Ciudad de México, julio 3, 2026 10:03
Alcaldía Benito Juárez Tradiciones

Actipan celebra este fin de semana a su santo patrono entre torres de concreto

Castillos pirotécnicos, feria y misa reúnen cada año a vecinos en una tradición que se remonta a siglos

La pequeña Capilla de Santo Tomás de Aquino mantiene viva la memoria del antiguo pueblo originario en medio de la Del Valle.

STAFF / LIBRE EN EL SUR

En medio de una de las zonas más densamente urbanizadas de la alcaldía Benito Juárez —rodeada por centros comerciales, avenidas saturadas y edificios de departamentos— sobrevive un pequeño rincón de historia. Este fin de semana, el antiguo pueblo de Actipan celebrará su fiesta patronal en honor a Santo Tomás de Aquino, una tradición que cada año transforma por unos días las calles de este barrio en un espacio de convivencia comunitaria.

El corazón de la celebración es la Capilla de Santo Tomás de Aquino, ubicada en la calle Elefante, un templo pequeño que resiste entre grandes edificaciones y complejos comerciales como el cercano centro comercial Galerías Insurgentes. Aunque hoy el entorno es plenamente urbano, la capilla sigue siendo el último vestigio tangible del antiguo pueblo originario que dio nombre a esta zona de la ciudad.

Durante los días cercanos al 8 de marzo, fecha en que se conmemora al santo patrono del barrio, el atrio y las calles aledañas se llenan de papel picado, puestos de comida, juegos mecánicos y música. La fiesta incluye misas solemnes, procesiones, actividades culturales y la tradicional quema de castillos de fuegos pirotécnicos, que cada año congregan tanto a vecinos antiguos como a nuevos habitantes de la zona.

La tradición tiene raíces profundas. Actipan fue originalmente un asentamiento indígena cuyo nombre proviene del náhuatl y significa “sobre el agua”, una referencia al paisaje lacustre que dominaba el Valle de México antes de la urbanización moderna. Historiadores consideran que el lugar pudo estar habitado desde épocas muy antiguas e incluso remontarse a asentamientos previos vinculados con la región de Teotihuacán.

Con la colonización española, el pueblo quedó integrado a la jurisdicción de Coyoacán junto con otros asentamientos cercanos como Atoyac y Mixcoac. Durante siglos fue una pequeña comunidad agrícola asentada cerca de ríos y acequias, un entorno que favorecía la agricultura pero que también lo hacía vulnerable a las inundaciones.

La capilla que hoy se conserva fue durante mucho tiempo la iglesia principal del pueblo. Aunque ha sido modificada en diferentes momentos, mantiene su estructura de una sola nave, su campanario de dos cuerpos y un pequeño atrio que funciona como jardín y punto de reunión para los vecinos.

El antiguo pueblo comenzó a transformarse hacia finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la expansión urbana de la ciudad y las reformas administrativas lo integraron a Mixcoac y posteriormente al crecimiento de colonias como Del Valle. Para 1910 las tierras comunales y ranchos habían sido subdivididos, iniciando el proceso que convertiría a Actipan en el barrio urbano que hoy conocemos.

A pesar de ese cambio radical en el paisaje, la fiesta patronal ha sobrevivido como uno de los últimos lazos con el pasado del lugar. Cada año, vecinos organizados y mayordomías mantienen la tradición que honra al santo patrono del barrio, una celebración que recuerda que, mucho antes de los centros comerciales y las torres de departamentos, Actipan fue un pequeño pueblo asentado literalmente sobre el agua.

Por unos días, entre cohetes, música y olor a antojitos, la antigua comunidad vuelve a aparecer. Y la pequeña capilla —casi escondida entre edificios— recuerda que la historia de la ciudad aún respira en estos fragmentos de barrio que se resisten a desaparecer.

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