Ciudad de México, octubre 1, 2026 09:40
Revista Digital Octubre 2026

La completitud

“La novela de Ortiz Pardo, en clave de invisible cartografía amorosa, es finalmente la novela de un hombre pleno que se ha atrevido a mostrarse vulnerable ante el mundanal mundo”

POR XIMENA SÁNCHEZ ECHENIQUE

Uno

Francisco Ortiz Pardo -periodista, poeta insomne, cronista de la ciudad- se desdobla en esta su ópera prima, Honrar nuestro amor, una novela autobiográfica acerca de un una mujer y un hombre nacidos en los setentas en la Ciudad de México que durante cerca de cuatro años se atreven a romper los mandatos y las convenciones sociales. Honrar nuestro amor es una geografía del deseo estructurada en tres capítulos: El pacto de las jacarandas, Amor pandémico y La condena del paraíso. Sus páginas relatan la relación de esta pareja de amantes que desde el 2019 hasta el 2023 se atreven a ser el uno para el otro como dos adolescentes, ajenos a la presión externa, mientras perciben cómo el mundo se despliega ante ellos como si por primera vez; recorrido corpóreo tanto del amado como de su amada, así como de los lugares donde se amaron: el parque Tlacoquemécatl, la colonia Guerrero, el metro Zapata, Tlalpan, una cabaña en Huasca, el barrio de Salamanca en Madrid. Si el novelista turco, ganador del Nobel, Orhan Pamuk recurrió a la imaginación para inventar su Museo de la Inocencia, este O.P. -orgulloso heterónimo de Octavio Paz- recurre a esa libreta mental donde guarda sus ciudades para describirnos los pormenores de su idilio y, al narrarlos cronológicamente, mutarlos en poesía.

Novela de tierno lirismo que responde a la misma necesidad que los primeros poemas escritos en una lengua romance -el mozárabe, mezcla de español y árabe- brotados de un corazón herido: ¡Tanto amare, tanto amare, habib, tanto amare! ¡Enfermaron olios nidos e dolen tan male! Salvo que aquella mujer hispano-musulmana que, según los estudiosos, compuso los primeros versos de nuestra lengua -las jarchas-, es aquí un hombre hispano-mexicano que ha debido pactar consigo mismo una tregua al dolor -y volverse novelista- para sanar de amores.

Dos

¿Pues si en vez del silencio, fuera el diálogo la liturgia, casi liturgia, que los seres humanos debemos celebrar cotidianamente para aprendernos a amar? Palabras de ida y vuelta, palabras largamente sostenidas como besos, palabras refugio dentro de las cuales seamos capaces de ponernos en palabras; palabras con las que contarnos el uno al otro -palabras con las cuales narrarle a nuestro amado, a nuestra amada- la propia historia. Conversación -incómoda a veces, pero siempre fructífera- entre dos adultos que al fin se atreven a iluminar su sombra: ahí, donde decidimos quedarnos, contra toda duda y contra todo miedo, para continuar el diálogo. Tristemente para el narrador, aunque felizmente para el lector (ya que, de haber continuado la conversación entre sus protagonistas, no habría habido novela), el silencio de ella -primero pequeño grieta cotidiana- termina por fracturar su relación.

Resulta que Araida, hija de inmigrantes españoles, ha crecido en un mundo donde lo correcto es callar. La propia voz, los propios deseos, las propias emociones, los propios proyectos, la propia historia: todo debe ser condicionado por la vara del racionalismo dentro de un sistema que burocratiza hasta lo doméstico. Ahí donde la identidad de Araida debe no ser dicha e incluso la de su amante que, acaso en un gesto solidario, carece de nombre propio, coexiste la realidad del México actual (“nuestra frágil patria”, en palabras del narrador) protagonizada por médicos renombrados, artistas famosos, académicos de carrera y políticos oportunistas; “arena del espectáculo” donde la vida sucede para llenar los encabezados de los periódicos lejos del territorio amoroso, universo ortizpardiano, pleno de pasión, placer, libertad, ternura y belleza.

En un núcleo familiar donde los sentimientos deben ordenarse como objetos, “ornamentación superflua”, para ser debidamente medidos, etiquetados y clasificados (pues la única fuente válida de conocimiento es la razón), ¿acaso es posible amar? Y aquí, vale la pena, extendernos en la siguiente cita que describe quirúrgicamente el silencio lapidario de Araida; es decir, su incapacidad para comunicarle a su amante lo que la incómoda de él (cuando él, animal herido, alza su voz durante su última discusión): “Su padre, con su sentido de corrección, creía que la moral servía para mantener el orden del mundo, sin entender que el alma no se ordena, se conmueve.”

Hijos de exiliados españoles, Aralia y su amante han heredado la nostalgia de sus ancestros por el terruño: cómplices de un posible futuro compartido. Salvo que, mientras que, para ella, la salvación republicana está en la huida; para él, el encuentro consigo mismo está en la escritura de este libro, hecho “de tinta y de insomnio” que transforma la memoria en hogar.

Tres

Al novelar su historia con “la mano de un escritor”, el protagonista de Honrar nuestro amor opta por situarse en “la orilla de la existencia”; “no para recuperarla, sino parar recuperar mi verdad”, como dice él. (“En esa quietud, pensé que lo que más me conmovía no era verla, sino sostener la distancia. Ese modo de estar cerca y al mismo tiempo un paso atrás, como si el amor también necesitara un borde desde donde completarse”.)

Es decir: la novela como borde desde donde uno es capaz de contemplar el amor; la escritura como espacio-tiempo donde uno puede contarse su verdad, sanar emocionalmente y abrir su mundo interior. Y así, en vez de esa “novela que íbamos a escribir juntos”, nuestro narrador escribe un libro-homenaje hacia su amada cumpliendo así con la promesa que le hizo de leerla, cuando comenzó su relación, para alegrarse por haberla amado plenamente y dejar atrás el dolor.

Sí, todos debemos ser capaces de honrar nuestro amor –que tiene múltiples formas y múltiples destinatarios– comenzando por el amor a uno mismo y por nuestra capacidad de recobrarnos; amor en tanto que entrega, entregarnos a los demás en actos y en palabras, más allá del aquí y del ahora.

La novela de Ortiz Pardo, en clave de invisible cartografía amorosa, es finalmente la novela de un hombre pleno que se ha atrevido a mostrarse vulnerable ante el mundanal mundo; de un hombre sin armaduras que ha decidido integrarse, a través de la palabra escrita, para dejar de adolecerse y florecer: hombre luz, hombre-jacaranda, hombre-paraíso.

La escritura, hogar sin fisuras, es hoy en Ortiz Pardo un estrenarse a cada instante y un mostrarse tal cual se es desde la totalidad.


Ximena Sánchez Echenique. Licenciada en Letras Hispánicas y maestra en Literatura Latinoamericana por la UNAM. Ha publicado las novelas Sobre todas las cosas, ganadora del Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano 2003, El ombligo del dragón y Por cielo, mar y tierra, estas últimas bajo el sello Tusquets. También es autora de libros infantiles. En 2015 fue seleccionada para México20 por Juan Villoro, Cristina Rivera Garza y Guadalupe Nettel, como una de las 20 promesas de la literatura mexicana contemporánea.

Honrar nuestro amor, aquí.

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