los 31 académicos acusados de delincuencia organizada? Para los emisores, una vez desactivada la crítica, habrá las “condiciones objetivas” para hacer la revolución.

Ya de pilón, esta jugada de tres bandas sacude la sensibilidad de los resentidos, que en este caso son todos aquellos chavales que fueron rechazados del ingreso al no aprobar el examen.

Este es el prefacio del autoritarismo que justifica lo que sea que haga la llamada 4T en el futuro cercano. O aún en algunos años más si resulta la táctica para enquistarse en el poder. Y si en una de esas hay que recortar los presupuestos a la educación superior pública y gratuita para repartir más lana entre los pobres, llegado el momento los seguidores del obradorismo dirán: ¡Adelante!

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