Ciudad de México, julio 10, 2026 19:24
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Desmoches ponen en riesgo al arbolado de Benito Juárez

La caída de una jacaranda histórica de 200 años en la colonia Del Valle Centro evidencia la urgencia de detener las prácticas de desmoche y la falta de supervisión técnica en la alcaldía.

Movimiento advierte que el emblemático Laureano corre un riesgo inminente tras ser mutilado por intereses inmobiliarios y la falta de protección de las autoridades ambientales.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

La falta de mantenimiento y la permisividad frente a podas excesivas realizadas por empresas de telecomunicaciones, de televisión por cable o por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) están provocando el deterioro del arbolado urbano en la alcaldía Benito Juárez y favoreciendo la caída de ejemplares monumentales durante la temporada de lluvias.

Tal es el caso de la jacaranda que se desplomó durante el aguacero de la noche del miércoles en la esquina de Porfirio Díaz y Rafael Alducin, en la colonia Del Valle Centro.

El ejemplar, de unos 20 metros de altura y cuya antigüedad se calcula en 200 años, sucumbió tras años de soportar intervenciones que, de acuerdo con especialistas en arboricultura, alteran el equilibrio natural de los árboles y comprometen su estabilidad.

Precisamente en Tlacoquemécatl del Valle surgió el movimiento ciudadano #SalvemosALaureano.

Diana Sansores, coordinadora de acciones ambientales de dicho colectivo, denuncia que la caída de esta jacaranda es el fundamento por el cual se exige el cese inmediato de los desmoches en Laureano, además de un adecuado mantenimiento del arbolado urbano por parte de la alcaldía. “Nos tratan como si exagerásemos hasta que estas cosas ocurren. Si algo le pasa a Laureano, ya de poco servirá decir que se los dijimos”, sentencia. “Hemos expresado a los funcionarios de Sedema nuestra inconformidad; ellos se comprometieron a establecer un diálogo permanente para que no se realice ninguna intervención sin nuestro conocimiento. Esperamos que cumplan, pues no solo avalaron esas podas sino que retiraron la manta en la que exigimos que se construya un parque adyacente a Laureano”.

Sansores asegura que trabajadores de la CFE encargados de podas le han confiado que no cuentan con ningún conocimiento acerca del tratamiento del arbolado, sino que se limitan a liberar los cables para prevenir cortos. Efectivamente, decenas de laureales y otras especies se observan literalmente mutilados en toda la demarcación juarense.

La preocupación vecinal es máxima: hace justamente 15 días, la Sedema avaló un nuevo desmoche de Laureano por parte de la CFE. La dependencia ha argumentado que las podas se realizan con base en lo ordenado en el Plan de Manejo de Laureano, considerado Patrimonio Cultural de Ciudad de México.

Sin embargo, las evidencias fotográficas demuestran que el árbol ya presenta un boquete del lado derecho; esto significa que no solo se alteró la singular belleza de su copa, sino que se le dejó más peso del lado izquierdo, comprometiendo gravemente su estabilidad.

Además, según ha sustentado Libre en el Sur con un dictamen de la alcaldía Benito Juárez, la raíz de Laureano fue mutilada por trabajadores contratados por los dueños del predio contiguo, donde se pretende levantar un edificio para diez viviendas de lujo: todo un símbolo del desarrollismo depredador.

Para los integrantes del movimiento, la pérdida de árboles expuestos al desequilibrio que provocan los inmisericordes desmoches para liberar cableado ocurre ante la indolencia de las autoridades, que simplemente llevan la estadística de los ejemplares caídos y retiran los restos una vez consumado el desastre.

Mientras tanto, muchos otros ejemplares continúan secándose por podas indiscriminadas, plagas y otros intereses vinculados a la infraestructura urbana o de los desarrolladores inmobiliarios, sin recibir la atención preventiva necesaria.

Vecinos consultados consideran que el problema rebasa la atención de las emergencias. A su juicio, mientras las autoridades reaccionan con rapidez para retirar troncos y liberar las vialidades después de cada tormenta, sigue sin existir una estrategia efectiva para proteger el patrimonio ambiental mediante podas técnicas, tratamientos fitosanitarios y vigilancia sobre las intervenciones de terceros.

La desaparición de un árbol monumental no es solo un daño al paisaje urbano, sino la pérdida irreparable de un activo ambiental que tardó décadas en desarrollarse.

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