SALDOS Y NOVEDADES/ Día de vivos
Foto: especial.
POR GERARDO GALARZA
…y al llegar la mañana, no me di cuenta/de que ya nunca estabas/ Enrique Urquijo y Los Secretos
Paco Ortiz Pinchetti y este escribidor perdimos a nuestras parejas en un lapso de 31 días: Becky falleció el 10 de febrero y mi Sonia Elizabet, el 13 de marzo siguiente, en el 2022. Entonces, nos dijimos lo que nos pudimos decir.
El lunes 8 de agosto de ese año, Paco y yo nos reencontramos y comimos en un restaurante de la Colonia del Valle, el Humberto’s. Debió haber sido antes, pero entre abril y junio tuve dos intervenciones quirúrgicas de emergencia, si no provocadas, por lo menos agravadas, por mi duelo no resuelto (que, hoy sé, apenas empezaba).
Paco habló sobre Becky; yo, sobre Sonia. Hacía menos de dos años que habíamos comido juntos los cuatro en nuestra casa de Apaseo el Grande, Guanajuato, aunque Libre en el Sur y el teléfono nos mantenían, nos mantienen, comunicados.
Imaginen la plática entre dos periodistas prácticamente retirados (por lo menos del trajín reporteril), solteros, porque legalmente el estado civil de viudo no existe, dizque haciendo planes como si tuviéramos 20 años. No, no es para llorar. En serio.
Hablamos de todo lo que nos ocurrió y se nos ocurrió. Y llegamos al momento de comentar como resolver lo que todos llaman el duelo.
Y vino el buen consejo del buen Paco, siempre certero: “Escribe, hace bien; no resuelve todo, pero hace bien. Inténtalo”. Y agregó con su socarronería de siempre: “Bueno, dicen que sirve. A mí me ha servido, bueno más o menos”.
Y no, no tenía ganas. Creo que estaba muy encabronado con Dios, con la muerte, con Sonia, con los médicos, con la vida.
Semanas más tarde, me senté a escribir. No sabía en que iba a terminar el “experimento”. Comencé una especie de “diario” o “memorias”, que todos los días crecía y todos los días disminuía. A veces, el pudor se impone.
Creí que sería fácil. Los reporteros estamos acostumbrados a llenar “cuartillas”, bueno cuando el periodismo se hacía en máquinas de escribir y en papel “revolución”, pero muchas veces la pantalla de la computadora se quedaba en blanco. La página en blanco, para los que saben, es lo mismo en el teclado mecánico que en el electrónico.
Pronto me di cuenta de que ese “diario” era una cursilería, pero lo seguí escribiendo; era ya una necesidad.
Ante el 2 de noviembre del 2022 me surgió la necesidad de poner un Altar de Muertos por y para Sonia, nuestros abuelos, mis padres, mis suegros y demás muertos personales. Sonia lo encabezó. Ese altar quedó “todo cucho”, según lo describí en Facebook, donde establecí también que para nosotros, para mí y para Sonia y para nuestra hija mayor, el 2 de noviembre no es el Día de Muertos, aunque lo sea, sino un Día de Vivos y de nuestra felicidad común. Un 2 de noviembre Sonia y yo supimos que estábamos, por decirlo así, amarrados y otro 2 de noviembre nació nuestra Claudia Beatriz.
Agregué ese texto al diario y luego vino Navidad y Año Nuevo. Escribí, creo que también como terapia, una carta a mis hijas Claudia Beatriz y Diana Paulina, pero no me atreví a entregárselas. Creí que el 2022 ya había sido un año suficientemente peor como para recordarlo por escrito… como si se pudiera olvidar.
El calendario, la agenda traían los días pasados, que no idos, al “diario”. Escribí, borré, reescribí durante casi cuatro años. Al final quedaron 82 “cuartillas”, que me ilusione entregaría a quienes están citados ahí, porque se escribe para que nos lean o, como dijera García Márquez, para que nos quieran los amigos.
Hasta hoy sólo he entregado cuatro ejemplares: a mis dos hijas, a mi hermana Paloma y a Raquel Peguero, compañera-hermana de Sonia en la vida personal y en el periodismo. Sé que ahora deberé entregar más “ejemplares”, sin ninguna reticencia, sino tal vez con un poco o mucho de pena. Todos me comprenderán, confío.
Pero, escribir no acaba con el duelo. Lo mantiene. Sí es un desahogo momentáneo, que acaba cuando regresan los recuerdos, las imágenes mentales y las fotografías, los objetos, los olores, las canciones, los libros, los amigos, que inevitablemente conducen, traen, muestran a quien supuestamente se ha ido… porque no queremos que se vaya, aunque ya no esté.
Así, cada mes, cada día 10, Paco Ortiz Pinchetti nos recuerda y nos pide un recuerdo y oraciones por Becky, y este escribidor cada mes, cada día 13, enciende una veladora, durante todo el día, frente a la fotografía de su Sonia Elizabet Morales, reportera ella. Y cada que puede –por lo menos una vez a la semana– va a su cripta y reza una o dos oraciones, aunque a veces sean inventadas…
Sé que Paco y yo continuaremos con nuestro propio ritual los días 10 y 13 de cada mes. Sé, creo, confío, deseo que Becky y mi Sonia tampoco nos olvidarán y no lo podrán hacer porque, estén donde estén, están vivas.
…eso queremos, eso soñamos, eso sabemos.

















