Ciudad de México, octubre 1, 2026 09:49
Revista Digital Octubre 2026

El periodista escritor

“El libro tiene música, lugares para caminar y conocer, intriga política, pero sobre todo es una novela, parafraseando al autor, para los que hubieran querido quedarse y también para los que se quedaron”.

POR IVONNE MELGAR

Escribir diariamente notas, guiones, escaletas, entrevistas, ediciones de planas, crónicas, artículos, ensayos, hace del oficio periodístico un pepenar cotidiano de palabras. Y en esa rutina, quien lo ejerce, ambiciona lo imposible y lo sublime: dominar esas palabras, manosearlas, ponerlas a bailar, hacer maromas, pretender que digan todo lo que pretendíamos comunicar. Y blasfemar, incluso, si es necesario.

Vivimos esa emoción de tomar la máquina, o el celular si se deja, y teclear sin piedad. Sentir que podemos decir de corrido lo que ese día atestiguamos.

Francisco Ortiz Pardo lo ha conseguido desde hace varios años al trasladar ese látigo de domador de las letras a la introspección de la vida comunitaria, registrando en sus pequeñas odiseas la metamorfosis de los trayectos colectivos; al explicar el porqué de los temas de los relatos de Libre en el sur, el portal de información periodística de proximidad del que, además, es un excelente editor.

Gran cronista de los acontecimientos de la ciudad, sus impactos nacionales y lo que consideramos el mundo, Paco ha experimentado ahora el tránsito, el camino, podríamos acaso llamarle salto, hacia la narración literaria. Es un acto, que me parece siempre asombroso, heroico y digno de celebrarse; el acto de pasar de la inmediatez del periodismo, que se nos evapora diariamente, a la literatura y su natural aspiración a la permanencia.

AMOR, MIEDO Y SILENCIO

Y en ello estamos hoy aquí.  Celebrando que Francisco logra con su novela, Honrar nuestro amor, conmovernos, movernos, vernos. Sí, que nos veamos a nosotros mismos.

Conmovernos con la historia que construye en 206 páginas. Movernos frente a los personajes, identificándonos con ellos, comprendiéndolos o acaso cuestionándolos. Y vernos, porque la conversación de amor, miedo y silencios que nos ofrece inescapablemente lleva a preguntarnos cómo hemos cargado con esa ecuación. ¿La hemos padecido? ¿Callándonos o justamente hablando y poniéndole nombre al miedo?

Como lectora que disfruta de los universos que cada novela emprende y las preguntas abiertas que nos dejan, encontré en ésta la duda persistente: ¿qué son los silencios en la vida de los que se aman? Lo que Honrar nuestro amor nos revela con observaciones microscópicamente descritas es que las estaciones del amor encuentran en el silencio un síntoma de esplendor en el deseo resuelto, de duda en la rutina y de fatal ruptura en el desfase de lo que significan las palabras.

Al disfrutar y padecer esta novela, encontrarán una camaleónica definición del amor, conforme avanza la trama. Es una recurrencia que amerita varios subrayados. Pero al revisar los míos, me topo con que la mayoría tienen que ver con la triada: amor, miedo y silencio.

Permítanme entonces leer en voz alta tres citas que ilustran esta tensión:

“Siempre pensé que los amores felices son ruidosos: carcajadas en restaurantes, pasos acelerados para alcanzar el beso en el semáforo, conversaciones que se enciman. Pero lo nuestro, cuando fue feliz, sonaba a ala. Esa vibración leve que uno solo escucha cuando se queda quieto”.

Otra cita: “Nos habíamos enamorado como se enamoran quienes ya vivieron demasiado: con miedo a perder lo único que se siente verdad”.

Y mi favorita: “El miedo también es amor que no se sabe dónde poner”.

HISTORIAS DE PANDEMIA

Hay un miedo que todos sufrimos y del que esta novela da cuenta, convirtiéndose en una integrante del pasillo de la literatura del confinamiento.  

En Honrar nuestro amor, el periodista escritor retrata esos días de pandemia que pusieron a prueba el sistema inmunológico de los individuos.  Pero todos sabemos que también el de nuestros vínculos. Perdimos y fortalecimos amistades; mutamos en la manera de trabajar y descubrimos cómo era el amor conyugal, filial y el amor propio en el encierro.

En contraste, y es relevante este detalle, la pareja se había decantado como tal en un viaje: ciudades españolas y portuguesas son paisaje, historia, trasfondo de fotos y biografías. Y la oportunidad para el despliegue emocionante del escritor, quien nutre el cuento amoroso con una envidiable ruta de viaje.

No quiero adelantarme a la lectura que cada uno digerirá a su modo y menos dar información clave sobre el nudo de la trama, contándoles lo que sucede cuando el narrador y la protagonista, Araida, entran a la convivencia del día a día, esa que, como el COVID, también pone a prueba las defensas emocionales, culturales, íntimas que las personas tenemos para fusionarnos con la vida del otro.

Dejo a cada lector despejar la interrogante que, por cierto, me regaló mi amado esposo, Martín Beltrán, aquí con nosotros, cuando terminó de leer la novela, e intercambiamos lo que habíamos encontrado en sus páginas. ¿Fue un amor pandémico, sólo posible por el obligado confinamiento? ¿O fue el encierro el que asfixió la libertad del amor clandestino, destinado a ser fugaz, y por lo tanto ajeno a la nunca sublime vida doméstica?

Son preguntas que importan porque este thriller psicológico, como Paco ha bautizado su novela, nos remite al cuestionamiento que Sándor Márai se hace en la Mujer justa. Y aquí también agradezco a la queridísima Andrea Ramírez, lectora voraz, el subrayado que me compartió de que Honrar nuestro amor le había hecho resonancia con el thriller del escritor húngaro. ¿Hay posibilidades para la pasión en el convenio conyugal? ¿Puede un vínculo sobrevivir al rictus de rechazo que, de reojo, descubrimos cuando un asunto que nos unía deja de tener el mismo sentido?

Aquí otra cita del autor: “Entonces comprendí que la felicidad, cuando ha sido clandestina tanto tiempo, también teme a la luz”.

La escrupulosa narrativa del autor, comparable al de los orfebres en modalidad filigrana, sobre todo cuando se trata de situaciones que podríamos considerar triviales, incluye escenas pandémicas que ilustran cómo la interacción de una pareja puede pulsarse hasta en el cómo cada uno concluye la sesión de yoga. Él concentrado, ella con la prisa de quien huye de ese momento.

PODER Y OBEDIENCIA EMOCIONAL

Honrar nuestro amor se incorpora desde ya también a la literatura del COVID porque uno de sus personajes nos evoca a los días en que México tuvo un vocero oficial que nos explicaba que se hacía para mitigar la pandemia y se daba el lujo de no usar cubrebocas o de justificar por qué el jefe de Estado podía prescindir de él.

Más allá de los detalles de un protagonista de la política ficción mexicana, la novela desata un binomio crucial como elemento de la tensión amorosa de la pareja y sus circunstancias: el binomio del poder y la obediencia emocional.

Es importante decir que el autor se hace cargo de una posición política frente a la vida privada, asumiendo una masculinidad que se vulnera ante el desamor y el duelo. Es también el amante de su ciudad que no esconde la coexistencia de la belleza histórica y la marginalidad, esa que Araida descubre cuando conoce el Metro.

 El narrador se hace cargo además de un país que se polariza, y del antes y del después de ese tiempo mexicano que termina sin duda atravesando a la pareja, haciendo incluso palpable la fractura frente al discurso oficial que explica, oculta y justifica los resultados en la conducción sanitaria del contagio.

Pero hay algo más en esta recreación de un episodio conocido y en el que cada lector recordará de qué lado estuvo. El libro contiene una aportación muy valiosa para quienes nos dedicamos al registro de la vida pública y a la cobertura de sus escenarios: la aproximación a los modos de hacer política desde una supuesta superioridad moral que hace del compromiso social un estatus.

Punto polémico de esta novela, sin duda, como toda literatura que desnuda la génesis cultural y familiar de protagonistas que se atribuyen la condición de salvadores de un pueblo con el que, sin embargo, por ejemplo, jamás han compartido la salsa picante.

Se trata de descendientes de republicanos que crecieron escuchando la consigna de que ser de izquierda era sinónimo de ser decente y analizando al país como un paciente crónico.

La contención, el miedo a la libertad de no coincidir con los mandatos del linaje y el silencio como distancia son expresiones de un código del poder del que Ortiz Pardo nos ofrece diálogos, viñetas y confesiones. Aquí una donde el narrador se rinde a la realidad.

“Yo sabía que esa llamada traía consigo lo que el poder siempre exige: obediencia emocional”.

Y ésta: “Adentro, el silencio venía de algo más: la certeza de que amar, en nuestro caso, tendría consecuencias”.

Hay otras estrofas secas, sin romanticismo.

“Cuando las discusiones crecieron, Huberto respondió con el mismo método con que enfrentaba los diagnósticos: más autoridad, menos escucha”.

El libro tiene música, lugares para caminar y conocer, intriga política, pero sobre todo es una novela, parafraseando al autor, para los que hubieran querido quedarse y también para los que se quedaron.

Un placer y un privilegio, queridísimo Francisco, leerte, estar aquí, celebrando la paz de quien ha escalado con arnés las palabras y nos permite volar con ellas en un parapente. Porque cuando lleguen al final del libro sabrán que arnés y parapente son dos términos, dos metáforas, dos espejos en los que nos quedamos mirándonos, interrogándonos, cómo hemos honrado nosotros el amor.


Ivonne Melgar. Periodista multimedia y cronista política. Fue reportera de unomásuno y Reforma y desde 2006 trabaja para Grupo Imagen. Ha cubierto la Presidencia y el Congreso y durante 38 años ha seguido la participación de las mujeres en la vida pública. Es autora de la columna Retrovisor, publicada en Excélsior desde hace 20 años, y del podcast Retrovisor Digital. Publica en Libre en el Sur y es fundadora de Mujeres Más. Es autora de Xingona (Penguin Random House, 2024).

Honrar nuestro amor, aquí.

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