Ciudad de México, junio 7, 2026 13:07
Medios y Periodistas

Muere Alan Riding, el periodista que frustró el regreso de Scherer a Excélsior

Autor de Vecinos distantes y corresponsal de The New York Times, Alan Riding fue uno de los observadores extranjeros que mejor conocieron México

En 1976 dio a conocer al mundo el golpe contra Excélsior, al documentar desde Ciudad de México la expulsión de Julio Scherer García y denunciar las evidencias de intervención gubernamental.

Su muerte reavivó otra historia ligada al diario: la negociación impulsada por José López Portillo para devolver a Scherer a la dirección del periódico y que, según recordó Marco Levario Turcott, terminó frustrándose por una indiscreción del propio Riding.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

La muerte de Alan Riding, ocurrida en París a los 82 años, cerró la trayectoria de uno de los periodistas extranjeros que mejor comprendieron y explicaron México durante la segunda mitad del siglo XX. La noticia adquiere además un significado particular porque ocurre cuando está por cumplirse el cincuentenario de uno de los episodios más trascendentes en la historia de la prensa mexicana: el golpe contra Excélsior del 8 de julio de 1976, acontecimiento que Riding ayudó a documentar ante la opinión pública internacional.

Corresponsal de The Financial Times, The Economist y posteriormente jefe de la oficina de The New York Times en México, Riding dedicó más de una década a estudiar la realidad política, económica y cultural del país. Su nombre quedó asociado para siempre a Vecinos distantes (Distant Neighbors), publicado en 1984, un libro que continúa siendo una de las obras más citadas para comprender la compleja relación entre México y Estados Unidos.

En sus páginas describió a dos países unidos por una extensa frontera, pero separados por profundas diferencias históricas, culturales e institucionales. La obra fue ampliamente reconocida tanto en Estados Unidos como en México por su capacidad para explicar las contradicciones de una relación marcada simultáneamente por la cercanía geográfica y la distancia política y cultural.

Riding llegó a México en años particularmente intensos. Cubrió los últimos años del gobierno de Luis Echeverría, la administración de José López Portillo, la crisis económica de principios de los años ochenta y el auge petrolero que llevó al país a vivir uno de los periodos más contradictorios de su historia reciente. Su trabajo le permitió establecer contacto con políticos, diplomáticos, empresarios, académicos, escritores e intelectuales que protagonizaban la vida pública nacional.

Aquella cercanía con las élites políticas e intelectuales le permitió conocer episodios que nunca llegaron a ser plenamente conocidos por la opinión pública. Uno de ellos, recordado ahora tras su fallecimiento, estuvo a punto de modificar el rumbo del periodismo mexicano.

El periodista Marco Levario Turcott evocó en redes sociales una historia que durante décadas circuló en los ámbitos periodísticos e intelectuales del país.

“Muere Alan Riding, reportero de The New York Times. Una indiscreción suya provocó que se malograra la negociación que había entre López Portillo y Julio Scherer para que el periodista regresara a la dirección de Excélsior“, escribió.

Levario añadió un dato que ilustra la relevancia histórica de aquel episodio:

“El tema no es menor. Scherer fue expulsado del diario por la intervención del presidente y estuvo a punto de regresar por la intervención de otro presidente, en este caso, su primo Pepe. De las negociaciones fueron testigos Octavio Paz y Enrique Krauze”.

La historia remite inevitablemente al 8 de julio de 1976, fecha en que se consumó el llamado golpe a Excélsior, uno de los episodios más controvertidos en la historia de la libertad de prensa en México. Julio Scherer García dirigía entonces el periódico más influyente del país y había impulsado una línea editorial que ampliaba los espacios de crítica y análisis político. La confrontación con el gobierno de Luis Echeverría fue escalando hasta desembocar en una asamblea de la cooperativa del diario que terminó con su destitución y la de buena parte de su equipo.

Aunque formalmente la decisión fue adoptada por los cooperativistas, la mayoría de los testimonios históricos coincide en señalar que el gobierno federal desempeñó un papel decisivo en la operación. La salida de Scherer provocó la renuncia de decenas de periodistas y colaboradores, marcando una ruptura que transformó para siempre el panorama mediático nacional.

De aquella crisis surgiría meses después Proceso, publicación fundada por Scherer y un amplio grupo de periodistas que decidieron continuar su trabajo fuera de Excélsior. Con el tiempo, la revista se convertiría en uno de los principales referentes del periodismo crítico e independiente en México.

La relación de Alan Riding con la historia de Excélsior fue mucho más profunda. De hecho, fue uno de los periodistas que contribuyeron a que el golpe contra el periódico trascendiera las fronteras mexicanas y adquiriera relevancia internacional.

Dos días después de la expulsión de Scherer, The New York Times publicó una crónica firmada por Riding desde Ciudad de México bajo el título Paper in Mexico Ends Liberal Tone. En ella describió cómo la línea liberal e independiente del diario había sido sustituida por una orientación conservadora tras la destitución de Scherer y la salida voluntaria con él de 200 integrantes de su equipo.

La valoración del corresponsal británico fue contundente. Riding escribió que la expulsión de Scherer “equivale al silenciamiento de la opinión independiente en México”, pues Excélsior constituía entonces “el único foro para el análisis serio de los problemas del país y para la crítica al desempeño del gobierno”. Para un observador extranjero que seguía de cerca la vida política mexicana, la crisis no podía interpretarse como un simple conflicto interno dentro de la cooperativa periodística.

El periodista también consignó la renuncia de Octavio Paz a la dirección de Plural en protesta por la salida de Scherer y advirtió que probablemente desaparecerían de las páginas del periódico muchos de los intelectuales y comentaristas políticos que durante años habían convertido a Excélsior en un espacio excepcional dentro del panorama mediático mexicano.

Más aún, Riding escribió que las evidencias de la participación gubernamental en la operación resultaban abrumadoras. Recordó la campaña de propaganda desplegada durante meses contra el periódico, la ocupación de propiedades de la cooperativa por grupos afines al oficialismo y las presiones políticas que acompañaron la crisis. Incluso señaló que diversos funcionarios expresaban en privado su preocupación por la desaparición del único diario que aportaba vida, interés y debate al periodismo nacional.

Aquella crónica tuvo una amplia repercusión internacional porque ayudó a desmontar la versión oficial de que se trataba exclusivamente de un conflicto administrativo dentro de la cooperativa. Para numerosos observadores extranjeros, la cobertura de Riding confirmó que estaban frente a uno de los episodios más graves de presión política contra un medio de comunicación en el México contemporáneo.

Por ello resulta particularmente llamativo que el mismo periodista que ayudó a dar a conocer al mundo el golpe contra Excélsior terminara involucrado en otro episodio decisivo para la historia del periódico.

Tiempo después de la expulsión de Scherer comenzaron conversaciones orientadas a explorar la posibilidad de su regreso a la dirección de Excélsior. Las negociaciones se desarrollaron durante el gobierno de José López Portillo y poseían una enorme carga simbólica y política. La paradoja histórica era notable: Scherer había sido expulsado durante el sexenio de Luis Echeverría y ahora la posibilidad de su retorno surgía gracias a la intervención de otro presidente de la República, José López Portillo, quien además era primo del propio periodista.

Un eventual regreso habría representado mucho más que un simple cambio de director. Habría significado una rectificación histórica de uno de los episodios más polémicos de la relación entre el poder político y la prensa mexicana. También habría alterado el destino de dos de los proyectos periodísticos más importantes del país.

Según recordó Marco Levario Turcott, de aquellas negociaciones fueron testigos el poeta Octavio Paz y el historiador Enrique Krauze, lo que permite dimensionar la importancia que se atribuía a la operación. No se trataba únicamente del futuro de un periódico, sino de una posible reconciliación entre Scherer y el diario que había dirigido hasta su expulsión.

Las conversaciones, sin embargo, dependían en gran medida de la discreción con la que se estaban conduciendo. De acuerdo con el relato recuperado por Levario, Alan Riding divulgó la existencia de las negociaciones antes de que éstas concluyeran, haciendo pública una operación que requería reserva para prosperar. La información comenzó a circular entre distintos actores políticos y periodísticos, surgieron resistencias dentro y fuera del periódico y el margen de maniobra terminó por reducirse hasta volver inviable el acuerdo.

La negociación fracasó y Scherer nunca regresó a Excélsior.

La paradoja histórica es difícil de ignorar. Alan Riding contribuyó primero a documentar ante el mundo la caída de Scherer y, según la versión recordada ahora por Marco Levario Turcott, también participó involuntariamente en el episodio que impidió su regreso. Pocos periodistas pueden afirmar que estuvieron vinculados a dos momentos tan decisivos en la historia de un mismo periódico.

Nacido en Brasil en 1943, hijo de diplomáticos británicos, Riding estudió en la Universidad de Cambridge y desarrolló una carrera periodística que lo llevó a cubrir algunos de los acontecimientos más importantes de América Latina y Europa durante la segunda mitad del siglo XX. Su formación cosmopolita y su conocimiento de varios idiomas le permitieron construir una mirada particularmente amplia sobre las sociedades que observó como corresponsal.

Después de su etapa latinoamericana continuó su carrera en Europa, donde escribió sobre política, historia y cultura para The New York Times. Con el paso de los años amplió su trabajo hacia la crítica cultural y publicó libros sobre historia y vida intelectual europea, entre ellos And the Show Went On: Cultural Life in Nazi-Occupied Paris, una investigación ampliamente reconocida sobre la actividad cultural francesa durante la ocupación alemana.

Sin embargo, ninguna de sus obras alcanzó la influencia de Vecinos distantes. Cuatro décadas después de su publicación, el libro continúa siendo lectura obligada para periodistas, diplomáticos, académicos y estudiantes interesados en comprender la compleja relación entre México y Estados Unidos. Su capacidad para explicar las contradicciones mexicanas sin recurrir a estereotipos ni simplificaciones convirtió la obra en un clásico contemporáneo.

Hasta prácticamente el final de su vida, Riding continuó reflexionando sobre México. En una entrevista concedida a Proceso el año pasado, con motivo de los 40 años de Vecinos distantes, sostuvo que el país seguía enfrentando muchos de los dilemas que había identificado décadas atrás. Consideraba que la crisis económica de 1982 había roto el pacto implícito que durante años mantuvo el PRI con las clases medias y observaba en el presente ecos de viejas formas de concentración política del poder.

También analizaba con interés el momento político abierto tras la llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia. Aunque reconocía diferencias de estilo con Andrés Manuel López Obrador, se preguntaba si lograría construir una ruta propia dentro de Morena.

En aquella conversación con el reportero Rodrigo Hernández recurrió a una vieja metáfora del sistema político priista al recordar que los presidentes solían “matar políticamente” a sus antecesores para consolidar su autoridad. “No creo que Claudia pueda hacerlo”, dijo entonces, al tiempo que advertía sobre la fragmentación interna de Morena y la debilidad de la oposición. Fiel a su oficio, cerró aquella entrevista con una reflexión cargada de ironía cuando se le preguntó cómo sería México dentro de medio siglo: “Predecir las cosas es muy peligroso. Los periodistas nos equivocamos bastante y, pese a eso, seguimos escribiendo”.

A diferencia de muchos corresponsales extranjeros que observaron México de manera episódica, Riding dedicó años a recorrer el país, conversar con sus protagonistas y estudiar los procesos históricos que explicaban su presente. Esa combinación de rigor periodístico, curiosidad intelectual y capacidad narrativa le permitió construir una obra que trascendió la coyuntura y sigue siendo consultada décadas después.

La coincidencia histórica resulta notable. A unas semanas de que se cumplan 50 años del golpe a Excélsior, desaparece uno de los periodistas que contribuyeron a documentarlo ante el mundo.

Los libros, reportajes y ensayos de Alan Riding permanecen como testimonio de una época y de una forma de ejercer el periodismo basada en la observación paciente, el conocimiento profundo de los contextos y la convicción de que comprender un país exige mucho más que narrar sus acontecimientos.

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